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Los avances de la constitución de la Segunda República española

La Constitución española de 1931 fue aprobada el 9 de diciembre de 1931 por las Cortes Constituyentes tras las elecciones generales españolas de 1931 que siguieron a la proclamación de la Segunda República y estuvo vigente hasta el final de la guerra civil en 1939.

Constitución II República española

En el exilio republicano se continuó reconociendo su vigencia hasta 1977, hasta que en el proceso político de la llamada ‘Transición’ redactó una nueva Carta Magna.

La constitución se organizaba en 10 títulos, con 125 artículos en total, y dos disposiciones transitorias.

Los logros de la Segunda República Española albergan muchos campos trascendentales en la construcción de una realidad ajena a todo lo que había sido España en los siglos anteriores.

El primer hecho notorio e inmediato fue el de la introducción de un sistema parlamentario y democrático que reconocía la libertad ideológica y de pensamiento. De hecho, este factor fragmentó tanto el Parlamento que en las Elecciones Generales de 1933 que 26 partidos obtuvieron representación.

Pero la República se casaba de manera irrenunciable con la libertad, a pesar de que la inmadura democracia española pudiera derivar en una lucha eterna entre posturas parecidas. Otro de los grandes derechos adquiridos en la Segunda República está íntimamente ligado al anterior: el Sufragio Universal, con el reconocimiento de voto a las mujeres por primera vez en la historia del país.

Un hito degollado por la maquinaria propagandística del franquismo. Aunque bien poco le importaba al franquismo el derecho al voto de las mujeres cuando para su escasa ideología la mujer era un simple objeto. Dentro de la composición del nuevo estado no se puede olvidar el inicio de la Separación de Poderes, estableciendo importantes barreras entre el poder legislativo, ejecutivo y judicial.

Aquella constitución de 1931, promulgada en un clima de enorme paz social comparada con la instauración de la primera república española, amparaba otros grandes derechos que colocaron a España como uno de los Estados más progresistas en el ámbito internacional.

Se reconocía, en este sentido, el principio de igualdad constitucional entre hombres y mujeres (recuerden, por ejemplo, que durante el Franquismo las mujeres necesitaban la autorización de sus maridos para abrir una cuenta bancaria, por ejemplo); se reconocía también el derecho al divorcio, celebrado con júbilo por la ciudadanía en la transición española como si fuese algo novedoso; se aplicaba al fin la separación total entre Iglesia y Estado, y se declaraba España como un Estado laico. En estos momentos estamos inmersos en una falsa aconfesionalidad, que aparentemente no vincula al país con ninguna religión, pero que deja su constitución en un limbo del cual se aprovecha en muchos aspectos la Iglesia Católica, que continúa campando a sus anchas por el territorio nacional.

Además de estos derechos constitucionales, durante los años de la República se consolidaron la Sanidad y Educación Pública.

Esta circunstancia es relevante, puesto que el Franquismo se adueñó décadas después de la creación del denominado Estado del Bienestar. Es habitual en las tertulias de bar la aseveración de que Franco fue el impulsor de estos Sistemas Nacionales de los que hoy acostumbramos a sentirnos tan orgullosos.

Dos víctimas más de la propaganda fascista: Franco tan sólo bebió, porque no le quedaba más remedio, de la creación de estos derechos fundamentales del ciudadano. Y todo esto tiene cifras, porque no sólo se quemaron iglesias en la República. También se construyeron miles de  escuelas públicas y cientos de centros de salud, que hubieran sido más si no estallase el conflicto. Un hecho maliciosamente velado.

Otros avances fueron el reconocimiento del derecho al aborto; la eliminación de la censura de los medios de comunicación; la reforma agraria, que tanta falta le hacía a un país que se desangraba entre las manos de sus jornaleros; o el reconocimiento del derecho a la libertad de manifestación y reunión, el cual hoy pende de un hilo con la reciente Ley Mordaza.

La Segunda República fue uno de los períodos más prolíficos en libertades y derechos de los ciudadanos españoles.

La sangre que tapó sus avances ha servido desde su final para olvidar lo que se consiguió en 60 meses, si no contamos los 3 años de Guerra Civil. Porque el Franquismo y la Transición se han afanado en que los españoles no miremos a lo que un día obtuvimos, unidos en una paz social más que aceptable para los tiempos que se vivían en aquel entonces.

Pero la verdad histórica siempre es capaz de erigirse ante la falacia.

lapancartadebitacora

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