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México y sus ‘miradas de fulgor extraño’

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Por Joel Hernández Santiago*

Se está convirtiendo en costumbre: la del temor que casi es miedo… o el miedo permanente: Cada uno sabe. Prácticamente en todos los hogares mexicanos el salir a la calle es obligado a un acto de reflexión o acaso una plegaria: por un buen regreso: sanos y salvos. Vivitos y coleando.

La bendición materna de cada día ha sido el escudo anti peligros histórico. Siempre ha sido así en México. Pero más por estos días en los que el nerviosismo por la inquietud a que algo pudiera ocurrir a la vista de esas miradas ‘de fulgor extraño’ que nos aterrorizan. Nos hemos convertido una sociedad mexicana del ¡Jesús! en la boca.

No puede ser para menos. Los datos duros nos lo dicen: en México se ha incrementado el agravio a los ciudadanos de clase media y a los del trabajo duro; el de las monedas exactas para la ida y la vuelta, acaso para lo que se pueda ofrecer con la expectativa de que no se ofrezca…

…Porque a pesar de que el gobierno mexicano se empeña en sonreír a la cámara y decir que todo va bien, lo cierto es que el desempleo, la falta de ingresos, el incremento inflacionario y la falta del todo cumplido para todos dibujan una tragedia: la de la subsistencia, que tiene que ver con el alimento, la educación, la salud, el trabajo y ahora el incremento de la inseguridad.

Esto contrasta con el optimismo oficial del “todo va bien”, “aquí no pasa nada” y el dicho permanente de gobernadores y jefe de gobierno en el DF: “somos el lugar más seguro del país”. Por lo menos eso dicen en sus campañas mediáticas y de imagen…

Resulta que los temores nacionales por la inseguridad son ciertos en muchos casos. Las cifras duras lo dicen. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó el 30 de septiembre su más reciente Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública.2014.

Según el informe, durante el primer año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, México registró 22.5 millones de víctimas de algún delito –tan sólo refiere a los denunciados-. Esto representa una tasa de 28,224 víctimas por cada 100 mil habitantes; en 2012 fue de 27,337: Esto es que en 2013 hubo 877 más personas-víctima por cada 100 mil habitantes.

De los 31.6 millones de hogares estimados en 2013, unos 10.7 millones (34%) tuvo una víctima de delito.

En 2011 el porcentaje de hogares víctima de delito fue de 30.4%, en 2012 de 32.4% y en 2013 33.9%. O sea estamos más peorsísimo que antes.

Según INEGI, de las personas de 18 años y más que en 2013 fueron víctimas de delito, hubo 22.5 millones de agraviados, 900 mil más que en 2012. En incidencia de delitos resalta que en 2013 hubo 5.3 millones de ellos, más que en 2012: robo o asalto en la calle o en el transporte público.

Luego le siguió el incremento de la extorsión –casi siempre por vía telefónica-; enseguida el robo de vehículos, luego fraude… amenazas… lesiones y más…

Contrasta, decíamos, porque según se nos informa, se han incrementado los cuerpos de seguridad en todo el país, ya federal o estatales y municipales.

No obstante la mayor parte de ellos están orientados a combatir la delincuencia organizada, que es decir, a combatir a las grandes bandas delincuenciales, al narcotráfico, a la violencia criminal…

En tanto que la seguridad pública en calles, domicilios, de tono patrimonial o físico de la gente de trabajo ha sido descuidada y es ahí en donde los malandrines hacen su agosto a falta de vigilancia, prevención o la procuración de justicia eficientes, inmediatos, desburocratizados y sin tacha.

Urge que los recursos que la población nacional entrega para su seguridad sean utilizados, precisamente, en esa seguridad. Y urge que los programas de prevención funcionen de forma eficiente para evitar el incremento de la victimización social y que la procuración y la administración de justicia generen la confianza que es indispensable en un país que, según el gobierno federal, aspira a ser faro y guía latinoamericano, según ofrece.

Pero para disminuir esta victimización y delincuencia urbana y rural, es indispensable que el gobierno –los gobiernos del país-, atiendan los focos de infección que están en el desempleo, la pobreza, la falta de expectativas y la ausencia de posibilidades de subsistencia. Todo está ahí cifrado.

No se trata sólo de perseguir el delito: hay que prevenirlo, no sólo con vigilancia, sí con programas de desarrollo, estructuras de apoyo para el trabajo, para el ingreso, para el estudio formal y para una salud bien cuidada porque esta parte es terriblemente trágica: enfermarse en México es una tragedia que tiene que ver, también, con la falta de servicios médicos prontos, y acorde con las exigencias de los habitantes del país: en todo el país.

Así que mal las cosas en seguridad en México. ¿Qué sigue? ¿Cómo interpreta estas cifras el gobierno mexicano? ¿Cuál va a ser la solución pronta y eficiente? Porque no se trata de conocer las cifras: se trata de dar soluciones: ¿quién levanta la mano primero?

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