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El austero estilo de Stalin

Lenin, el líder de la Revolución bolchevique, ofrecía un aspecto peculiar y paradójico. Combinaba su escasa estatura, su calva, un defecto de dicción (no pronunciaba la “r”), su legendaria gorra, su paso enérgico y sus elevadas emociones. La mayoría de los monumentos que hasta épocas recientes adornaban las plazas centrales de todas las ciudades en cada esquina del país, lo representan siempre en movimiento, con su gorra favorita puesta o apretada en su mano.

La imagen de Stalin era exactamente la opuesta. Tras el caos de la guerra civil, el país necesitaba estabilidad y un líder que irradiase fuerza, confianza, formalidad y un inquebrantable poder. Stalin, con sus rasgos étnicos del sur del Cáucaso y sus modales pausados, era lo que prescribía el médico.

Presentamos un fragmento de las memorias del primer ministro soviético de la Industria Petrolífera en el gobierno de Stalin, Nikolái Baibakov: “Entré y me quedé quieto: allí estaba Stalin, el comandante supremo, de pie, aunque de espaldas a mí. Me aproximé, sin atreverme a toser. Lo miré, vi su aspecto: llevaba una guerrera gris, botas de cuero flexible, un atuendo muy modesto para un jefe de Estado…”

Soldados de la revolución

Durante los años de la Revolución y hasta mediados de la Segunda Guerra Mundial, el traje favorito de Stalin era una guerrera militar en tejidos de alta calidad y pantalones metidos por dentro de botas de suave cuero del Cáucaso.

Cuando salía, vestía un abrigo ordinario de soldado, el mismo durante años, hasta que se quedó raído. Artiom Serguéyev, el hijo de un amigo cercano y socio de Stalin, recordaba, en una entrevista con Yekaterina Glushik, Conversaciones sobre Stalin (publicada en el periódico Zavtra en 2006): “Un día Stalin llegó a casa y vio un abrigo nuevo en el perchero. Al verlo, preguntó: ‘¿Dónde está mi viejo abrigo? ‘Le respondieron que lo habían tirado. Se enfadó muchísimo: ‘Con dinero público, bien se puede comprar un abrigo nuevo todas las semanas. Podría haber llevado el viejo un año más, me podíais haber preguntado si necesitaba otro abrigo’. Estaba realmente enfadado.”

Existía un acuerdo tácito entre los miembros del Partido Comunista de adoptar el mismo estilo de vestir, basado en una guerrera o una camisa de soldado. Los “Soldados de la Revolución”, como los funcionarios del Partido se autodenominaban en aquel tiempo, preferían la ropa semi militar no solo por motivos ideológicos. Muchos de ellos, antes de convertirse en funcionarios gubernamentales, habían luchado en la Primera Guerra Mundial, participado en la Revolución y luego pertenecido al mando del Ejército Rojo en la guerra civil. Estaban más cómodos en ropa militar que vestidos de civil.

Desde 1938, los trajes de los miembros del Partido, incluyendo muchas de las guerreras de Stalin, eran realizados la una tienda de confecciones central que diseñaba los nuevos uniformes para los generales del Ejército Rojo. Todavía existe, como sociedad limitada, con el nombre de Tienda Central de Confecciones Experimentales 43. Stalin personalmente tenía que aprobar los nuevos diseños de uniformes militares, incluso los botones.

El nacimiento del estilo imperial

Cuando estaba en casa, prefería ropa sencilla, según recuerda Artiom Serguéyev: “En casa vestía pantalones de lienzo y chaqueta de lino, que a veces se quitaba, quedándose en camisa, que parecía la de un soldado. Nunca lo vi llevar ropa de civil. Cuando estaba de vacaciones, se ponía un traje de lino con la chaqueta abotonada hasta arriba; a veces, se la desabotonaba, mostrando la camisa blanca que llevaba debajo.”

Por lo que respecta a los sombreros, Stalin prefería una gorra de forma cónica, con un ala, corta y regular, vuelta hacia arriba. Cada una de sus gorras se hacían a mano cuando la anterior se gastaba. Si Stalin, al probársela, veía que la nueva gorra no le convencía, simplemente seguía usando la vieja.

Cuando a Stalin se le otorgaron los títulos de Mariscal de la Unión Soviética y Generalísimo, la imaginación de los diseñadores se dio de bruces contra los gustos minimalistas del líder soviético. La versión original del uniforme, de color aguamarina, con exquisitos bordados de hilo de oro y basado esencialmente en los uniformes de los oficiales rusos de principios del XIX, fue rechazada en su primera presentación y enviada a un museo, donde aún permanece.

En su lugar, se confeccionó una guerrera simple, color gris claro, con cuello camisa (Stalin encontró incómodo el cuello Mao de la versión original), los cuatro bolsillos tradicionales y charreteras de mariscal.

rbth

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