FIL: Festín del libro… ¿y los lectores?

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Creado por Joel Hernández Santiago.

Es bueno ver a los ojos de quien es feliz. Uno encuentra ahí que, a pesar de todo, aun hay tiempo para reencontrarnos con alguien en otros términos y para otros mundos. El mundo de la poesía esta vez porque, aunque muchos, digamos pragmáticos, no lo crean, la poesía aun existe, está ahí, a la espera y sigue su curso porque por encima de catástrofes o tragedias o violencia o ineptitudes, la poesía es y será siempre un recurso de  libertad y de sosiego…

Así que el sábado 30 se inauguró la Feria Internacional del libro de Guadalajara 2013 y en la ceremonia de apertura se entregó el Premio Anual de Literatura en Lenguas Romances 2013 al poeta francés Ives Bonnefoy…

“Todo era pobre, desnudo, transfigurable
Nuestros muebles eran sencillos como las piedras
Tan sólo amábamos el saliente del muro
Fue ese espigón donde probábamos los mundos.

Desnudos, esa tarde
Los mismos de siempre, como la sed,
La misma tela roja, desgastada
Imagen, pasajera,
Nuestros inicios, nuestras prisas, nuestras confianzas” (La Piedra)

Es el poeta, narrador, ensayista, profesor y crítico heredero del surrealismo de André Bretón y uno de los poetas de mayor influencia de la poesía actual francesa,  quien nació en Tours, Francia, en 1923; autor de Del movimiento y de la inmovilidad de Douve; Lo improbable; La segunda simplicidad; Narraciones en sueños… Y dijo ahí:

“…las palabras se entienden hoy de una forma tecnologizada, comercial, incluso científica que hace perder de vista que hay cosas reales, el árbol, la flor, la piedra, en un mundo real”…

Y un mundo real está ahí, por estos días, en Guadalajara, México, en donde se reúne pensamiento palabra y obra. Autores consagrados, autores que se consolidan y sueños que caminan por los pasillos interminables de una FIL que nos da todo para pensar, aprender, deleitar y sonreír por nosotros mismos, porque tenemos la posibilidad de husmear en donde sí fuimos invitados.

La prestidigitación está a la vista. Somos parte de esa obra inmensa: toda ella en miles de libros y obra única que nos dibuja, que nos seduce y nos rechaza, pero que está ahí para recordarnos que es muy fácil conseguir la libertad y, por tanto, la felicidad: todo está ahí, en miles-miles-miles de libros que son uno sólo: nosotros.

Así que comenzó el festín. Como cada año. Hay programados muchísimos eventos alrededor del libro: reconocimientos a méritos editoriales, homenaje a los bibliófilos, homenaje a los bibliotecarios, homenaje al periodismo cultural, a la caricatura, espectáculos, foros, artes visuales… Vaya, que todo está dispuesto para tomar de la mano a Goethe y preguntarle por Weimar; a Cervantes, que nos hace falta todos los días en su inmenso sueño de justicia; o Rulfo en tierra propia para acompañarnos por Comala…

Por desgracia al festín del libro no pueden asistir todos los que debieran estar: los lectores mexicanos, los que anhelan entenderse y encontrarse en los libros, los que a fuerza de incapacidades burocráticas, de gobierno o gremiales (SNTE-CNTE) se les ha marginado del placer de la lectura consciente y voluntaria, entrega feliz y sin mayor premio que la lectura misma: el placer y la felicidad a la mano.

Ellos están invitados a la FIL, pero no estarán porque el nivel de educación y de capacidad de comprensión en México es dramáticamente malo y, por lo mismo, la lectura se les escapa de las manos y de las entendederas.

Y más. Los libros son muy caros. Cada vez más caros. En la mayoría de los casos “no es falta de cariño” por lo que no se lee: es que no hay para libros; no alcanza el dinero quincenal, si se tiene la suerte de tener trabajo o algún ingreso; no se tiene dinero para libros si no se tiene trabajo (2.7 millones + 17 millones en la ‘economía informal’, que es una forma de llamar al desempleo)…

Así que, de nuevo: “Muchos que van a la feria, miran y no compran nada”… aunque quieran, aunque se les vayan los ojos por tal o cual título, por esa obra, por ese autor, por la necesidad imperiosa de perderse en las páginas de todos los libros del mundo…

José Vasconcelos ideo una fórmula para llevar a la gente sin recursos libros baratos: los clásicos: aquellos libros verdes inolvidables. Durante la gestión como secretario de Educación Pública, don Jesús Reyes Heroles, a principios de los ochenta, autorizó un gran proyecto de lectura masiva: las inolvidables “Lecturas mexicanas” que costaban, cada semana, diez pesos: lo mejor de lo mejor de nuestra palabra y nuestra idea y del arte de escribir “para que me quieran mis amigos”, que dijera Gabriel García Márquez.

¿Qué se hace hoy para llevar el libro a la mesa de cada mexicano y mexicanas? ¿Quién entiende que leer es tan importante como el alimento, como el agua, como el sol, como la sombra y la noche feliz… o como el amor y el sexo? Leer es todo ello, junto. ¿Alguien se preocupa por hacer a un país feliz?…

Hacer ferias como la FIL-Guadalajara es bueno. Pero lo será aun más hacer lectores de calidad: lectores que lean de pie: lectores que nos enseñen un día cómo es que un pueblo es libre y feliz porque sabe que tiene el derecho a esa libertad y a esa felicidad y porque sabe cómo exigirlas, si se han perdido…

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