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La hipertensión mata el doble que hace diez años

En el Día Europeo de la Prevención del Riesgo Cardiovascular, 14 de marzo, la Fundación Española del Corazón (FEC) pone el foco en el correcto tratamiento de la hipertensión, una enfermedad que sufre casi uno de cada dos adultos y que un tercio desconoce; no es un tema menor, las patologías hipertensivas causaron en 2015 un 90 por ciento más de fallecimientos que una década antes.

Si en 2005 las enfermedades hipertensivas causaron en España 6.661 muertes, en 2015 la cifra saltó a 12.675. Son datos que se desprenden el último informe publicado hace unos días por el Instituto Nacional de Estadística, que sigue situando a las enfermedades cardiovasculares como primera causa de muerte, el 29,39 por ciento de los fallecimientos.

El informe también arroja otros datos preocupantes que merecen ser analizados: la insuficiencia cardiaca, primera causa de ingreso hospitalario, mantiene su cifra de fallecimientos de 2005, situada por encima de 19.000 personas al año; y las cifras de mortalidad en mujeres son alarmantes, pues en 2015 murieron 10.000 mujeres más que hombres por alguna enfermedad cardiovascular.

En el otro lado de la balanza, encontramos también cifras que demuestran que la investigación cardiovascular, el esfuerzo en mejorar la calidad asistencial y las campañas de prevención aportan sus frutos: se ha logrado reducir la mortalidad por infarto en un 32% y por accidentes cerebrovasculares (ictus) en un 18 por ciento.

La hipertensión la sufre el 42, 6 por ciento de la población española, si bien el 37,4 por ciento está sin diagnosticar, según el estudio Di@bet.es. publicado en la Revista Española de Cardiología.

Esta patología es “factor de riesgo de otras enfermedades cardiovasculares como el infarto o el ictus,  por lo que seguramente es causante de muchas más defunciones”, señala el doctor Macaya, presidente de la FEC.

Los daños de la hipertensión

La hipertensión arterial supone una mayor resistencia para el corazón a la hora de ejercer presión sobre las arterias para que éstas conduzcan la sangre a los órganos del cuerpo. Por tanto, el corazón aumenta su masa muscular (hipertrofia ventricular izquierda) para hacer frente a ese sobreesfuerzo, lo que puede desembocar en insuficiencia coronaria y angina de pecho. Además, el músculo cardiaco se vuelve más irritable y se producen más arritmias.

La hipertensión también propicia la arterioesclerosis (acúmulos de colesterol en las arterias) y fenómenos de trombosis (pueden producir infarto de miocardio o infarto cerebral).

Por ello, es fundamental mantener los niveles de HTA bien controlados, manteniendo los niveles de máximos de presión arterial sistólica (máxima) entre 120-129 mmHg, y las de diastólica (mínima) entre 80 y 84 mmHg.

No a la sal

“Ante estas cifras, prevenir y tratar la hipertensión es primordial. La reducción de la sal añadida en los alimentos debe ser una prioridad para nuestros políticos e industria alimentaria; pero no solo de ellos. Retirar el salero de nuestra mesa es una medida que podemos, y debemos, realizar cada uno de nosotros en nuestro día a día”, aconseja el doctor Macaya.

Además, es fundamental la adherencia al tratamiento de los pacientes que tienen la hipertensión arterial establecida y necesitan terapia adecuada para ello.

Mejor en ictus e infartos, peor en insuficiencia cardíaca

Aunque por tipo de enfermedades, las isquémicas (infarto, angina de pecho, …) y las cerebrovasculares fueron las más mortales en 2015, en los últimos diez años se ha logrado una importante reducción en los fallecimientos por estas causas.

Así, en 2015 ha fallecido un 32% menos de personas por infarto y un 18% por accidente cerebrovascular en relación a la última década. “Esto no quiere decir que haya menos personas enfermas, sino que desde 2005 ha habido muchas mejoras en el tratamiento y organización de la atención hospitalaria de estas enfermedades, como el Código Infarto o la generalización de la angioplastia primaria como primera opción terapéutica”, explica el doctor Macaya.

Pero no todo son buenas noticias. La insuficiencia cardiaca o incapacidad del corazón para dotar al organismo de la sangre que necesita para funcionar, sigue provocando prácticamente los mismos fallecimientos que en 2005 y además es la primera causa de ingreso hospitalario.

“Tal y como ya reveló la Sociedad Española de Cardiología a través del informe RECALCAR, existe además una importante inequidad en el tratamiento de esta enfermedad entre comunidades autónomas. La variabilidad de mortalidad intrahospitalaria de esta enfermedad entre comunidades llega a ser del 80%”, recuerda el presidente de la FEC.

Mortalidad cardiovascular en España, primera causa de muerte

Aunque en 2015 hubo un repunte en el número de fallecimientos por todas las causas, analizando la tasa de mortalidad (porcentaje de defunciones por una causa en concreto respecto al total de fallecimientos), las enfermedades cardiovasculares mantienen su tendencia la baja de los últimos años. Mientras que en 2005 el 32,76% de las muertes eran producidas por una enfermedad cardiovascular, en 2015 es el 29,39%.

“Aun así”, recuerda Macaya, “siguen siendo la primera causa de muerte, por delante del cáncer y de las enfermedades respiratorias”.

Por sexos, 10.000 mujeres murieron más al año por alguna enfermedad relacionada con el corazón. La más mortal entre ellas es el accidente cerebrovascular (16.357), que causa hasta 4.000 fallecimientos más que entre los hombres.

Aunque en hombres el accidente cerebrovascular (12.077) también es la que más mortalidad causa, tras el cáncer de bronquios y pulmón (7.239), el infarto (9.423) provoca hasta 3.000 muertes más que entre las mujeres.

Por Comunidades Autónomas, las que tienen la tasa de mortalidad más alta es Andalucía (32,67%), Asturias (32,38%) y Aragón (31,61); mientras que Madrid (25,86%) Navarra (26,37%) y País Vasco (26,92%) son las que menos.

Prevenir y prevenir

Para disminuir la incidencia y enfermedad de la enfermedad cardiovascular, resulta imprescindible controlar sus factores de riesgo (diabetes, hipertensión, sedentarismo, tabaquismo, sobrepeso, obesidad y abuso del alcohol entre otros) pues tener uno aumenta muy significativamente las posibilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular, pero tener más de un factor de riesgo multiplica exponencialmente estas probabilidades.

Tan solo siguiendo una dieta equilibrada y variada (basada en frutas, verduras, pescado, legumbres, poca carne roja…), practicando ejercicio de manera regular (al menos 30 minutos cinco días a la semana) y abandonando el hábito tabáquico, podrían reducirse espectacularmente las estadísticas de enfermedad cardiovascular. Si ya se padece la enfermedad, además de adoptar estos buenos hábitos de vida, también hay seguir estrictamente el tratamiento prescrito por el especialista”, concluye el doctor Macaya.

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