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Estado y mercado

Por Pilar Cáceres

Con la explosión de los problemas económicos y la crisis de gran calado que afecta al sistema, se han suscitado muchos comentarios y reflexiones, sobre dos elementos en debate: el mercado y el Estado, en el sentido de encontrar las respuestas solucionadoras a la recesión presente que está haciendo temblar muchas estructuras morales, sociales, políticas e ideológicas.

Llama la atención que quienes sostienen con mayor virulencia la defensa del mercado libre, sin control del Estado, son aquellos que han puesto las manos para recuperar la liquidez perdida en especulaciones  salvajes.

En ocasiones, algunos autores contraponen ambos elementos y acaban optando por uno u otro. Es decir, hay quien considera que se debe dejar que el mercado reconstruya este desaguisado y quien otorga al Estado la misión salvadora, precisamente en la línea de control y regulación del libre albedrío de la oferta y la demanda.

Llama la atención que quienes sostienen con mayor virulencia la defensa del mercado libre, sin control del Estado, son aquellos que han puesto las manos para recuperar la liquidez perdida en especulaciones  salvajes.

El tema, quizá contenga la complejidad de ambos términos, su génesis y sus transformaciones a lo largo de los siglos. Ni el Estado, como lo entendemos hoy en día, ni la economía basada en el mercado libre de la oferta y la demanda, han existido siempre.

Tienen por tanto su origen y desarrollo en el transcurso de la historia. Es conveniente repasar, aun brevemente, ambas realidades sociales y políticas.

El origen histórico de la forma de organización política de la sociedad como un Estado moderno coincide con los grandes cambios económicos, políticos, geográficos y culturales que en el mundo, y esencialmente en la Europa occidental, se producen a lo largo del siglo XV.

Cuando se define al Estado en el derecho político como la  organización de una comunidad nacional establecida en un territorio, que se atribuye un poder soberano, y que actúa por medio de normas jurídicas disponiendo del monopolio de la violencia legítima, se acepta la tesis de la presencia de gobernantes y gobernados.

Pero en esa dinámica de la historia, en el contexto de la revolución científico – técnica,  no sólo el mercado ha sufrido cambios significativos con respecto a sus orígenes, también el Estado.

Aparecen las agrupaciones supra estatales, la llamada globalización condiciona la vida económica de los Estados y los limitan sobremanera a la hora de poder intervenir con plena soberanía en los cambios estructurales que puedan producir algún modelo alternativo al orden mundialmente asentado.

Ahora bien, la consideración de que el territorio es el espacio que limita la vigencia del orden jurídico del Estado también se ha visto lesionada por la cesión de soberanía a comunidades superiores, en esa dinámica internacionalizadora de la economía de libre mercado.

A pesar de ello, aquellos guardan enormes posibilidades de contestación a esta crisis internacional. Si la economía se ha internacionalizado hasta límites peligrosos para los pueblos, los Estados, por el contrario, han permanecido, aun bajo esta influencia, asociados a sus elementos genéticos: el nacional, el territorial y el poder soberano, los componentes generales constitutivos de la realidad estatal.

Ahora bien, la consideración de que el territorio es el espacio que limita la vigencia del orden jurídico del Estado también se ha visto lesionada por la cesión de soberanía a comunidades superiores, en esa tendencia internacionalizadora de la economía de libre mercado.

Si algo se observa en la historia es que las contradicciones sociales producen cambios. Y en nuestro presente también sucede esta inercia.

En el momento histórico que vivimos, quedan en entredicho los modelos de crecimiento basados en la más pura receta capitalista, provocando decisiones novedosas en los Estados, que tienden incluso a la nacionalización de sectores económicos, como el financiero, otrora intocables.

No es el llamado “libre mercado”, por sí mismo, el que guarda la solución al desempleo, a las enormes diferencias sociales, al colapso financiero…; porque su naturaleza subjetiva es la plusvalía, el beneficio rápido y cuantioso, a costa de lo que sea. Su organización no contempla coherencias con el reparto de riquezas; sus principios están solidificados a pruebas de valores  de provecho colectivo.

El Estado, sin embargo, a pesar de su carácter dependiente, como instrumento de poder, a los sectores sociales dominantes de otras épocas, produce cambios, tímidos, rompiendo las limitaciones inherentes a su origen natural, que parecían eternas, echando mano de la soberanía cedida para hallar soluciones nacionales.

La economía de mercado, como la entendemos hoy, está en evidente decadencia y sufrirá cambios significativos que darán paso a un nuevo modelo. El Estado, también, más si los pueblos colocan en él a opciones políticas de orientación anti capitalista.

El debate, entonces, lo veo en la perspectiva de la recolocación que la historia, en su movimiento permanente, otorgará a ambos. De ahí que considere la cuestión en la dimensión Estado y Mercado y no, como he leído, Estado o Mercado.

No son realidades contrapuestas o alternativas, el sistema necesita del instrumento para su perpetuidad y la alternativa al mismo para producir los cambios que, sin duda, asoman ya su advenimiento.

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