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La necesidad de sumar

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Este aciago año para la ciudadanía española va concluyendo. Pero la legislatura recién acaba de llegar a su ecuador. Dos años de gobierno del Partido Popular con las vidas de millones de españoles/as pendiendo de un hilo. El bienestar, una mínima estabilidad, son horizontes quiméricos. Lejanísimos: en apenas cuatro años se ha derrumbado la cobertura social de un país que se jactaba despreocupadamente, y hasta hace dos días, de un modo de vida ilimitado, desenfrenado, de una robusta economía.

El “blouf” económico conllevó recortes; los recortes se aplicaron cebándose en los servicios y derechos de las clases medias y trabajadoras: empobreciendo a la gran mayoría; las reglas del juego han sido modificadas, han cambiado radicalmente: los derechos laborales, por ejemplo, son objeto de deseo, casi se han extinguido; sobre las rentas del trabajo se carga el esfuerzo impositivo del país; en cambio, las rentas del capital siguen aumentando, siguen viéndose beneficiadas, crecen sus beneficios y márgenes, y apenas se resienten.

El gran capital ha doblado hoy su presencia en la economía española. Autónomos, pequeñas y medianas empresas, y trabajadores, deambulan en un escenario de perpetuo sin vivir económico.

En esa macabra hoja de ruta, la reforma de las pensiones ocupa un lugar central: el actual Gobierno quiere descapitalizar el actual sistema de prestaciones por pensión e instaurar un sistema mixto en el que convivan pensiones públicas y complementarias, o sea, fondos privados de pensiones.

Es el otoño social y económico más prolongado de la democracia española; al que se suma una crisis política e institucional sin precedentes; la deslegitimación más clara de nuestro sistema, desde el inicio del mismo, con un Gobierno falto de credibilidad, consumidos los dos grandes pilares del bipartidismo por una corrupción ósea, estructural, y el partido en el Gobierno refugiado en la trinchera inexpugnable de la propaganda, el dogmatismo retrógrado y el tufo populista de sus proclamas y medidas.

La Casa Real también hace aguas, y no será su caída o revisión consecuencia del abnegado entreguismo de la democracia española a su causa: es su anacrónico funcionamiento, lo injusto de su figura y el símbolo de la desigualdad y de la casta que suponen. El debate republicano es más acuciante que nunca toda vez que esta forma contrademocrática de Estado que es la Monarquía parlamentaria española, está además sospechosamente cerca, turbiamente involucrada, en asuntos poco claros.

Para que las calles no exploten, además, el nuevo Código Penal o las normas como las de seguridad ciudadana, amordazarán la poca capacidad de respuesta que la indignación provoca en la ciudadanía. Volvemos a un estado pre-democrático, donde se penaliza la protesta social, se criminaliza la pobreza y hasta se ceba la Ley con los enfermos mentales, mientras se permite la evasión de capitales, se prima fiscalmente el dinero negro, no se es contundente con la corrupción.

Por su parte, la sociedad catalana vira, quiere respirar, y parece que se inclina por abrir la dudosa ventana del soberanismo: no es aire nuevo, está viciado; es el aire consumido de la desesperanza, ante la inacción de los partidos, las instituciones, el resto de protagonistas federales.

Ante la estrategia bipolar del “y tú más” en la que andan instalados los dos grandes partidos, la izquierda y su principal formación política, Izquierda Unida, se mueve lentamente: las encuestas soplan a favor, su voz se oye en nuevos espacios, pero la necesidad de transformación en lo interno, y de apertura política y social en lo externo, no terminan de concretarse.

En ese contexto las encuestas apuntan a la abstención como fuerza mayoritaria: el bipartidismo sufre un considerable desgaste pero no se focaliza de forma contundente la indignación y el sufrimiento económico de la sociedad.

Una sociedad cada vez más indignada, también se ha convertido, ahora, en una sociedad cada vez más frustrada, y la extrema derecha aparece como posible bastión aglutinador de tanta rabia contenida. Si en Europa se consolida esa pavorosa opción, en España acecha desde un horizonte cada vez más cercano y popular.

España ha cambiado; ha sido transfigurada. La sociedad sufre, clama soluciones, y la política no sabe aportarlas con la celeridad y efectividad adecuadas. Nada volverá a ser lo mismo, pero algunos actores, entre ellos los partidos políticos en sus dinámicas caducas, siguen comportándose de la misma anquilosada manera: vender programas que no se cumplen; hablar de democracia participativa y no modificar leyes electorales; proclamar la redistribución de la riqueza y no gravar determinadas rentas, no innovar impositivamente.

Las únicas luces vienen precisamente de las movilizaciones sociales, a pesar de que este Gobierno las criminaliza y las quiere apagar, movilizaciones que, como las mareas ciudadanas, han ayudado a abrir debates públicos y convertir en clamor social el rechazo a los recortes en educación, han conseguido paralizar la privatización de la sanidad madrileña o informar sobre el desmantelamiento de muchos otros servicios sociales, avocados a la desaparición o venta al mejor postor.

Y si esas son las luces, el camino lo marcan acciones comprometidas como la de los trabajadores y trabajadoras de la limpieza de Madrid, que han sabido mantener el pulso ante un ataque directo contra sus condiciones de vida. Ante esa fortaleza, la respuesta autoritaria no es más que un signo de debilidad de un sistema que tiembla ante la contestación y la movilización sociales.

Ante este horizonte, Izquierda Abierta reivindica así su mayor apuesta política: la urgencia de generar una opción posible, de poder, en la que confluyan la izquierda social y la política, y que se configure con nuevos métodos, nuevas herramientas, que incluyan la participación de la ciudadanía.

Un frente amplio, un bloque político y social, una suma de voluntades, personas, organizaciones, partidos, con un proyecto de izquierdas, pero cuyas respuestas concretas, acción cotidiana y nítido discurso (en la forma y en el contenido), lleguen a más sectores en sus soluciones sencillas, sinceras y transformadoras, en su pedagogía; un frente amplio cuya suma, multiplique, y no sólo añada.

Pero también tiene claro Izquierda Abierta que es necesario convertir la movilización y las mareas en una ola que además sea política, de regeneración y debate sobre nuestro modelo de Estado, sobre la necesidad de cambiar nuestro modelo económico, sobre la aspiración de conseguir una sociedad más justa e igualitaria. Y esa ola debe ser inmediata, debe elevarse lo antes posible, como la ansiada recuperación económica.

Para ello, es necesario que afrontemos las elecciones europeas del próximo año, un ciclo que ya está abierto, como inicio del vuelco que tendrá que culminar en las próximas elecciones generales de 2016 con el derrocamiento democrático del Gobierno ultracapitalista y de tintes neofascista que lleva las riendas del país. En el entreacto, unas cruciales elecciones municipales y autonómicas corroborarán una nueva configuración del poder político en España.

Para ello, nada más, y nada menos, debemos concretar esa necesidad de sumar. La sociedad nos espera y debemos estar a la altura de la urgencia, de la responsabilidad.

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1 Comment on La necesidad de sumar

  1. ¡Hay que hacer propuestas YA! En mi opinion seria un FRENTE POPULAR de TODAS las mareas y movimientos SOCIALES en todas las circunscripciones electorales y dejarnos de chorradas…

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