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Historia de la literatura rusa antes del siglo XX

La literatura rusa escrita empezó a desarrollarse después de que el país adoptara el cristianismo y el alfabeto cirílico. Los libros fueron un medio de propagar la fe y servir en los oficios religiosos. Los primeros libros que aparecieron en Rusia fueron traducciones del griego.

Siglos X-XI

El honor de ser considerado el primer libro en eslavo eclesiástico lo ostenta el llamado Código de Nóvgorod, hecho de madera de tilo. Fue descubierto en el año 2000, tiene cuatro páginas y data de finales del siglo X. Es una selección de salmos.

A finales del siglo X apareció también una breve crónica sobre los hechos de san Vladímiro el Grande, gran príncipe de Kiev. El Estado ruso antiguo, dividido en varios principados, cada uno con su propio gobernante, se llamaba la Rus de Kiev y estaba dirigido por el príncipe de la ciudad de Kiev, capital de la actual Ucrania, la más poderosa e influyente de aquel entonces, entre 980 y 1015. San Vladímiro recibió el bautismo en el año 988 e inició la transición del país al cristianismo. Entre finales del siglo X e inicios del siglo XI fue registrado por escrito un ciclo de poemas heroicos folclóricos sobre el santo, ya no en eslavo antiguo, sino en ruso antiguo.

Otra etapa de la literatura popular la marcaron las obras en corteza de abedul fechadas entre los siglos XI y XV: encantamientos, chistes, enigmas, selecciones de recetas y muchas otras.

En la literatura rusa existía una distinción muy clara: los textos religiosos estaban escritos en eslavo eclesiástico, mientras que los laicos se escribían en ruso antiguo, la lengua de comunicación en la vida cotidiana. Uno de los textos eclesiásticos más famosos de este período es El cantar de la ley y de la gracia de Dios del primer metropolitano de toda Rusia, Hilarión, fechado entre 1037 y 1050. La obra está dedicada al tema de la igualdad de los pueblos ante Dios y la Iglesia universal.

Siglo XII

A finales del siglo XII apareció la obra más famosa de la literatura rusa antigua: El cantar de las huestes de Ígor. El argumento de ese poema anónimo en eslavo antiguo está dedicado a una campaña perdida en 1185 por los príncipes rusos contra las tribus de cumanos que amenazaban la región con constantes incursiones. La obra representa una sorprendente mezcla del cristianismo con el todavía existente paganismo: en el fragmento más famoso del poema, “El llanto de Yaroslavna”, la mujer del príncipe llora la batalla de su marido con el enemigo desde la muralla de su castillo, invocando a los elementos: al sol, al viento, al río Dniéper… Los versos están llenos de simbolismo poético, de metáforas insólitas y llamamientos políticos bastante drásticos a los príncipes gobernantes para que unan sus esfuerzos contra un enemigo común. La notable diferencia de esta epopeya frente a otros textos de la época hizo que los especialistas llegaran a considerar que se trataba de una falsificación posterior, del siglo XVIII. Sin embargo, hoy domina la opinión de que es auténtica. Muchos expertos coinciden en que la obra forma parte de una tradición épica de la Rusia antigua totalmente perdida en la actualidad.

Siglo XIII

En el siglo XIII aparecieron las primeras obras de género epistolar. Uno de los ejemplos más destacados es La plegaria de Daniil el Prisionero, una petición del autor a Yaroslav II, el príncipe de Pereslavl en aquel entonces, que más tarde, en 1236, se convertiría en el gran príncipe de Kiev y desde 1236 también en el gran príncipe de Vladímir. El texto está fechado entre 1213 y 1236. Combina citas de la Biblia y crónicas de la época con elementos de la lengua oral y sátiras contra los nobles y las autoridades eclesiásticas. No se dispone de datos biográficos acerca del autor pero una de las versiones populares afirma que Daniil fue un exiliado o un recluso que se dirigía al príncipe en busca de ayuda.

Siglo XV

Mientras el siglo XIV se caracterizó por un fuerte desarrollo del género de “peregrinajes” (descripciones muy solemnes en eslavo antiguo de viajes a lugares santos), fue en el siglo XV cuando apareció la primera obra laica de este tipo: El peregrinaje a través de tres mares del comerciante de la ciudad de Tver Afanasi Nikitin. Afanasi fue un mercader que entre 1466 y 1474 emprendió un viaje a la India. Sin embargo, su expedición no le trajo ningún éxito comercial, con lo cual no tuvo recursos para regresar a casa. Finalmente, eligió un camino de vuelta a través de Persia, Somalia, Omán y Turquía. Sin embargo, jamás consiguió volver a ver su hogar: murió en el camino, en la ciudad de Smolensk, que en aquel entonces pertenecía al Gran Ducado de Lituania. Todas las aventuras que vivió y los países que visitó los describió en un diario que llevaba consigo. Su obra llegó a manos de un funcionario de Moscú y su texto se registró en las crónicas.

Siglo XVI

En los siglos XV y XVI en la literatura rusa siguió desarrollándose el género epistolar, de hecho, el siglo XVI está marcado por una obra maestra de este tipo: Cartas entre el zar Iván el Terrible y el príncipe Andréi Kurbski, un exiliado que obtuvo la fama de ser el primer “disidente” ruso, al escapar de las represalias del zar a Lituania, parte del Imperio polaco de aquel entonces. Hoy en día se conocen cinco cartas: dos de Iván IV y tres de Kurbski. Los temas principales son cuestiones sobre el poder eclesiástico en el país y el carácter de la monarquía; el príncipe argumentaba a favor de limitar la monarquía y de aumentar el papel de los nobles en la dirección del Estado, mientas que el zar declaraba el poder absoluto como única opción. Aparte, los mensajes de Iván el Terrible estaban llenos de drásticas acusaciones, maldiciones y groserías contra el traidor: “perro” y “consejos que hieden más que excrementos” fueron de las más suaves.

Otra obra maestra del siglo fue Domostrói (“Estructura del hogar”), una selección de reglas, instrucciones y consejos acerca de cómo debe administrarse la casa y la vida dentro de una familia: incluía recetas, prescripciones de qué vestir en diferentes ocasiones, de cómo y cuándo rezar y muchos otros detalles. A pesar de estar escrita en eslavo antiguo y no en ruso antiguo, contenía muchos proverbios y refranes. Reflejaba la ideología patriarcal de la época y entre las frases más famosas del libro está: “una esposa buena, trabajadora y silenciosa es una corona para su marido”, “no lamentes golpear a un joven: si lo castigas con una varilla, no morirá sino que se hará más fuerte”.

Después de 1547 apareció El relato de Piotr y Fevronia de Múrom. La peculiaridad de esta obra es que estaba basada en leyendas orales y cuentos folclóricos y reflejaba motivos mitológicos: una lucha contra una serpiente y una muchacha que resolvía enigmas.

Siglo XVII

El siglo XVII siguió modificando el género hagiográfico y vio el primer experimento laico de estilo. El innovador texto de Vida del arcipreste Avvakum, escrito por el mismo religioso entre 1672 y 1673, fue una pura autobiografía. El autor, el arcipreste Avvakum, fue un sacerdote que se opuso a la reforma religiosa que quería acercar la liturgia de la Iglesia ortodoxa rusa a la griega y encabezó masas de creyentes ordinarios que no querían traicionar la fe y las tradiciones de sus padres. Los llamados “viejos creyentes” perdieron y Avvakum fue perseguido, torturado y desterrado. Pasó quince años en el exilio y murió en la hoguera acusado de injurias al zar. La Vida fue escrita precisamente durante el período de destierro. En el texto, Avvakum abarca tanto debates religiosos e ideológicos como recuerdos personales, aventuras y sus pecados más íntimos. Las innovaciones penetraron en el estilo propio de las descripciones también: el lenguaje de la obra es una mezcla de elementos solemnes y habla popular.

Siglo XVIII

En el siglo XVIII empezó a desarrollarse muy rápidamente la lengua literaria propiamente rusa, mientras que los ámbitos de uso del eslavo eclesiástico se fueron reduciendo.

Clasicismo

Durante el siglo XVIII en la literatura rusa reinó el clasicismo. La corriente presuponía que una obra literaria debía componerse en conformidad con unas reglas estrictas, reflejando así la estructura armónica del universo. El objeto siempre era algo eterno y “elevado” y el propósito, destacar algunos rasgos característicos, dejando aparte todo lo intrascendente, es decir, lo individual. Los personajes carecen de dinámica, no cambian ni sus posturas, ni menos su carácter durante la acción y se dividen muy explícitamente en “buenos y malos”, los primeros suelen transmitir al público el punto de vista del autor.

Los tres principios básicos de una obra clásica son:

– la unidad de acción: la línea del argumento debe ser única, las demás se minimizan;

– la unidad de lugar: la acción no se traslada en el espacio;

– la unidad del tiempo: la acción de la obra no debe durar más de veinticuatro horas.

El clasicismo estipula una jerarquía muy estricta de géneros que se dividen en “elevados” (como la oda, la tragedia o la epopeya) e “inferiores” (como comedias, sátiras o fábulas): cada género tiene sus propias características y no se pueden mezclar elementos de diferentes estilos.

En Rusia, el clasicismo se desarrolló bajo la fuerte influencia de la Ilustración y sus ideas de igualdad y justicia, con lo cual, los autores se centraban en dar sus propias valoraciones de la realidad histórica. Desde este punto de vista, la obra más representativa de los géneros “inferiores” es la comedia de Denís Fonvizin El menor (1782), la cual, a través de sus personajes grotescos y caricaturescos, revela todos los vicios de la sociedad aristocrática provincial de la época: falta de educación básica, violencia doméstica y tiranía. El protagonista, un adolescente de familia noble, a pesar de su edad bastante madura ni siquiera sabe contar; sus instructores tampoco saben lo que supuestamente tienen que enseñar; y su madre no vacila en golpear tanto a sus siervos como a su marido.

En los géneros “elevados” el pionero resultó ser Mijaíl Lomonósov con sus odas. Lomonósov era un astrónomo, químico y físico ruso que además formuló las leyes del clasicismo (originado en Francia) para la literatura rusa y sistematizó elementos de diferentes estilos funcionales, del estilo hablado, del estilo comercial y jurídico y del estilo alto libresco.

Sentimentalismo

A finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX la literatura rusa adopta las ideas del sentimentalismo, corriente que apareció en Europa en 1720 a raíz del llamamiento de Jean-Jacques Rousseau a aproximarse a la naturaleza. El sentimentalismo ruso se caracteriza por una aproximación muy subjetiva a la realidad, al culto a las emociones, a la naturaleza y a la pureza innata. Defiende la riqueza espiritual y la ausencia de vicios en los representantes del estado llano.

La obra más famosa del género es Pobre Liza (1792) de Nikolái Karamzín. Liza, una campesina pobre, conoce a un joven noble y se enamoran. El aristócrata le comunica que debe participar en una campaña militar y por eso la abandona. La joven, enamorada, se atreve a acostarse con su amado antes de su partida. Al cabo de unos días él se va. Pasados unos meses, Liza ve a su enamorado en la calle en un carruaje de lujo y recibe la noticia de que va a casarse con una mujer rica: había perdido su fortuna jugando a las cartas. Liza se suicida.

Siglo XIX

Romanticismo

En el siglo XIX la corriente sentimentalista en la literatura rusa desemboca en el romanticismo. El romanticismo afirma el culto a la naturaleza, a los elementos y a la armonía entre estos y el ser humano. Aparece el personaje del “noble salvaje”, armado con una sabiduría natural y sin estar viciado por la civilización. Se acentúa el interés hacia los motivos mitológicos y los personajes legendarios y se canta a la libertad y al individualismo. La poesía adquiere un nuevo valor, empieza a considerarse un modo de expresar las aspiraciones ideales, las más espirituales del ser humano.

En Rusia el romanticismo se asocia, en primer lugar, con la poesía de Vasili Zhukovski de la primera década del siglo XIX. Sus baladas se basaban en traducciones o adaptaciones a la realidad rusa de obras europeas.

El poeta romántico más destacado del país fue Mijaíl Lérmontov (1814-1841), a veces llamado “el Byron ruso”. Estuvo considerado la figura más importante de la poesía rusa desde la muerte en duelo de Alexandr Pushkin en 1837 hasta la suya propia, cuatro años más tarde, también en un duelo. En sus poesías la figura central es una “persona superflua”; el término denomina a alguien que, a pesar de tener talento o capacidades destacadas, no puede desarrollarlo y vive un destino trágico.

El romanticismo ruso llegó a su culminación en 1840 en las obras de otro poeta, Fiódor Tiútchev, en cuyos versos medita sobre el universo, el destino humano y la naturaleza.

Realismo crítico

En 1830 y principalmente en 1840, en la literatura rusa se desarrolla el realismo crítico: corriente que representa personajes humanos en sus vínculos con las circunstancias sociales y se centra en analizar el mundo interior del individuo. Aparece entonces la figura de la “persona pequeña”, es decir, ordinaria e insignificante; se trata de un tipo de personaje de una posición social bastante baja, sin ninguna capacidad destacada ni fuerza de voluntad, que no hace nada malo a nadie, con sus historias dramáticas pero muy cotidianas. Su objetivo principal es presentar “la verdad” de la vida.

Por diferentes que sean, entre los escritores realistas se encuentran Dostoyevski, Tolstói, Gógol, Nekrásov y Saltykov-Schedrín.

Mezcla de corrientes

El primero en presentar a una “persona pequeña” al lector fue el gran poeta y escritor, creador de la lengua literaria rusa, Alexandr Pushkin. Un romántico en muchos de sus versos, en su serie de obras en prosa Los relatos de Belkin (1830) se convierte en realista y describe tragedias cotidianas de personas corrientes. Pese a que cada uno de los cinco relatos introducía un nuevo tipo de personaje que transgredía todos los cánones existentes de la literatura de aquel entonces, el global de la obra correspondía a un género tradicional de la época: algunos relatos al sentimentalismo y otros al romanticismo.

Otro notable experimento de mezcla de géneros lo emprendió una década antes que Pushkin Alexandr Griboyédov con su comedia La desgracia de ser inteligente, finalizada en 1824. La obra literaria de este destacado diplomático ruso combina elementos de clasicismo (unidad de acción: veinticuatro horas), romanticismo (el fracaso total de un personaje de talentos fenomenales pero desperdiciados) y realismo a la vez. La comedia, de la cual multitud de frases se han convertido en refranes y proverbios, es una atrevida sátira contra la alta sociedad moscovita, donde reinaban la falsedad, la hipocresía y el favoritismo.

Realismo sociológico

El fin del siglo XIX es la época de Antón Chéjov en la literatura rusa. Varios críticos denominan a este periodo “realismo sociológico” ya que los temas principales del escritor y dramaturgo son los problemas y los cambios en la sociedad y el destino de los individuos en ella. Fue pionero en emplear el método del “fluir de la conciencia” (un monólogo interno del personaje que reproduce sus impresiones, asociaciones y pensamientos inmediatos en el momento del habla), posteriormente adoptado por los modernistas y por James Joyce en primer lugar.

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