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Cuando la URSS diseñó un cohete para viajar a Marte en 1971

En 1959, tan solo dos años después del lanzamiento del primer Spútnik, el Ingeniero Jefe del programa espacial soviético, Serguéi Koroliov, decidió que objetivo principal del programa espacial soviético no sería la Luna, sino Marte. De haber triunfado este proyecto, los soviéticos podrían haber puesto el pie en el planeta rojo hace más de cuarenta años.

Serguéi Koroliov (1904-1966) seguramente había leído la novela Aelita de Tolstói, y quizás, como tantos jóvenes de su generación, incluso había asistido al cine a ver la homónima adaptación cinematográfica llevada a cabo por el director Yákov Protazánov en 1924. En ella, un joven llamado “Los” viajaba al planeta Marte en un cohete para acabar encabezando un levantamiento popular contra el rey, con el apoyo de la esposa de este, la reina Aelita, que se había enamorado de él después de verlo a través de un telescopio.

En 1959, el hombre que llevaría a Yuri Gagarin al espacio trabajaba a marchas forzadas para que la oficina de diseño OKB-1 construyese la primera nave tripulada de la historia, la Vostok. Confiado por sus recientes éxitos (había hecho contener la respiración a Occidente con su Spútnik), Koroliov decidió abordar el proyecto más ambicioso de su carrera: un viaje tripulado a Marte.

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De izquierda a derecha: El académico soviético A. Blagonrávov, el creador de los primeros cohetes de combustible líquido Mijaíl Tijonrávov y el diseñador aeronáutico Serguéi Koroliov, en la celebración del 90 aniversario del nacimiento de K. Tsiolkovski, 1968.

Los encargados de diseñar la misión fueron los ingenieros de la Sección nº 9 de la OKB-1, dirigida por un viejo amigo de Koroliov, Mijaíl Tijonrávov que, por sorprendente que pueda sonar, llevaba más de treinta años planificando viajes tripulados al espacio. La sección liderada por Gleb Maksímov , la nº 3 de la OKB-1, también participaría en el proyecto.

Objetivo: el planeta rojo

Entre 1959 y 1964, todos los esfuerzos de la OKB-1 se centraron en Marte, no en la Luna. Sin embargo, para llegar al reino de Aelita los ingenieros soviéticos debían diseñar una nave interplanetaria de enorme masa. Y ese buque espacial debía ser puesto en órbita. La oficina de Koroliov se puso a trabajar en ello. El cohete gigante recibiría el nombre de N-1 (Nosítel-1, “Transporte-1”) y podría poner en órbita entre 60 y 80 toneladas. Aunque el N-1 sería publicitado ante el gobierno como un cohete multiuso, para Koroliov siempre fue el cohete marciano, una herramienta fundamental para hacer realidad su sueño.

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Modelo del N-1 a escala 1/10 (izq.) y de la fase final del mismo sin la cobertura a escala 1/5 (der.) Instituto de la Agencia Espacial Rusa, Kaliningrado.

Debido al enorme tamaño de una nave que tuviese que transportar los suministros para la tripulación en tan largo viaje, se propuso un sistema de soporte vital de ciclo cerrado mediante el cual los cosmonautas pudieran cultivar su comida en invernaderos hidropónicos. El corcel interplanetario iría equipado con un sistema de espejos para iluminar los invernaderos. Los primeros diseños también incluían un sistema de rotación para crear gravedad artificial gracias a la fuerza centrífuga.

TMK-1

El primer proyecto de nave interplanetaria fue propuesto ya en 1959 por la Sección nº 3 de Gleb Maksímov. En 1960 se desarrolló la KMV (Korabl Mars Venus o nave a Marte Venus) y poco después la TMK (Tiazhioli Mezhplanetni Korabl, “Nave Pesada Interplanetaria”).

Esta última tenía un peso de 75 toneladas y unas dimensiones de 6×12 metros. La tripulación estaría compuesta por tres cosmonautas, los cuales deberían permanecer en el espacio entre dos y tres años. La conocida como TMK-1 no aterrizaría en Marte, limitándose a sobrevolarlo a poca altura.

La nave incluía una cápsula en su parte superior para permitir el regreso de los cosmonautas a la Tierra. Con un peso de 2,1 toneladas, tenía una forma de campana similar a las de las posteriores naves Soyuz. Para reducir el tiempo de la misión, se propuso sobrevolar Venus primero para realizar lo que se conoce como una maniobra de asistencia gravitatoria. Según los planes de la Sección nº 3, la TMK-1 podría partir hacia Marte el 8 de junio de 1971, regresando a la Tierra el 10 de julio de 1974.

Volar a Marte cabalgando un reactor nuclear

En 1960, Konstantín Feoktístov (miembro del equipo de Tijonrávov y futuro cosmonauta) planteó el emplear energía eléctrica nuclear (YaEDU) para la TMK. Un reactor nuclear surtiría a un sistema de propulsión con motores iónicos o de plasma. De esta forma se lograría disminuir la masa total de la nave. Koroliov se opuso. Pensaba que el ahorro de peso no compensaba las dificultades técnicas del proyecto. Finalmente, se decidió que la nave a Marte emplease solamente combustibles químicos en su sistema de propulsión.

Por otro lado, el proyecto se hizo más ambicioso, planteándose el amartizaje de una tripulación de seis cosmonautas. El módulo de aterrizaje estaría instalado sobre un vehículo con ruedas que podría explorar Marte durante un mes aproximadamente. Finalizada la misión, despegarían hasta la órbita marciana, donde les esperaba la TMK para llevar a los soviéticos de vuelta a la Tierra.

El 16 de mayo de 1962, el gobierno de la URSS se decantó por el proyecto de sobrevuelo marciano y recomendó el desarrollo del programa de “aterrizar” en Marte. El planeta rojo se convertía en objetivo oficial para los soviéticos.

¿Y qué pasó entonces?

Koroliov propuso lanzar algunas naves TMK como estaciones espaciales en la órbita terrestre, para poner a prueba el diseño. Estas estaciones se llamarían TOS (“estación orbital pesada”).

El proyecto era verdaderamente faraónico y requeriría de innumerables lanzamientos del cohete N-1 para primero montar la nave en órbita y luego dotarla de suministros. Una pesadilla de ingeniería.

Koroliov murió el 14 de enero de 1966, a los 59 años de edad, sin acariciar a su reina marciana. Los planes de viaje a nuestro vecino cárdeno se descartaron cuando la URSS se centró en la carrera lunar, en competición con EEUU. No obstante, la OKB-1, siguió planeando viajes a Marte, la mayoría de ellos basados en propulsión nuclear eléctrica. El último proyecto soviético para poner a seres humanos sobre la superficie del planeta rojo data de finales de la década de los 80 y debía usar el famoso cohete Energía.

Aunque los cosmonautas de la URSS nunca llegaron a pisar el planeta rojo, el módulo de aterrizaje soviético Marsnik 2 fue el primer objeto fabricado por el ser humano en posarse (de manera un tanto brusca) sobre él, el 27 de noviembre de 1971. La sonda llevaba a bordo un emblema de la URSS que sigue aún sobre la superficie marciana.

Medio siglo después seguimos soñando con visitar Marte. Aelita nos espera.

 

rbth

 

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