Anuncios

¡Indio! ¡Yope! ¡Naco! ¡Prieto!

NIO_1_~1

Creado por Joel Hernández Santiago

Todos, o casi todos, lo vimos. Por lo menos sí en México. Ocurrió el martes 23 de julio en la Zona Luz de Villahermosa. Un empleado de gobierno de nombre Juan Diego López Jiménez está de pie; es un hombre fuerte que detiene con una mano la canasta que contiene los dulces. Es de un niño de diez años. Es de origen Tzotzil.

El niño vende sus dulces en la calle para ganar algunos centavos. Es pobre. Se ve muy pobre. El hombre aquel le ha exigido que vacíe la canasta. Que tire los dulces al suelo. Que muestre el fondo del recipiente para ver si aun hay cigarros escondidos… El hombre sostiene con la mano izquierda tres cajetillas que ha decidido quedarse para él…

El niño llora en silencio y, al mismo tiempo, vacía con sus dos manitas su mercancía humilde. Poco a poco la desgrana en el piso de la esquina de Juárez y Lerdo, en el centro de la capital del estado de Tabasco. Sus dulces están en el suelo ya. El hombre que está acompañado por otras dos personas le suelta la canasta con desprecio. El niño la detiene y la deposita en el suelo…

…Por su tristeza, su indignación, su impotencia y su coraje de niño de diez años no consigue más que encogerse, ponerse en cuclillas y asumir una posición fetal para llorar como lloran los mexicanos más tristes de todo el mundo: sus manitas deteniendo su cabeza y oculta su rostro: está inconsolable… Es un niño como cualquiera otro en este mismo momento y en cualquier lugar: aunque le asestemos el ‘indígena’, acaso para distinguirlo y hacerlo distinguido.

Llora porque está sólo en un mundo de solitarios y ha sido humillado y maltratado por un ‘inspector adscrito a la Zona Luz de Villahermosa’ de nombre Juan Diego López Jiménez… Si: Tiene diez años. Estudia el tercer año de primaria en el Paraje Romerillo, de San Juan Chamula, en Chiapas: en donde nació.

Un camarógrafo de la televisión local grabó lo ocurrido y esa misma tarde en las redes sociales apareció la imagen criminal de un hombre que era funcionario público y que tiene un sentido particular del amor humano: frente a un niño. …

Esto nos permitió ser testigos de un caso más humillación, de desprecio, de racismo y abuso de autoridad en México. Uno más de los miles de casos que ocurren cada día en un país que se enorgullece de su origen indígena en los días festivos pero que rechaza al indigenismo mexicano en lo cotidiano…

Somos un país de racistas. Nos despreciamos como sin pensarlo. Pero, sobre todo, se desprecia a lo indígena porque somos indígenas. “¡Indio!” es un insulto que está en la punta de la lengua cuando se expresa así y aquí, en México. Se le asesta a otros para menospreciarlos, para humillarlos, para mostrarles una diferencia que el agresor considera evidente, aunque por sus venas corra casi siempre sangre mestiza o de origen.

Lo grave del asunto es que hoy, cualquiera puede insultar a un indígena en México y sentirse satisfecho porque “él –o ella- ya no es indígena”, ya está en un estatus en el que puede mirar al resto con esa mirada superaquilina, aunque sus rasgos evidencien que su origen es tan directo como el del mismísimo agraviado. “¡Indio!”, “¡Naco!”, “¡Prieto!”, “¡Pelos parados!”, “¡Mugroso!”… “Feo-primitivo y sin cepillar”…: sobran los epítetos.

El sombrío racismo está en nuestro ambiente. En el aire que respiramos. En cada paso y a cada paso. Pero no nos gusta que nos digan racistas, porque lo somos.

Entre la clase media mexicana o con aspiraciones a serlo, urbana o rural, se tiene cuidado de que el matrimonio sea, preferentemente, con alguien igual: “de la misma clase, o mejor: para que mejore la raza” –aunque no se tenga ni clase ni pedigrí-. Hay racismo en restaurantes en donde dueño o mesero, del mismo origen, ven con desprecio a ese que le recuerda su propio origen.

Hay racismo en ‘los antros’ en los que ‘los cadeneros’ deciden el ingreso de hombres y mujeres blancos y de caminar distinguido, aunque no tengan para pagar la cuenta, pero no a morenos o con rasgos indígenas o vestimenta que no huele a palacio: “¡fuchi!”. Hay racismo en los negocios. Lo hay en las escuelas y en los ámbitos laborales, e, incluso, entre pares alrededor de una mesa en donde uno desahoga su minusvalía para asestar a otros el “¿ya viste cómo estás de prieto?”…

Somos de tal grado racistas que se tuvo que crear un Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) aunque realmente no se nota cómo se previene y sí se nota cómo ocurre; hay en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos una sección en la que atienden los múltiples casos de racismo, xenofobia y aparentes diferencias así calificadas por diferentes.

En el México del siglo XXI, tan dados a sentirnos en los umbrales de la modernidad y el desahogo, ocurren día a día casos como el del niño tzotzil y el hombre ese que dice que es hombre porque agravia a un niño de diez años.

Pero el mal es cultural. El mal es producto de la falta de educación, de sentido de la justicia, del sentido de la igualdad y del respeto a los demás. Algo que antaño, hace ya mucho, se llamaba civismo y que ya no hay.

Un país de 118 millones de mexicanos, con 9 millones de indígenas en todo el país se merece respeto, y está obligado al respeto. Es un asunto de responsabilidad de gobierno. Y es un tema de responsabilidad colectiva y de justicia social: la misma justicia que exigimos a cada momento y que no otorgamos cuando miramos a otro alguien desde la cresta movible de nuestras aspiraciones.

Por lo pronto, el tal funcionario público-inspector en la Zona Luz de Villahermosa fue cesado y el niño… bueno, el niño quizá siga vendiendo chicles y dulces.

jhsantiago@prodigy.net.mx Twitter: @joelhsantiago

Anuncios
About el comunista (64090 Articles)
Síguenos en Twitter @elcomunistanet Síguenos en Facebook grupo: el comunista prensa roja mundo hispano Nuestro e mail: elcomunistaprensa@yahoo.com

2 Trackbacks / Pingbacks

  1. ¡Indio! ¡Yope! ¡Naco! ¡Prieto!
  2. ¡Indio! ¡Yope! ¡Naco! ¡Prieto! | Grace To You

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: