Ahumada, que dibuja el silencio

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Por Joel Hernández Santiago*

El arte tiene respuestas para todo. En el arte nos encontramos. En el arte se resume la esencia de nuestra vida y de nuestro pasado inocultable. Pero sobre todo de nuestro presente. Todo está cifrado en el arte, aun nuestros pecados capitales… o acaso se nutre de ellos. El arte nos reprocha y nos murmura lo que somos: nuestra grandeza  y nuestro destino…

La caricatura es un arte. Esto es así aun cuando a muchos les suene doloroso. No hay nada peor para un poderoso que su caricatura. No hay mayor enemigo del hombre público que aquel que le ve de una forma extrema y lo expresa así, extremo. La caricatura es arte y desquite. Es el ejercicio de la libertad puesta en unos cuantos trazos, en unas cuantas líneas, en apenas un pequeño cuadro en donde el universo estalla a la vista del público ávido de sentirse parte de un dibujo que es él mismo en su intención…

Desde principios del siglo pasado, en México apareció el arte de la caricatura. Ya se cifra la fecha en 1826 cuando Caludio Linati trajo la litografía a México e imprimió el periódico El Iris y publicó ahí lo que sería santo y seña de esta expresión: “Tiranía”… Y de ahí en adelante, la caricatura… hoy llamado “cartón político”, se abrió paso con fuerza y orgullo en los periódicos mexicanos de entonces y ahora…

Un caricaturista es alguien aparte. Es un artista pero también es un inteligente con mirada profunda que ve lo que ocurre y a quienes lo hacen de una forma distinta; y les da una nueva dimensión tanto a los hechos como a esos hombres o mujeres. Y cada ‘cartonista’, ‘dibujante’, ‘caricaturista’, ‘artista’, asume su responsabilidad y adquiere su propia personalidad…

Los hay jocosos, los hay intensos, los hay dramáticos, los hay como duendes traviesos, los hay solemnes y hasta trágicos: de todo hay. Y todos son hombres y mujeres preocupados por su presente y mucho más por el futuro. Y por lo mismo advierten y señalan con el dedo flamígero el retrato de la vida. En fin, que en un solo cuadro, decíamos, está la esencia del presente y la advertencia para lo que puede ocurrir.

Murió Manuel Ahumada. Un excelente artista. Un ‘caricaturista’-‘cartonista’-‘dibujante’-‘artista’ de gran talante. Hizo una larga obra que está en los periódicos y en revistas especializadas. La Jornada fue su trinchera, su refugio, su casa y el santuario de su obra. Por muchos años estuvo ahí y desde ahí lanzaba sus trazos inmaculados y sus ideas sociales y críticas severas y dañinas para quienes hacen del poder político y social un abuso.

Lo conocí en 1980. Llegó a proponer su trabajo como ‘dibujante-cartonista’ a la revista ‘Razones’ que dirigía Samuel I. del Villar y en donde estaban Miguel Angel Granados Chapa, Hero Rodríguez Toro, Alan Riding. Llevaba en las manos una carpeta con los dibujos que había hecho. Eran buenos. Eran densos. Oscuros. Intensos. Misteriosos. Eran arte. El tenía 23 años. Naturalmente se incorporó a la publicación. Y ahí estuvo un largo rato.

Y creció como artista y como responsable de sus ideas. Pronto, don Carlos Payán le dio entrada a UnomásUno en el suplemento Másomenos, participó también en Melodía, La Garrapata, en el suplemento Histerietas de La Jornada y fue autor de la historieta «La vida en el limbo». En 1982 ganó el Gran Prix del Salón Internacional de la Caricatura de Montreal, Canadá y así…

En La Jornada se hizo fuerte. Tenía buena compañía, ni más, ni menos: Bulmaro Castellanos: Magú; Rafael Barajas Durán: El Fisgón; Jabaz, Jis, TrinoHernández… Todos ellos grandes. Todos ellos comprometidos con lo que hacen bien y para bien.

Al morir, Ahumada tenía apenas 57 años. En plena esencia vital y creativa. Cuando el hombre comienza a mirar con la intensidad que da la experiencia y la plenitud que da la obra.

En todo caso, ahí está la obra que sin duda estará colocada en un lugar especial del periódico que ha sido nuestra casa y en el que hará mucha falta por él, por sus compañeros, por todos nosotros…

Queda mucha tarea para todos. Dibujar lo que ocurre y decirlo con la misma sobriedad, firmeza y coraje como se hace el arte del cartón que no tiene compromisos y que no se hace a petición ni se hace para complacencias de nadie… o si, para la complacencia única: la del lector y eso, a saber, es una gran responsabilidad.

Queda un México que cada vez con más frecuencia da lugar a la caricatura, a la mordacidad, al regaño público y a la exhibición de errores por deberes no cumplidos. Eso queda. Eso seguirá dibujándose en los medios de comunicación siempre que haya gente que esté dispuesta a entregarse a la tarea de decirle al poderosos que, a fin de cuentas, es humano y que humano es.

Y como en otros casos de periodistas grandiosos, nosotros tendremos que conformarnos con preguntar “¿Cómo hubiera interpretado esto u lo otro Ahumada?” “¿Cómo lo hubiera dibujado?” “¿Cuántos silencios hubiera dibujado Ahumada?”… “¿Cuántos poemas de la realidad hubiera descrito el hombre que él mismo era silencio?” Ahumada se fue joven. Todavía tiene tiempo para seguir la tarea.

*jhsantiago@prodigy.net.mx  Twitter: @joelhsantiago

 

 

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