466/64 En memoria de Madiba

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Creado por Ángel Escarpa Sanz.

Se  aleja la monumental figura de este hombre negro por los cañaverales de la leyenda. Se pierde en los meandros de la Historia la sonrisa afable, el gesto suave y la gesta de este hombre llamado Nelson Mandela. Atrás quedan esos veintisiete años de prisión, las reuniones clandestinas en los años más duros del apartheid, las canciones con que fue aclamado por los suyos tras su liberación, las grandes concentraciones para agasajarlo, rendirle tributo de admiración y de amor por los largos años de cautiverio y de lucha. Atrás quedan las entrevistas de los grandes periodistas del momento que quisieron acercárnoslo; el premio Nobel, los poblados marginales, los encuentros con Fidel y con los estadistas mundiales, las intervenciones ante la Asamblea de la ONU, la obra gigantesca de ese hombre por hermanar a blancos y negros en un proyecto común, más allá del color de la piel y de la tribu en que nacieran.

Hace falta haber amado mucho a un pueblo para dejar tras de sí una estela de amor como la que deja este hombre tras su muerte.

Que este hombre no deja tras de sí un mundo mucho mejor que el que encontró a su llegada es algo que no se le escapa a nadie. Buen testimonio de ello es la situación actual de Siria, Irak, los seis millones de parados aquí y allá, esas criminales concertinas –vaya nombrecito para unas cuchillas destinadas a tajar la carne del que huye del hambre- que se alzan en la frontera de Melilla, entre el hombre de este lado de un mundo de excluidos y el que es condenado a perecer de bala o de hambre.

Como en el caso de Ernesto Guevara, de José Saramago y de tantos y tantos sin nombre que caen en la lucha por un mundo mejor, nos cabe la honra, hoy sí, de afirmar que cayó uno de los nuestros. Es un grande orgullo poder consignar aquí que, en esta desigual lucha contra las desigualdades humanas cayó otro camarada, que hoy sigue siendo todo un título decirse comunista, al lado de Mandela, al lado de la razón, de este lado de las ideas; de este lado del mundo donde aún se sueña en términos de solidaridad, de resistencia, a la barbarie en forma de mercados, de formar médicos, en lugar de guerreros.

Este hombre sobrevivió a la larga prisión, a cinco años en la presidencia de su país, a los premios y los halagos; al dolor de ver a los más miserables de los suyos sobrevivir cada día en un mundo de privaciones, allí donde su mano no alcanzó.

Esperemos que el pueblo saharaui le perdone el único lunar que apreciamos hoy en su larga vida: no haber entendido la lucha del Frente POLISARIO y, por el contrario, haber tomado partido por el criminal gobierno de Marruecos en la ocupación de aquellas tierras, máxime cuando estamos hablando de un líder mundial que siempre se manifestó contra el imperialismo.

 En medio de este mundo en bancarrota, nos deja este hombre afable, este hombre cercano y sencillo; este hombre que vivió fiel a principios de los que queda constancia, no solo en sus frases, sino en su obra monumental.

No obstante, ahí quedan una veintena de citas suyas para ilustrar esta afirmación:

 “Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada”

“La mayor gloria no es caer, sino levantarse siempre”.

 “Si yo tuviera el tiempo en mis manos haría lo mismo otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo hombre”.

 “Detesto el racismo, porque lo veo como algo barbárico, ya sea que venga de un hombre negro o un hombre blanco”.

 “Si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces él se vuelve tu compañero”.

 “Nunca pienso en el tiempo que he perdido. Solo desarrollo un programa que ya está ahí. Que está trazado para mí”.

 “Nunca me he considerado un hombre como mi superior, ni en mi vida fuera ni dentro de la cárcel”.

 “Me gustan los amigos que tienen pensamientos independientes porque suelen hacerte ver los problemas desde todos los ángulos” 

 “Yo no tenía una creencia específica excepto que nuestra causa era justa, era fuerte y estaba ganando cada vez más apoyo y más terreno”.

 “Los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo”

 “Después de escalar una gran colina, uno se encuentra sólo con que hay muchas más colinas que escalar”.

 “Porque ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás”.

 “Una prensa crítica, independiente y de investigación es el elemento vital de cualquier democracia. La prensa debe ser libre de la interferencia del Estado. Debe tener la capacidad económica para hacer frente a las lisonjas de los gobiernos. Debe tener la suficiente independencia de los intereses creados que ser audaz y preguntar sin miedo ni ningún trato de favor. Debe gozar de la protección de la Constitución, de manera que pueda proteger nuestros derechos como ciudadanos”.

 “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

 “Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo”.

 “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión”.

 “Mucha gente en este país ha pagado un precio antes de mí, y muchos pagarán el precio después de mí”.

. “No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en que se trata a sus niños”.

 “Que reine la libertad. El sol nunca se pone en tan glorioso logro humano”.

 “La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré para la eternidad”.

Ésas, sin duda alguna, son palabras de un estadista, de un humanista, de un hombre que deja una obra y un claro ejemplo para todos aquellos que quieran seguirlo, por encima de afanes partidistas y personales.

A aquellos que estuvimos en las calles de nuestras ciudades protestando al pie de aquellas embajadas de De Klerk, y de Pieter Botha, exigiendo el fin de aquel régimen inhumano, exigiendo la libertad de Mandela en los días de su largo cautiverio, nos es especialmente grato haber hecho un pequeño tramo del camino con ese pueblo, aunque solo sea desde la denuncia del racismo y de las masacres perpetradas por sus anteriores gobiernos.

Ojala se convierta también en un ejemplo para estos que hoy usurpan el poder en nombre de una legalidad que ellos mismos niegan cada día. Ojala esta monumental figura, escapada de la enfermedad, de los largos años de cautiverio, ilumine a éstos que hoy lanzan a sus ejércitos contra otros pueblos, en lugar de esforzarse en ampliar las zonas del bienestar y la paz para todos los pueblos.

Hará falta algo más que un solo Mandela para eso de poner en orden este mundo, pero nos es especialmente grato poder decir aquí que compartimos tiempo y sueños con hombre tan singular.

Aunque la Historia se empeñe en repetirse una y otra vez en sus múltiples Franco, Hitler, Pinochet, Stroessner, Videla, Idi Amín Dadá; Salazar, Obiang, Dayan, Mohamed VI, Reagan y Somoza, el siglo XX también produjo excelentes hombres, como el que en estas horas nos abandona.

Deseamos firmemente que el siglo XXI sea el de los hombres buenos.

Que nuestra manifestación de dolor aquí no se limite al reducido círculo de sus familiares, así como al de sus amigos; si no que sirva para condolernos con toda la comunidad internacional, que siente tan sensible pérdida.

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