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Iván Kónev

Iván Kónev nació en 1897 en el seno de una familia campesina. Antes de la Primera Guerra Mundial logró terminar el colegio técnico y trabajó de maderero transportando madera por un río. En la primavera de 1916 fue reclutado por el Ejército y participó en la Primera Guerra Mundial.

Tras la Revolución de Octubre, Kónev inmediatamente apoyó el nuevo Gobierno y se afilió al Partido Bolchevique. Ostentó el cargo de comisario militar durante la guerra civil, dedicándose al reclutamiento de soldados para las filas del Ejército Rojo, movilizando soldados y realizando el trabajo de intrucción política.

El comisario del pueblo para la Defensa, Kliment Voroshílov tuvo un papel importante en el destino del joven comisario cuando a mediados de 1920 le propuso trasladarse del área política a la militar. No hizo falta decírselo dos veces. Durante los años de la guerra Kónev se graduó de la Academia Militar y gradualmente subió peldaños en su carrera: dirigió una división, un ejército y una circunscripción militar.

El papel de Kónev en la Gran Guerra Patria

Kónev inició su participación en la Gran Guerra Patria en calidad de comandante general del 19.° Ejército. Cuando en los accesos de la ciudad de Smolensk tres ejércitos cayeron en el cerco alemán, encabezó la contraofensiva y consiguió parar el grupo de tanques del general Gott. Sin embargo, la amenaza persistía. Stalin decidió optar por Kónev en su búsqueda del candidato para la sustitución del comandante general del Frente Occidental. El 11 de septiembre le fue otorgado el grado de coronel general y fue designado comandante del frente. A pesar de esto, ni siquiera un milagro sería suficiente para salvar la situación; ni hablar de que lo pudiera lograr un general recién estrenado.

Al llegar fuerzas frescas, los alemanes lanzaron la ofensiva contra Moscú tras romper la defensa del Frente Occidental, el Frente de la Reserva y el Frente de Briansk. La situación estaba al borde de la catástrofe. El 4 de octubre, Kónev anunció a Stalin la amenaza del cerco de tres ejércitos proponiéndole el repliegue. La comunicación fue interrumpida y de Moscú no se consiguió ninguna respuesta. Como resultado, al cabo de tres días los alemanes consiguieron cercar a un mayor contingente, justo lo que temía Kónev. En su cargo de comandante lo sustituyó Gueorgui Zhúkov.

Este último fue el que salvó a Kónev del Tribunal Militar. Solo Zhúkov no temió apoyarlo, al declarar que “Kónev es una persona inteligente y será útil”. Como resultado, Kónev se convirtió en el subrogante de Zhúkov y demostró ser digno de confianza. A mediados de octubre, el Frente de Kalinin, confiado al mando de Kónev, logró una victoria muy importante al derrotar a grupos de tanques alemanes y detener su avance hacia Moscú desde el norte. Al poco tiempo el Frente de Kalinin se transformó en una subdivisión independiente bajo el mando de Kónev.

Más tarde tuvo diferentes papeles en muchas operaciones importantes del Ejército soviético. En 1942 participó en la contraofensiva en la batalla por Moscú y, en particular, participó en los combates por la liberación de Rzhev. En 1943, durante la batalla de Kursk, las tropas del Frente de la Estepa al mando de Kónev liberaron las ciudades de Bélgorod y de Járkov. En el curso de la Operación de Korsun-Shevchenko (parte de la operación general para liberar Ucrania), Kónev comandó el II Frente Ucraniano, que participaba en el cerco de un grupo alemán de importancia.

Por las brillantes victorias militares a Kónev le fue otorgado el grado de mariscal de la Unión Soviética (20 de febrero de 1944). A finales del verano de 1944, sus tropas derrotaron al grupo de ejércitos “Ucrania del Norte” dirigido por el comandante alemán con más experiencia y talento: el mariscal de campo Erich von Manstein. Por sus logros el mariscal soviético fue galardonado con el título de Héroe de la Unión Soviética.

La toma de Berlín

En la última etapa de la guerra el destino quiso que se encontraran Kónev y Gueorgui Zhúkov. Les confiaron la operación de la toma de Berlín.

En relación con esta circunstancia surgió una leyenda muy persistente según la cual el mismo Stalin habría provocado la rivalidad entre ambos. El premio fue la gloria del ganador y la moneda de cambio fueron las vidas de los soldados.

Esta leyenda surgió en tiempos soviéticos de manos de Iván Kónev. En sus memorias hay un relato sobre la discusión que hubo en el Gran Cuartel General: “Trazando la línea con el lápiz, Stalin de repente la interrumpió en la zona de la ciudad de Lübben, que se encontraba a 60 kilómetros más al sudoeste de Berlín. La línea divisoria fue interrumpida primeramente en el lugar a donde teníamos que salir al tercer día de la operación. Luego, (evidentemente según la situación) entre líneas se suponía la posibilidad de la iniciativa de parte del mando de los frentes […] Surge la pregunta ¿esta interrupción en Lübben significará una exhortación secreta para la competición entre los frentes? Admito esta posibilidad. En cualquier caso no la excluyo”.

Sin embargo, las directivas del Gran Cuartel dirigidas a los comandantes de los frentes muestran otro cuadro. Si a Zhúkov, comandante del primer Frente Bielorruso, le fue dada la orden clara de “apoderarse de la capital de Alemania, la ciudad de Berlín”, a Kónev, el comandante del primer Frente Ucraniano, le estaba ordenado solamente “derrotar la agrupación enemiga… más al sur de Berlín” y no se decía nada sobre la ciudad misma.

Pero es malo el soldado que no sueña con hacerse general y también lo es el jefe militar que no sueña con entrar en la capital del enemigo. Al recibir la orden, Kónev, a espaldas del Gran Cuartel y de Stalin, empezó a planificar la ofensiva sobre Berlín. Conquistar la capital alemana era misión del 3.er Ejército de la Guardia. En la directiva fechada el 8 de abril, dirigida personalmente por Kónev al comandante general Vasili Gordov, se indicaba “atacar Berlín desde el sur con las fuerzas principales”.

Pero sucedió que en el avance del primer Frente Bielorruso bajo el mando de Zhúkov algo se dilató. Inicialmente le habían dado la parte más complicada del frente en el que esperaban el avance. Entonces, Stalin cursó la orden a Kónev de cambiar el rumbo a Berlín. Como resultado ambos frentes rodearon la ciudad, asimismo la circundaron las fuerzas principales del 9.° Ejército de los alemanes en el sudeste de la capital. Este momento se hizo crucial en el curso del asalto. Al cabo de 10 días la ciudad fue tomada.

Durante las semanas de combates decisivos y feroces, ambos mariscales más de una vez incentivaron a sus subalternos aspirando a ser primeros en cumplir la orden de Stalin. La competencia fue inevitable. El primer telegrama sobre el anhelado éxito —aunque parcial— fue enviado a Moscú desde el cuartel del primer Frente Ucraniano a las 22:00 del 22 de abril. Fue cuando las tropas soviéticas irrumpieron en la parte meridional de la ciudad. Sin embargo, en la historia entró solamente uno de los caudillos que tomaron Berlín: Zhúkov.

En la orden del 2 de mayo, Stalin del modo siguiente formuló la aportación de los frentes en la toma de Berlín: “Las tropas del primer Frente Bielorruso bajo el mando del mariscal de la Unión Soviética Kónev, al haber luchado en los feroces combates de las calles, terminaron por derrotar a la agrupación de tropas alemanas de Berlín y hoy, 2 de mayo, se apoderaron por completo de la capital de Alemania, la ciudad de Berlín, centro del imperialismo alemán y foco de la agresión alemana”.

Kónev y la Madonna

En último año de la guerra los aliados bombardearon sin piedad las ciudades alemanas. En febrero de 1945, en el curso del tristemente conocido ataque de la aviación británico-estadounidense, la ciudad de Dresde fue convertida en ruinas humeantes. En aquel entonces fallecieron, según los últimos datos estadísticos, alrededor de 30 000 civiles y fue aniquilado el edificio de la pinacoteca de Dresde, famosa en todo el mundo.

Los soldados del primer Frente Ucraniano descubrieron cuadros de la pinacoteca de Dresde en socavones en las afueras de la ciudad, escondidos allí para resguardo de los bombardeos y saqueadores. Entre los lienzos se encontraba el famoso cuadro de Rafael La Madonna sixtina, obra que Kónev conocía y apreciaba mucho. Según una de las versiones, el descubrimiento de este cuadro fue una pura casualidad, pero según otra, Kónev personalmente inició la búsqueda del lienzo al enterarse de que los cuadros habían sido ocultados por los colaboradores del museo. En cualquier caso, cuando encontraron las obras maestras, él hizo todo lo posible para salvarlas.

De Moscú llamaron urgentemente a un grupo de restauradores quienes, al examinar los hallazgos, dijeron que había que evacuarlos inmediatamente. Entonces, Kónev ofreció su propio avión para el transporte de los cuadros a la URSS. La restauradora saludó al militar y dijo:

—Pero, Iván Serguéyevich, esto da miedo.

—¿Por qué da miedo? Es un avión muy seguro. Yo mismo suelo ir en él.

—Pero usted es un mariscal y ella es una Madonna— le contestó la restauradora.

Después de esto en el frente los soldados bromeaban, si había que hacer algo difícil: “Pues soy un mariscal, no soy una Madonna”.

Pasados varios años tras la guerra, los lienzos de la pinacoteca de Dresde fueron devueltos a su patria.

Víctima de las intrigas políticas

El primero de junio de 1946, en la sesión del Soviet Supremo de la URSS, en el que Stalin abiertamente intervino contra Zhúkov culpándolo de bonapartismo, el general fue depuesto de su cargo y designado a la circunscripción militar secundaria de Odesa. Stalin no podía someter a represión al mariscal porque este era popular, tanto entre los soldados como entre los civiles, y eso se hizo evidente durante la asamblea. Por Zhúkov intercedieron los mariscales Vasilevski y Rokossovski; su defensor más apasioando fue Kónev.

La siguiente vez que los mariscales tuvieron que participar en los juegos políticos del poder ya fue durante los tiempos de Nikita Jruschov. En aquel entonces Kónev ocupaba el cargo de primer subrogante de Zhúkov, ministro de Defensa de la URSS. En su tiempo Zhúkov apoyó a Nikita Jruschov, por lo que más tarde recibió dicho alto cargo en el Gobierno. Pero con el pasar del tiempo, Jruschov empezó a sentir algo de miedo del popular jefe militar.

En otoño de 1957 para desacreditar al mariscal, Jruschov orquestó un espectáculo entero que, por supuesto, no podía haber montado sin la participación de sus colegas militares. Esta vez Kónev no pudo o no quiso interceder por su jefe, no le avisó del complot que se preparaba. Y hasta intervino en la sesión plenaria con un discurso acusatorio. Más tarde en el principal periódico del país, Pravda, salió publicado un artículo con una crítica a Zhúkov firmado por Kónev. Como más tarde diría Kónev, se vio obligado a dejarse manejar por Jruschov, trató de rehacer este artículo que había sido escrito de antemano por otra persona, pero ya todo estaba resuelto por adelantado. Zhúkov se ofendió y, al encontrarse casualmente a Kónev en la calle, le dijo: “¡Iván Stepánovich, escriba la refutación!” Kónev le contestó: “Gueorgui Konstantínovich, nadie lo va a editar. Es la decisión del partido, y en nuestro país es la ley”.

Es difícil constatar qué es verdad y qué es invención. Pero se sabe con seguridad que Kónev se sentía muy angustiado por esta situación, que se culpaba por la bajeza de espíritu. Él, mariscal de combate, había cobardeado en esta situación. Varias veces trató de reconciliarse con Zhúkov, pero sin resultado. Una historia, cuya existencia niega la hija de Kónev, cuenta que ya siendo de avanzada edad, el mariscal escribió a Zhúkov una carta de arrepentimiento. Y este le contesto: “¡Nunca perdono la traición! ¡Pídale perdón a Dios! ¡Obtenga el perdón por sus pecados rezando en la iglesia!”

Otra vez Kónev fue útil para Jruschov durante la crisis de Berlín en 1961. En aquel entonces los tanques soviéticos y estadounidenses estaban unos contra los otros, listos para el combate, en las calles de Berlín. La situación era extremadamente tensa, y una chispa habría sido suficiente para el comienzo de acciones militares. Solamente una persona que fuera bien conocida y respetada por los aliados, podía resolver esta situación. Para este papel seleccionaron a Kónev, que personalmente conocía el mando estadounidense aun desde la guerra. Fue una decisión correcta, la crisis quedó superada. El mismo Jruschov llamó esta designación de Kónev “la jugada con el caballo” (el apellido Kónev tiene la raíz “kon” que en ruso significa “caballo”)

En 1962, Iván Kónev se retiró del cargo. Los últimos años vivió escribiendo sus memorias aislado junto con su familia en una casa en las afueras de Moscú. Iván Stepánovich Kónev murió en 1973. Lo sepultaron al pie de la muralla del kremlin en la Plaza Roja.

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