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Duarte: presunto inocente

Parece que la ley –que no la justicia- será benévola con Javier Duarte de Ochoa, ex gobernador de Veracruz y hoy detenido en México para que aclare aquello de la desaparición misteriosa de por lo menos 438 millones de pesos y que, por ahora, nadie sabe-nadie supo-y acaso nadie sabrá a dónde fueron a parar si el juego de inconsistencias de la PGR sigue como hasta ayer mismo.

Por Joel Hernández Santiago*

“El caso Duarte” se ha convertido ya en un espectáculo trágico en México. Por un lado un gobernante acusado de delitos en los que se presuponen delincuencia organizada, lavado de dinero, malos manejos financieros en perjuicio de Veracruz y más…

… Un gobernador durante cuya gestión (2010-2016) ocurrieron muertes de periodistas y abusos a derechos humanos, tragedias humanas y quebrantos sociales; un gobernante extremadamente cruel si se le ve así, pero también extremadamente protegido por un régimen que lo vio como ejemplo y orgullo de sus juventudes priístas y del cual ese mismo partido (PRI) pudo recibir los apoyos suficientes para llevar al poder a políticos de su instituto político, como aportación y pago a cuenta de los veracruzanos.

Otra tragedia radica en el espectáculo en el que se ha convertido la fuga, la detención, la permanencia en la cárcel guatemalteca, la actitud cínica y desvergonzada de quien aún no prueba su inocencia, el trámite de extradición, la urgente entrega de Guatemala a la autoridad mexicana, la llegada, la forma y el modo como reía, cómo saludaba, como se burlaba desde Guatemala de sus enemigos políticos en México y de cómo desde allá mandaba la señal de advertencia…

… Mandaba esa señal de advertencia en esa sonrisa sardónica que quería decir que él tiene la sartén por el mango en eso de las acusaciones y en eso de saber lo que sabe para hacer callar a cualquiera y hacerles bajar la cabeza.

Él se siente seguro de que saldrá librado de esta, acaso algún coscorrón personal, pero su familia a salvo mediante un acuerdo a cuatro paredes y pronto de nueva cuenta podrá regañar al quienes lo acusaron porque habrá pasado el trago semi-amargo de este proceso “engorroso”…

La tragedia mediática también: un país en el que los medios de comunicación enloquecidos presentan a un personaje visto por todo el país y en particular en Veracruz como lúgubre y venenoso, ahora casi como un héroe al que se le seguía paso a paso desde que salió con su sonrisa malévola y amenazante…

Algo que no ocurre ni ocurrió en el caso de otros gobernantes asimismo pecaminosos y puestos en la mira de la ley por la presunción de delitos parecidos, como es el caso de Guillermo Padrés, ex de Sonora y ahora amparado por obra y gracia y decisión de un juez allá mismo, en Sonora…

O el caso de Roberto Borge detenido en Panamá para que responda a cargos asimismo de mal gobierno o el caso de César Duarte, de Chihuahua, del que se sabe por dónde anda pero cuya detención se complica porque opera para conseguir ser testigo protegido en Estados Unidos…

Pero el caso de Javier Duarte de Ochoa es distinto. Y es que por otro lado el desahogo de una sociedad mexicana agraviada que ve en él esa parte de desahogo social porque será quien podría exhibir los pecados capitales de un gobierno federal y estatal cuyos orígenes entrarían en zona cero de credibilidad, desconfianza y fracaso social y político.

Y otra tragedia es la de una Procuraduría General de la República que el lunes 17 de julio exhibió en su primera audiencia su incapacidad: auténtica o forzada, para llevar a cabo el proceso.

A lo largo de la primera comparecencia de Javier Duarte de Ochoa de frente al Ministerio Público, quedó claro que a la manera de cuando se ha llegado a un arreglo con algún detenido, se le deja libre porque “no se integró bien el expediente”.

Ahora resulta que quienes acusan a Duarte no tienen pruebas, no tienen evidencias, apenas para 38.5 millones de pesos de los 438 que se le atribuyen, con lo que varios delitos caerán como juego de barajas.

El juez de control, adscrito al Palacio de Justicia Federal en el Reclusorio Norte, Gerardo Moreno García, luego de cinco horas y media escuchó las contradicciones de los acusadores. En tanto que el abogado defensor de Duarte, Marco del Toro, pudo exclamar triunfante: “Está claro que el caso se está desmoronando en estos momentos”. ¿Será?

¿Será que todo esto es un teatro en el cual el guion está escrito para conducir a la liberación de Duarte antes de que aquella sonrisa malévola cumpla su amenaza? ¿Se integrará mal el expediente? ¿Se investigó ya si esos faltantes existen y dónde fueron a parar, según la contraloría federal y la contraloría estatal? ¿Y qué hay de la esposa de Duarte que lo merece todo, incluso la felicidad y la libertad?…

Pues eso: que lo de Javier Duarte de Ochoa es asimismo una feria de contradicciones, de sospechas, de acomodos, de desvergüenzas y de tiranía de un gobierno que decide justicia o no en casos convenientes o inconvenientes. ¿Al final el presunto inocente probará eso, su inocencia?

Y todos nosotros, antes como ahora veremos y habremos sido felices por el espectáculo brindado.

*jhsantiago@prodigy.net.mx

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