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Sí se puede

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Creado por Lucas León.

¡Esta cárcel, estos hierros

en que España está metida!

Sólo esperar la salida

me causa dolor tan fiero,

que muero porque no muero¡

Teresa de Jesús.

 

El país está sumergido-casi ahogado- en la más completa miseria. Económica, política, gubernamental, judicial, sanitaria, educativa y moral. Nunca tan pocos hicieron tanto daño a tantos. Han expoliado y saqueado al país y a sus habitantes, y, reunidos en oligarquía delictiva, han arrimado para su buche.

Cuando millones de ciudadanos sufren un paro irresoluble, cuando todos están fritos a impuestos y recortes de servicios y derechos, una camarilla reducida lleva años “llevándoselo calentito”. Una connivencia atroz de políticos de aluvión, constructores, delincuentes empresariales y empresarios delincuentes.

Los cuatro últimos tesoreros del partido que gobierna son multimillonarios y tres de ellos están imputados en delitos de corrupción. A uno se le descubre, hoy, una cuenta con 22 millones en Suiza, y pasado mañana, otras de no se sabe cuánto en Colombia y Argentina, al ministro de Hacienda se le cuela ayer el chorizo por el portillo entreabierto de la amnistía, que diseñó a la medida de una grey de defraudadores, y hoy, hasta 19 imputados más en una trama de delito y soborno- casualmente, todos del mismo partido- que acuden, solícitos a blanquear el invento.

Es el mayor escándalo moral de la inmoral Historia de España. Han destrozado el país y se lo han repartido en sobres. Y detrás de ellos están la mayor cohorte de ladrones, en forma de obras y contratas, que se conoce.

Es de vergüenza ajena ver comparecer al llamado presidente del país detrás de una pantalla de plasma para mal defender a su camada, o como la “tolerancia cero” contra la corrupción se convierte en una mayoría parlamentaria que impide un debate en el lugar oportuno o la creación de una comisión investigadora.

Son cosas hasta triviales, ¿cómo puede una ministra que ha viajado por medio mundo a gastos y regalos pagados por una trama de delincuentes, imponer una reforma sanitaria, que aparte de copago o repago de medicamentos, desmantela y privatiza en beneficio de empresas amigas la atención hospitalaria de un país?

Hay un mensaje paralelo y subliminal, añadido al expolio. Crear la convicción de que no se puede hacer nada. Que hay que tragar con la corrupción y con el delito porque es inevitable.

Y hay que rebelarse contra esto. Se puede. Se puede erradicar y desinfectar a este país de esta epidemia de mangantes. No todos los políticos son iguales. Son ladrones los que lo son y los vamos conociendo.

Pero no nos sirve este sistema, estas leyes electorales, esta justicia y hasta esta democracia.

Pero en la voluntad de los ciudadanos, en su rechazo moral y cívico, está el embrión para cambiar las cosas. Se puede.

Han hecho el propósito de expoliarnos hasta duplicar su propia realidad, pero una respuesta contundente del colectivo, incluso utilizando su propia lógica electorera los puede mandar a ese lugar infecto desde el que ahora nos aromatizan a todos. Se puede. 

 

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1 Comment on Sí se puede

  1. Néstor Estebenz Nogal // febrero 8, 2013 en 4:15 pm // Responder

    En la clásica escuela de psicología conductista se demostró como se refuerzan las conductas: todo premio de un comportamiento dado lo refuerza independientemente de si es bueno o malo para los demás. Esa ley primordial queda comprobada por la sociología que estudia el particular delito de la corrupción y de las corruptelas o gestiones poco claras que la favorecen. En tanto que el sistema no es capaz de depurar oportunamente a corruptos y encubridores lo que está haciendo aunque no sea de una forma intencional y directa es corroborarlos, reforzarlos, recatapultarlos para que vayan a más, no solo para que se cuantifiquen como ese particular sector de unos pocos que se aprovechan de los muchos sino que ellos mismos repitan en “sus labores”.
    Hay corruptos descubiertos pero no despachados que tras ellos hay la friolera de años de dedicación a sus tejemanejes para lucrarse.
    La judicatura declara que no tiene competencias suficientes para perseguirla (¿de verdad?) y un mismo cargo se lo van pasando de unos a otros para seguir exprimiendo las ubres de la vaca social.
    Cuando se despierta la caja de los truenos unas docenas de imputados quedan enlistados como tales a sabiendas que se abren procesos muy largos por no decir interminables. Eso tiene una segunda lectura: solo hay un proceso no terminado con muchas cabezas de turco que van trasteando la situación sin acabar de una manera definitiva y ese proceso empezó hace muchos años. De las zarpas de la judicatura se salvan, de los más fraudulentos, quienes están mejor relacionados con el poder mientras que los que roban “hogazas de pan” dan con sus huesos en las cárceles.
    Tras un historial de mezquindades nadie ha pedido perdón a la sociedad por robarla, por no hablar de otros crímenes a sangre y fuego. La oligarquía financiera se ha convertido en sinónimo de delincuencia y la cúpula del partido de poder en otro tanto. No se descarta la posibilidad que se puedan tener colegas de partido o de asociación durante décadas sin enterarse de sus verdaderas aficiones al dinero y a estafar a los demás, pero de ser cierto que hay socios inocentes estos demuestran ser sumamente estúpidos con lo cual si no es por delito directo flagrante, su expulsión del escenario político lo debería ser por ineptitud.
    Toda conducta lesiva, que se mantiene en stand by (en el umbral de la alegalidad) queda inmediatamente reforzada por el sistema si no es explícitamente impugnada. Sucede que hay comportamientos que siguen teniendo el visto bueno de las instituciones por mucho que sea el repudio social. Es necesario cambiar conductas y reforzar los protagonismos con otros parámetros conceptuales.
    Todo el daño que están ocasionando los individuos tramposos que se forran a costa de la confianza de los demás es un daño que se incrementa considerablemente cuando el sistema no tiene o no acelera sus formas de depurarlo o acaba archivando casos ya que cada uno de ellos es potencialmente peligroso para otros elementos de la cúpula dirigente del país.
    Restaurar la confianza social y política de toda una sociedad ya no se conseguirá aunque hubiera un par o tres de macrojuicios espectaculares que terminaran por castigar debidamente a los culpables (lo de colgarlos por los pulgares y atarles un peso de 5 kilos a sus escrotos es una idea, pero se puede acudir a los manuales de la extinta inquisición donde se encontrarán opciones mucho mas interesantes, evidentemente nuestro humanismo pacifista nos impide ir mas allá que la sugerencia para quienes tengan menos de pacifistas). Posiblemente se necesitará una generación larga para olvidar y superar el trauma del descrédito de los dirigentes (que no llamaremos líderes porque no dan la talla) pero hay que rebobinar un poco y recordar que la política ya estaba desacreditada en la década de los 60 y para otros lo estaba desde el interludio de las dos guerras mundiales y si tiramos del hilo encontraremos que hay objeciones a la política y a sus oficiantes desde el siglo anterior, y si seguimos tirando del hilo, los políticos están desacreditados de la antigüedad documentada.
    El problema de ese descrédito de los políticos es que por culpa de los expertos en robar a socios y extraños todos los demás que hacen de la política su pasión sociológica para cambiar las cosas de la realidad también pagan por aquellos.
    De la poca gente que está en cargos de poder (tanto en la empresa privada como en las instituciones públicas) paradójicamente los más honestos y sin tacha y los grupos que no presentan fraude en sus historiales son los menos votados. La sociedad electorera tiene lo que busca y consecuentemente se merece, profesionales de la traición.
    Dejada la catarsis de la rabia en este punto y para no reforzar el sentimiento generalizado de la impotencia revolucionaria o alternativa en poder hacer algo hay un par de puntos en los que se puede seguir insistiendo hasta convertirlos en campañas de movilización:
    1. que se decrete el cargo político como transitorio y rotatorio y además compatible con la profesión que se tenga.
    2. que nadie pueda utilizar su cargo para lucro personal y que los emolumentos dedicados a los cargos políticos no superen los promedios asalariados.
    Las medidas antilucro personal se establecerán con una ley de transparencia operativa y un estatuto de medidas de compatibilidad de la dedicación a la cosa publica y dedicación a la cosa particular imposibilitará la deriva del profesional de ella a constituirse en un ataque a la misma política y a la sociedad.
    El aluvión de gente mala es directamente proporcional a la desidia de las instituciones y a las luchas empobrecidas de la sociedad reivindicativa. Si los que sacan dinero a mansalva dejaran de tener seguidores y adeptos, que a cambio de favores subscriben el pacto de la omertá, pasarían al descrédito y al oprobio. A cualquiera de ellos se la suda que se le diga que es un ladrón por los millones acumulados.

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