La cultura “¿al final y en la cocina?”

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Por Joel Hernández Santiago.

Hace algunos años, un recién nombrado gobernador dio a conocer los nombres de los integrantes de su gabinete. No nombró al de la Secretaría de Cultura. Cuando un reportero le preguntó por qué, haciendo cara de sorpresa dijo que se le había olvidado pero que, en todo caso, ahí pondría a cualquier… p. desempleado.

Eso de la cultura parece ajeno al trabajo de la política. O por lo menos parece que los políticos ensimismados, ven con desdén o hasta desprecio el tema cultura. Ésta como expresión de lo sublime del hombre y la mujer; del arte; de la creación; de la idea e imaginación de mundos y hombres y vidas puestas en el papel; la línea y el trazo excelso que nos revive, en el lienzo…

…El mundo infinito, espiritual y solaz de la música; vida en la piedra-roca-metal inanimados-animados; en la imagen e historia que es cine; el teatro del mundo y en el sueño de actitudes extremas puestas a disposición del placer espiritual y hasta mundano y pecaminoso: el pecado del hombre y su perdición también están en el arte, que es cultura.

Todo eso les parece ajeno a los políticos-patrones-mandamases-hombres de mirada superaquilina con aroma a lavanda y corbata italiana… Ocupados como están en construir-destruir; enredar-desenredar; mandar-obedecer… ganar-ganar-ganar…, no atienden, ni con el pétalo de una ‘reforma estructural’, un asunto que tiene que ver con la felicidad de los hombres a los que gobiernan…: la cultura.

Así que, de pronto, no saben qué hacer con ella, que es decir, no saben a quién poner en donde se coordinan actividades de cultura y desprecian  e improvisan.

El desprecio total no sólo por la excelencia del hombre y la mujer porque, al final de cuentas, a lo largo de la historia una de las huellas definitivamente trascendentes que ha quedado de los hombres de todos los tiempos es, precisamente, su expresión artística y por ello acudimos arrobados a reconocernos en ellas en museos, en salas de cine, en conciertos, en teatros, en los edificios antaño construidos… ¡en los libros!… y más.

Fuera de ese mundo político que es pedacería de espejos, aparte, también hay quienes ven a la cultura como elemento esencial de vida…Acaso redentora de lo que hemos hecho de ella. El viernes 14 de octubre, el maestro de periodistas, Miguel Ángel Granados Chapa escribió su última columna Plaza Pública. En ella se despide de sus lectores con esta reflexión:

“… Es deseable que el espíritu impulse a la música y a otras artes y ciencias y otras formas de hacer que renazca la vida, permitan a nuestro país escapar de la pudrición que no es destino inexorable. Sé que es un deseo pueril, ingenuo, pero en él creo, pues he visto que esa mutación se concrete…”

El arte, la creación, lo artístico como única salvación. Todo está ahí cifrado. Somos a fin de cuentas una obra de arte: el arte nos identifica, nos une, nos impulsa, nos sublima y nos enaltece: la cultura nos conduce.

Todo esto viene al caso porque el 6 de enero termina su gestión como Secretaria de Cultura del DF la señora  Lucía García Noriega, a quien sustituye a partir de ese mismo día el señor Eduardo Vázquez Martín.

Su salida comenzó como consecuencia del jaleo que se traía la señora desde que llegó al cargo hace poco más de un año con un currículum vitae que decía que había estudiado Comercio y Contaduría; egresada de la Escuela de Bellas Artes de París; que se desempeñó como directora de exposiciones del Fórum Universal de las Culturas de Monterrey y entre 1998 y 2001 agregada cultural y responsable del Centro Cultural de la embajada de México en Francia. Además de consejera cultural, educativa y científico-técnica de la embajada de México en España. Todo eso.

Pero las cartas credenciales no fueron suficientes para llevar a cabo una tarea al mismo tiempo delicada como complicada, sobre todo porque el mundo de la cultura también tiene sus bemoles y abundan ahí las estrellas-estrellitas-asteroides que conviven con creadores de fuste, de disciplina y productivos en su expresión cultural. De todo ahí.

Como quiera, la señora parece haberse ganado el enojo de quienes trabajan en cosas de la cultura desde esa Secretaría. Además de que, según se ve, por propios méritos consiguió que su arrogancia y desprecio por el mundo en el que decidió estar se le echara encima.

Cometió errores: Se los cantan a coro desde su propio ámbito, a saber: “Despidos injustificados de trabajadores de honorarios; actitudes déspotas e intransigencia; impulso de programas-fiasco; suspensión de talleres de lenguas indígenas, cierre de dos librerías, liquidación de la Orquesta Filarmónica Juvenil Ollin Yoliztli, mala atención a la Orquesta Típica y la Filarmónica de la Ciudad de México…

En fin. Que la señora García Noriega se tenía que ir. Se va.

Llega en su lugar un nuevo secretario de Cultura para el DF: Eduardo Vázquez Martín. Bien. Se le ha pedido que fortalezca la política cultural de la ciudad “sin dejar de ser incluyente, abierto al diálogo y a la iniciativa de la sociedad”.

La tarea que sigue es la recomposición del estado crítico al interior de la Secretaría, lo cual es muy importante, pero lo es más la tarea final: la de la divulgación de la cultura, de la creación, del pensamiento artístico y trascendente; pero junto con la divulgación, está también el estímulo de la creación, los apoyos para artistas jóvenes y consagrados…

Mucho por hacer en la cultura del DF…

La burocracia cultural es un problema. Si. Hay muchos personajes que medran con la cultura también. Pero los hay más que son deveras creativos. Ya veremos cómo lo soluciona. Lo importante a todo esto es la divulgación de la cultura para todos, en todos los ámbitos, en cada rincón de la capital, en cada espacio disponible, en cada mirada, en cada pensamiento, en cada vida… También su promoción y estímulo. Esa es la tarea. Ojalá se cumpla.

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