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¿Qué hay de Colosio?

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Por Joel Hernández Santiago.

“¿Quién mandó a matar a Colosio? ¿Por qué lo mandaron matar? ¿Quién se cree eso de que Mario Aburto fue un asesino solitario? ¿Y la acción concertada? ¿A poco no hubo una confabulación para ocultar las verdaderas razones del homicidio?…Aquello fue un asesinato de Estado…Que todo fue por el discurso del 6 de marzo de 1994 en el Monumento a la Revolución”… y tal y tal…

Son preguntas o afirmaciones repetidas cada año desde hace 20 años. Algunas de ellas muy estimuladas desde la clase política priísta actual, aunque digan que no.

Esta vez no podía ser diferente. Poco antes de cumplirse los 20 años de que ocurrió la muerte de quien por entonces fuera candidato del PRI a la presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio ya comienzan a publicarse trazos de lo que dicen ocurrió aquel 23 de marzo de 1994, algunos hechos o detalles improbables y que, por lo mismo, ayudan a incrementar un mito…

No importa. Si importa que el tiempo expone ideas de quienes vivieron aquellos acontecimientos, cerca o lejos; y poco a poco, también, aparecen las huellas de lo ocurrido, algunas más precisas y justas; con ello habrá de escribirse la historia luego del trabajo de análisis de verdad o mentira de todo lo que se va teniendo a la mano: así se sabrá lo que pasó y por qué; es cuestión de tiempo y de calidad del proceso historiográfico…

Hace apenas unos días se publicó que el señor Aburto dijo a sus padres, hoy en Los Ángeles, California, que aquel día 23 de marzo de 1994  «pusieron en su lugar a otro Aburto”.

Según grabaciones que dieron a conocer, éste les dice que “lo agarraron de chivo expiatorio porque sabían que yo era inocente y no me iban a probar nada, mientras ellos iban a aprovechar para borrar todas las huellas”.

Y dice: “El verdadero homicida fue Ernesto Rubio Mendoza, un hombre de facciones similares a las de él, asesinado el mismo 23 de marzo de 1994 en el taller mecánico Autoservicio Azteca”… Y más y más. Es su dicho en su defensa, después de todo.

Así como esto, muchos dicen saber “qué fue lo que pasó realmente”… Muchos sospechan. Muchos afirman. Muchos dicen que las cosas ocurrieron de tal o tal manera y que, por lo mismo, lo que se sabe no es verdad, ni mentira…

En todo caso ocurre que la gran necesidad de personajes históricos contemporáneos hace que se eleve a rango de heroísmo y ejemplaridad a quienes, quizá, no lo son tanto:

Lo que sí se sabe es que Luis Donaldo Colosio es parte de una larga historia del poder en México. Él fue el escogido para suceder a Carlos Salinas de Gortari en tiempos en los que el gran elector seguía siendo el presidente de México…

Ya había cumplido con el ritual de la solidaridad y firmeza hacia el presidente. De hecho ocupó posiciones de mando  como primer Secretario de Desarrollo Social de México y como diputado y senador. También fue presidente de su partido político… Pero por encima de todo, era amigo personal de Carlos Salinas y, como se sabe, eso tenía un peso específico en la vida de cualquier político mexicano…

No era un hombre de excepción. Aunque hoy en el PRI sus herederos directos le atribuyen frases célebres e ideas trascendentes que dan forma a una nueva concepción filosófica-política de México y el mundo: No era así.

Si era un político pragmático y de su tiempo. Para algunos incluso frívolo. Y era un hombre que trabajaba en un sistema político y de gobierno que exigía ‘entrega total’ sin dar paso aun a la idea democrática de la participación, de la disidencia institucional o, incluso, del revisionismo partidario…

Mientras duró su campaña, fue una campaña desangelada, frustrada por el viejo recurso del discurso prometedor y con frecuencia vacuo. “No levantaba la campaña”, era la queja por entonces.

Su coordinador de campaña era Ernesto Zedillo Ponce de León, quien en reunión con periodistas tenía que apechugar la crítica de quienes le reiteraban que algo pasaba porque ‘no pasa nada’ en términos de campaña y aportación novedosa a los electores o, incluso, al país. La de Colosio era una mala campaña electoral, pero también segura en sus resultados…

¿Era un mal candidato? Sí. ¿Pudo ser un gran presidente? ¿Sería el gran modernizador del país, como hoy se dice? No lo sabemos. Nunca lo sabremos.

Lo que sí sabemos en este momento es que Luis Donaldo fue asesinado el 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, un suburbio de Tijuana; y que –según dictaminó la ley- quien le dio muerte fue un asesino solitario llamado Mario Aburto Martínez ahora recluido en el Cefereso de Huimanguillo, en Tabasco.

Lo que sigue es descubrir de forma profesional y sin apasionamientos o intereses políticos o personales si esto ocurrió como oficialmente se nos ha dicho que ocurrió… y por qué. Esto se sabrá y, como dice Ricardo Alemán: ‘al tiempo’.

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