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Forjar conciencia mediante la educación humanista, una necesidad permanente

Probablemente, el mayor enemigo de los pueblos no sean las armas más mortíferas del enemigo -en este campo se le enfrentan poderosas y consecuentes contrapartes partidarias de la paz-, sino la manipulación mediática, psíquica y cibernética que envuelven, con suma facilidad, a millones de personas en el mundo; para eso Occidente ha estudiado de modo pormenorizado la psiquis humana, lo cual le permite moldearla de acuerdo con sus propios cálculos.

Por Manuel Moncada Fonseca*

*Blog del autor

Así las cosas, es en verdad imperiosa la necesidad de potenciar instrumentos eficaces en contra de dicha manipulación, llevada a extremos inverosímiles. El juego suicida la Ballena Azul es una muestra palmaria de hasta dónde han llegado las cosas, que ya ha dejado víctimas en Latinoamérica, España y Rusia; y recién llega a China. La última prueba de tan nocivo juego es el suicidio.[1] Pensamos que este tipo de manipulación tiene por base el empleo del coaching y de las TIC en muy distintas instituciones, en el cine, la televisión y en una amplísima gama de ambientes, como las aulas de clase, donde se les ha endiosado.

“El Coaching, como terapia, bebe directamente de una fuente llamada conductismo (…), que es el método preferido por la mayoría de los psicólogos que forman esa (…) especialidad médica llamada Psicología Clínica. Para los no iniciados, el conductismo es esa terapia que ha logrado igualar a perros y humanos, y que se centra en las actuaciones sobre una conducta que puede ser cambiada a través de estímulos positivos o negativos.”[2] Y las TIC andan por ese mismo rumbo: en realidad son un conjunto de herramientas para disolver la subjetividad y la comunidad, subsumiéndolas en el flujo de relaciones intersistémicas propias de la sociedad cibercultural.[3]

A lo anterior se suma la tendencia dominante a eliminar las humanidades de la formación universitaria. En efecto, desde hace décadas, el mundo Occidental está maquinando y poniendo en marcha un engranaje completo que conspira en función de que la capacidad para comprender el mundo, se convierta en un asunto exclusivo de las grandes élites, al grado que, señala el autor Xavier Díez, en las “academias militares de West Point o Sandhurst recomiendan a sus futuros oficiales a graduarse en alguna rama de las humanidades.” La razón es sencilla: “Con las humanidades es posible adquirir las habilidades para pensar y mandar. Con las competencias básicas, destinadas para los estratos inferiores, se adquieren las capacidades imprescindibles para trabajar y obedecer, sin tener recursos para cuestionar órdenes.”[4]

En consecuencia no es sobrancero señalar que lejos de preocuparse por el individuo, como ha prometido siempre, acota el autor señalado, Occidente abandona al que no pertenece a las élites a su propia suerte: “El individuo ya no tiene ninguna referencia, se encuentra solo, abandonado, desprotegido, y eso no hace más que generar un malestar y un miedo, que (…) será explotado por cualquier aventurero político o por algún aprovechado dispuesto a vender soluciones milagrosas (casi siempre utilizando formas de “coaching” y pensamiento positivo)”.[5] Fórmulas que conducen, añadimos, una (el coaching), a que el individuo se culpe a sí mismo de sus desgracias; la otra (el positivismo) a que contemple los fenómenos sociales sin que medie para nada la interpretación crítica en torno a las causas que los generan.

Considerando lo anterior, amén del estudio sistemático de los instrumentos que usa el capital para enajenar al ser humano, sin ser una fórmula mágica, ni tampoco un reto fácil, la educación libre, potenciada al máximo, se cuenta entre los instrumentos destinados a contrarrestar el poder mediático. En este caso, hablamos de la que proporciona elementos para comprender la complejidad del mundo social en que vivimos y de la que promueve una participación cada vez más amplia y directa de las masas y de los individuos en todo proceso que los beneficie.

Cuando hablamos de individuos, aclaramos, no hacemos referencia a los que rezuman individualismo sistémico, impreso en ellos profusamente; sino a aquéllos que, preservando su individualidad, desean y son parte consustancial de las multitudes. Y al referirnos a éstas, tenemos en cuenta a esas que no se dejan absorber ni instrumentalizar por sus enemigos de clase, como lo muestran, diáfanas, las venezolanas;[6] a esas que, por tanto, preservan su identidad como personas, actuando con consciencia plena de lo que son, hacen y aspiran.

La educación, cuando es auténtica, sin remilgos debe admitirse, está llamada a politizar e ideologizar en buenos términos. Obviamente, ello está lejos de negar el liderazgo que desenvuelven determinadas fuerzas y organizaciones políticas; por el contrario, lo reafirma, pero en función de unir y movilizar lo que Darío llama “vigores dispersos”. Son ellas las llamadas a facilitar una sistemática formación en los ámbitos señalados y, en general, en todo lo atinente al ser humano. Empero, para llegarle a las grandes multitudes y a los individuos hace falta que éstos sean parte activa de su propia formación y liberación, desde luego, con una dirección dinámica y abierta de por medio, capaz de asumir críticas oportunas a su desempeño.

No debe soslayarse que el enemigo al actuar lo hace en consonancia con su naturaleza antihumana. De él no puede esperarse ninguna bondad. En consecuencia, corresponde a los afectados por sus acciones responder con lo que dispongan y más para resistirlo, neutralizarlo o derrotarlo, según las posibilidades dadas, mismas que se multiplican cuando se estimula la inventiva popular en todos los órdenes.

Resulta fuera de duda que, hoy por hoy, la politización y la ideologización se ejercen mucho más por esa “educación” que se encargan de sembrar, difundir e inocular los enemigos de la humanidad que la emprendida por las fuerzas organizadas de los pueblos. Sin embargo, pensamos que ello no es sólo resultado de los ingentes recursos que el enemigo de los pueblos posee; probablemente sea también corolario de que no se ha terminado –o, en el peor de los casos, no se quiere del todo- comprender el sentido y la fuerza que la educación liberadora posee.

Expuesto lo anterior, vienen al grano estas palabras que muestran un planteo desde Cuba, no para calcarlo -porque las experiencias de los pueblos pueden parecerse, pero nunca son idénticas-, sino como experiencia a tomar en cuenta por su sentido crítico: “… si de verdad queremos alcanzar objetivos trascendentes de emancipación, el único modo que tenemos de aumentar la productividad y la eficiencia, de generar crecimiento económico por medios socialistas, es a través de la conciencia, de la educación, de la formación de nuevos hombres y mujeres, y de nuevas relaciones sociales de producción entre ellos. En este sentido, el control real de los trabajadores sobre la política y la economía, no es un adorno o un lujo, sino una necesidad vital de la transición, su modo de existencia, y la principal forma que tiene para desarrollar las fuerzas productivas en un sentido socialista.” [7]

[1] RT. El juego suicida de la ‘ballena azul’ se extiende por todo el mundo y alcanza China. https://actualidad.rt.com/actualidad/238017-peligroso-juego-ballena-azul-llega-china
[2] Palabra de pez abisal. El coaching en televisión. http://palabradepezabisal.blogspot.com/2010/07/el-coaching-en-television.html
[3] Carlos Soldevilla. Los efectos perversos de la comunicación. http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/8/csoldevilla.htm
[4] Xavier Díez. Mercantilización de la educación. http://vientosur.info/spip.php?article12598
[5] Ibíd.
[6] Lo que ocurre en Venezuela “…no se trata, en realidad, de un enfrentamiento entre un gobierno revolucionario y sus adversarios políticos, o una lucha política de una oposición política contra su gobierno. Recordemos que la figura de “la oposición” requiere lealtad ante un sistema político, porque ésta resulta ser parte del poder; sin embargo, en Venezuela encontramos la confrontación de dos poderes: el de la revolución y el de la contra revolución. Solamente así podemos entender la espesura de la pelea. Ya no se trata simplemente de la lucha contra un gobierno, ni contra un régimen, es el afán de deshacerse de un proceso revolucionario hasta sus raíces.” Dagoberto Gutiérrez. Una escuela llamada Venezuelahttp://voces.org.sv/2017/05/12/una-escuela-llamada-venezuela/
[7] Frank Josué Solar Cabrales’. Pensamiento Crítico’ en la transición socialista
http://www.lahaine.org/pensamiento-critico-en-la-transicion

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