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Cine Mexicano: ¿Distinto Amanecer?

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Por Joel Hernández Santiago*

El señor Víctor Ugalde, presidente de la Sociedad de Directores y Realizadores de México (SDRM) dice que Televisa pagará en los siguientes cuatro años más de 55 millones de pesos a cineastas mexicanos por transmitir sus películas. Bien. ¡Qué bien! ¡Muy buena noticia!… Si. Pero no.

Resulta que después de un larguísimo litigio en defensa del pago de regalías por derechos de autorales, al final la Suprema Corte de Justicia de la Nación, dio el ‘sí’ a los autores y se consigue que quien proyecta y comercializa películas mexicanas les pague a los autores lo que en ley les corresponde.

Pero ocurre que por alguna razón, todavía hermética, el señor Ugalde dice que esta empresa de televisión pagará hasta 2018 esos más de 55 millones de pesos y que una parte de esta cantidad ya se comenzó a entregar a los directores. Cantidades irrisorias si se considera la desproporción entre la cantidad de películas, el esfuerzo de creación y las enormes cantidades de ingresos por transmisión de comerciales a lo largo de la proyección de cada cinta.

Esto genera ya un conflicto serio al interior de la SDRM porque muchos directores, entre ellos barones de la cinematografía nacional están en absoluto desacuerdo con este convenio que parece firmado a cortinas cerradas.

Y, lo peor, el mismo señor Ugalde atiza el fuego con declaraciones públicas en las que no tiene empacho en decir: “No podemos dar a conocer las cláusulas [¿ ?] pero ya depositaron y eso viene a solucionar muchas cosas para los directores” [¿ ?].

Así que el Comité de Vigilancia de la Sociedad y otras de sus instancias de dirección, deberán decir si apoyan lo aceptado por el señor Ugalde, o no. Los señores Julián Pastor y Juan Antonio de la Riva y otros directores como Felipe Casalz o Jorge Fons o Arturo Ripstein y muchos más, deberán salir a la palestra para decir si están de acuerdo con este convenio o esperarán a que termine una auditoría a la actual administración de la SDRM para expresarse.

El famoso convenio con Televisa suena a vacilada porque –por ejemplo- resulta extremo que se determine una cifra de antemano cuando no se tiene la certeza tanto del número de exhibiciones como de las utilidades obtenidas por cada una de esas transmisiones, lo cual debería ser un principio de regla de medición para determinar regalías. ¿Cuál fue el criterio para determinar los 55 millones?

Así que el señor Ugalde, quizá por ignorancia o porque lo chamaquearon los señores de la televisión nacional, acordó algo que previamente debió consensar entre los agremiados a la Sociedad. En fin. Ya veremos. Mientras que…

Parece película de Juan Orol porque en México no podemos ver cine mexicano, en el cine. O sí, lo vemos, pero a cuenta gotas porque hay especulación en su proyección.

Los dueños del balón de la proyección de cine en México, miden a la exhibición del gran esfuerzo de hacer cine en México en términos de utilidad económica y hasta ahí. No como una combinación de industria y arte. Y deciden vida o muerte de una obra no por la calidad y el estímulo cultural de esta, sino por sus utilidades económicas muy personales; muy de empresa.

Hay mucho cine de calidad en México (no todo, naturalmente). Es un cine que tiene piernas de jinete para verse cara a cara con cualquier cinematografía del mundo, pero al que aquí se ningunea por quienes han dispuesto sus salas de exhibición tan sólo para el cine taquillero como es el que, gracias a ellos, ha enviciado el gusto de muchos mexicanos al grito de guerra.

El gobierno federal y los gobiernos estatales se hacen rosca y demuestran una enfermiza incapacidad para cumplir con su responsabilidad constitucional de aportar y fomentar las artes mexicanas, su divulgación, su parte de formación educativa y cultural al no exigir la exhibición de cine nacional de forma prioritaria frente al que llega del norte del país y, de paso, se hacen cómplices en el incumplimiento de la ley antimonopolios.

Porque ¿sabe usted que en México hay monopolios de la exhibición de películas? Son cadenas como Cinépolis y Cinemex, cuyos propietarios deciden vida o muerte de películas nacionales. Si –según ellos- la película pasa la prueba de las dos semanas se queda, si no: se va, y a otra cosa mariposa. Sin valorar que la calidad cinematográfica no tiene conexión directa con los ingresos en taquilla… Y sin que la autoridad gobierno exija tiempo de proyección prioritario para nacionales.

Son estos monopolios, los mismos que nos atiborran de cine que es propaganda estadounidense. Y son los mismos que impiden el acceso al cine mundial de calidad o, por lo menos, al cine europeo de calidad que, al igual que el cine mexicano, en México, tiene prohibido su proyección en sus salas. Verdadera inequidad en la proyección de cine, aquí.

Si hoy, por ejemplo, se lanzaran a exhibición películas como Distinto Amanecer, como Enamorada; El lugar sin límites; Canoa o, incluso, películas del Cine Colonial como Ustedes los ricos, Nosotros los pobres… y muchísimas más que nutrieron el imaginario colectivo y nos dieron riqueza cultural e identidad nacional, digo, si esas películas fueran puestas a distribución y exhibición hoy mismo no las veríamos: porque son mexicanas y porque no ‘son redituables’ según el monopolio.

Mal hace el gobierno del señor Enrique Peña Nieto en permitir este desarmado cultural e intelectual de los mexicanos. Mal hace quien promete que la trascendencia mexicana es parte de sus metas de gobierno mientras se inyecta al país entero un mundo en el que no estamos retratados los mexicanos y en el que no se encuentra el cine mexicano con su público. Ni más, ni menos.

*jhsantiago@prodigy.net.mx

Twitter: @joelhsantiago

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