Michoacán: la tierra quemada

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Por Joel Hernández Santiago*

Michoacán es un estado de la República con gente de trabajo, fiel a sus creencias y a sus principios y dueña de un arsenal histórico y cultural que le da vueltas a cualquiera. Gente de trabajo en tierra paridora: Bien.

Michoacán se resistió a la conquista española y sólo mediante catequesis pudieron, digamos, acercarse a los grupos indígenas de la zona. Cuando los españoles quisieron usar la violencia, encontraron violencia: así eran los Pureh.

Pero Michoacán gesta, en su placidez y belleza geográfica,  muchas contradicciones y a hombres de armas tomar: Ocurrió desde ese larguísimo episodio de conquista colonial y, ya más cerca, de 1926 a 1929 fue uno de los estados del país en donde la guerra Cristera cobró más víctimas y se desarrolló en un ambiente de confrontación social extremo: miles de católicos murieron al enfrentarse al Ejército Mexicano; miles de militares también murieron.

Ya se debería saber entonces que en Michoacán, que se asienta en una extensión de 58,585 kilómetros cuadrados y con 4.5 millones de habitantes, las cosas de la vida no son poca cosa y lo toman muy en serio. Y ahí mismo, por razones que tienen que ver con falta de gobierno, de previsión, de corrupción política y ausencia de hombres de Estado, la gente comenzó a irse. Fue a mediados de 1970 y en adelante. Pueblos enteros, por todos lados, comenzaron a vaciarse de hombres, sobre todo jóvenes y en edad productiva…

Había pueblos a los que aun se les llama “de viudas”; porque ahí sólo quedaban mujeres solas, ancianos y niños… y sólo cada año, como los golondrinos, los migrantes que se habían ido a trabajar a Estados Unidos, regresaban al calor del hogar, al calor familiar y a engendrar nuevos hijos… La tragedia de la separación familiar les fue murmurando rencores, y aun venganzas…

Luego, así, en tono de revancha política y social, muchos se dedicaron a la siembra de droga y a comercializarla y luego a traficar con ella y luego a apropiarse de espacios de producción y distribución ahí mismo, particularmente en la Tierra Caliente, aunque hoy sabemos que 33 de los 113 municipios de la entidad están, prácticamente, en llamas.

Aproximadamente un millón y medio de michoacanos están ahí, en ese infierno en donde hoy mismo, en este mismo momento, se están confrontando michoacanos con michoacanos y un Ejército mexicano que ha incursionado ahí varias veces sin entender la tierra que pisan y a la gente que tratan…

De pronto, como por mano enemiga y ajena, todo ahí se ha vuelto una guerra que presagia aun más violencia: ya porque irá in crescendo a medida que pasan los días porque tanto criminales organizados como anti criminales organizados como anti autodefensas ya le tomaron la medida a la debilidad de gobierno. Debilidad, política, digamos, porque a lo largo de los años por más que se han firmado convenios de apoyo federal a Michoacán, la situación ahí se agrava.

Ahí comenzó Felipe Calderón, el Cruel, su guerra contra el crimen organizado y lo único que consiguió fue atizar la hoguera; y ahí mismo, el presidente Peña Nieto ha anunciado tres “estrategias” anticrimen en la entidad: 21 de mayo de 2013 cuando el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong  anunció un plan integral para “recuperar la paz y seguridad en Michoacán” con un mando único, coordinado por la Secretaría de la Defensa Nacional…

Luego, en julio de 2013 se firmó el Acuerdo por Michoacán, “para implementación de acciones que permitan recuperar la seguridad en el estado.” Se dijo.  El 13 de enero de este año se firmó el “Acuerdo de Apoyo Federal para la seguridad en Michoacán”, aunque esta vez el lenguaje de ambos firmantes: Fausto Vallejo como Miguel Ángel Osorio Chong coinciden al pie de la letra:

“…Se actuará sin tolerancia ni complacencias para los delincuentes. Vamos a hacer nuestro trabajo de manera severa e inflexible; para la delincuencia, ninguna consideración”.

El lenguaje es beligerante y asume la responsabilidad de que tanto el gobierno federal, como el estatal o municipales deberán encontrar esa paz social y armonía que prometen mediante el rigor físico. Está bien si es bajo los principios del Estado de derecho y los derechos humanos. Pero: ¿y la parte política?… En sus contradicciones el gobierno federal  ¿deveras entiende y sabe lo que está pasando ahí?…

Porque antes que todo, lo que ocurre en Michoacán es un problema político y social. Y políticas y sociales deberán ser las soluciones; el uso de la fuerza es el último recurso. ¿Se está trabajando en ese sentido? O volveremos a la vieja historia del sexenio cruel (2006-2012) en el que lo mismo caían culpables como inocentes, sin procedimiento legal…

No vaya a ser peor el remedio que el trapito. La solución ahí debe tratarse no con bravuconadas: Si con una operación quirúrgica de tal calidad política que todos, todos, podamos aplaudir a los hombres y mujeres que reconstruyeron ahí el tejido social y llevaron al trabajo y el crecimiento y la gran calidad humana de todos ahí, y en todo el país…

De lo contrario será un fracaso terrible e irrecuperable del gobierno de Enrique Peña Nieto y del presunto gobierno de Fausto Vallejo si lo que ocurre en Michoacán se extiende a otras entidades en donde ya hay zopilotes en espera, como Guerrero, Oaxaca, Chiapas, en los que hay gobernadores que van de lo ‘pusilánime’ a lo frívolo: nunca hombres de Estado. En fin. Sigamos con atención a Michoacán querido.

jhsantiago@prodigy.net.mx   Twitter: @joelhsantiago

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