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Espionaje: Las miradas de fulgor extraño

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Por Joel Hernández Santiago.

Al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, le cayeron con las manos en la masa. De pronto como que no daba crédito que uno de sus espías dijera que desde su gobierno estaban espiando a millones de seres humanos que navegan procelosos por Internet y solitarios por las redes sociales y en las que, de forma incauta, apuntan sus vidas y sus obras.

Edward Snowden es un joven de 29 años que trabajaba subcontratado para la CIA. Su tarea era la de llevar a cabo espionaje informático a través de la empresa Booz Allen Hamilton, contratada por el gobierno de Estados Unidos y al que facturó, tan sólo el año pasado, 1,300 millones de dólares ‘por asistencia en misiones de inteligencia’.

Pero a Snowden le entró una crisis de conciencia y decidió decir al periódico británico The Guardian lo que ocurría y, naturalmente, ocurrió uno de los más grandes escándalos del gobierno del señor Obama. De inmediato comenzó a operar ahí un ‘control de crisis’ para el que él mismo tuvo que participar tanto en su país como hace apenas unos días en la reunión del G-8, llevado a cabo en Reino Unido.

Espiar es una tarea cotidiana en todos los gobiernos de todos los países. Es histórico y los ciudadanos lo entienden como algo que es y para lo que no dicen mucho…

Pero el espionaje adquiere diferentes modalidades, artilugios e intereses. Todo depende de quién y cómo lo hagan o para qué; ya gobierno o particulares.

Existe un gran número de empresas que se dedican a hacerlo. Antaño se conocían como “investigadores privados”, sin embargo, aunque algunos de estos aun existen, cada día es más frecuente que se conviertan en empresas que ofrecen este tipo de servicios. En Estados Unidos, se sabe que facturan millones de dólares por hacer este ‘trabajo’ para gobierno o para privados.

Los gobiernos, sin consultar, casi en secreto, aprueban el espionaje y lo hacen legal. Con esto avalan este ejercicio. Y cuando se les cae en la movida argumentan que lo hacen para resguardar la seguridad nacional o la paz social y que, por tanto, están haciendo obra de gobierno.

En México lo hay. De hecho es una de las tareas del CISEN. El problema que se argumentó no hace mucho, es que esta instancia de gobierno espiaba en beneficio de gobierno y no en beneficio nacional. Hay gobiernos de los estados que hacen espionaje. Todos reiteran que es por razones de Estado.

Pero el problema no está en si se espía por razones de seguridad nacional; lo hay cuando se espía y se irrumpe en la vida privada de los demás. Y esto es un delito, azul o rojo o amarillo.

Snowden lo deja claro: “Hoy (se puede)… interceptar prácticamente todo y capturar la inmensa mayoría de las comunicaciones humanas de manera automática y sin seleccionar los objetivos. Si, por ejemplo, yo quiero ver sus correos electrónicos o el teléfono de su mujer, lo único que necesito es usar métodos de interceptación, que me permiten obtener correos, contraseñas, historiales de teléfono, datos de tarjetas de crédito… Podemos intervenir computadores y, en cuanto uno entra en la red, identificar desde qué computadora entra. Una persona nunca está a salvo, por más que se proteja”

Así que, en cada conexión a Internet y a las diferentes redes sociales, hay esas ‘miradas de fulgor extraño’ que nos miran, que nos cuantifican, que nos califican, que nos identifican, que nos marcan y nos señalan. Puede haber control de nuestros celulares, mensajes sms, fax, correos electrónicos…Todo se sabe. Todo lo saben. ¿Para qué?

En México existen empresas privadas que ostensiblemente venden tanto servicios como aparatos para interceptar llamadas o grabar imágenes o conversaciones. Hay de todo. Aparecen sus anuncios están en Internet. Cosa de rascarle. Ofrecen servicios y productos… Y mucha gente los adquiere aquí, y los utiliza. Graban llamadas telefónicas. Graban conversaciones. Filman hechos. Todos nuestros movimientos e intensidades corrosivas son registrados. ¿Para bien? ¿Para mal?

A través de los medios de comunicación conocemos el contenido de llamadas telefónicas comprometedoras en lo políticos o de administración pública. Hay imágenes que registran el secreto de actos deplorables. ¿Se acuerdan de aquellas en las que el señor Bejarano recibía dinero del empresario argentino Carlos Ahumada?… ¿O las llamadas del ex gobernador de Puebla Mario Marín y Kamel Nacif? 

O como cuando Layda Sansores descubrió un centro de intervenciones telefónicas en Campeche, o cuando el entonces gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, denunció la grabación y difusión de audios en los que presuntamente ofrecía dinero a candidatos del PRI para impulsar sus campañas; o las llamadas particulares entre José Córdoba Montoya y Marcela Rosaura Bodenstedt…

Los gobiernos, naturalmente, tienen equipo mucho más sofisticado. De hecho parte del equipo que EUA ha entregado al gobierno mexicano está formado por equipo de espionaje ‘para vigilar asuntos de narcotráfico y ‘nuestra’ seguridad’. ¿Será?

Pero hay que dirimir cuándo este espionaje debe estar vigilado y controlado para garantizar que se hace a favor de nuestra seguridad nacional y nuestra integridad como país. Lo demás es obsceno, grotesco, criminal y violatorio de los derechos humanos y la vida íntima; y merece la sanción que corresponda en ley. ¿Quién se hace cargo? 

 

jhsantiago@prodigy.net.mx

Twitter: @joelhsantiago 

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1 Comment on Espionaje: Las miradas de fulgor extraño

  1. Rostilav Sergueyev // junio 28, 2013 en 11:57 pm // Responder

    Me dan ganas de quitar mi facebook, espían hasta las llamadas de celular. Excelente nota.

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