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“Guantánamo entre nosotros”, cuando la guerra llega a América Latina

La periodista Diana Cariboni acaba de lanzar “Guantánamo entre nosotros”, un libro en el que da cuenta de las torturas y los estigmas de seis exdetenidos en la prisión estadounidense e invita a reflexionar sobre el rol de los Estados en la generación del terrorismo y la guerra contra él.

Cariboni, redactora jefa de la Mesa Américas del servicio de noticias de Sputnik, tomó contacto en 2014 con seis exreclusos del penal estadounidense de Guantánamo enviados a Uruguay por el Gobierno del entonces presidente Barack Obama (2009-2017), en el marco de un acuerdo entre ambos países.

A partir de este encuentro inicial, la autora investigó sobre sus vivencias en la cárcel, las condiciones en las que fueron desplazados y la vigilancia ejercida por Estados Unidos sobre ellos, una vez que fueron acogidos por Uruguay, gobernado en aquel entonces por José “Pepe” Mujica.

JIHAD DEYAB, EL MÁS POLÍTICO DE LOS REFUGIADOS

Con el hilo conductor de la historia de uno de los seis, Jihad Deyab, Cariboni logra acercarnos a una guerra tan lejana como la que se libra en el Medio Oriente con el argumento de combatir al terrorismo.

“Una semana después de que llegaron, establecí contacto directo con Jihad Deyab, porque era el más político de ellos, el que tenía un historial de huelgas de hambre, de denuncias y una serie de cuestiones que lo habían puesto en los medios. Y porque él tenía voluntad de contar todo eso”, relató Cariboni en diálogo con el programa Telescopio de radio Sputnik.

En el marco de la guerra al terrorismo que comenzó tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, Deyab fue objeto de una detención de manos de fuerzas de Pakistán en el territorio de ese país. Al momento de su captura, este ciudadano sirio no se encontraba en combate, sino en su casa.

“Según él dice, y muchos otros prisioneros han denunciado, fue vendido por unos cuantos miles de dólares a las tropas de EEUU. En general los agentes pakistaníes —policías o militares— sabían poco de la gente que detenían. Muchas veces se equivocaban, agarraban a cualquiera”, dijo la autora del libro.

Sin saber si efectivamente esas personas “habían cometido un delito o si estaban involucradas en una actividad terrorista concreta”, fueron sometidas a averiguaciones por períodos de una década o más, en varias cárceles secretas de la CIA. Cientos fueron sometidos a torturas e interrogatorios, “pero nunca a un proceso judicial bajo una acusación formal”.

GUANTÁNAMO EN EL LIMBO JURÍDICO

En Guantánamo, una prisión ubicada en una franja de Cuba ocupada por Estados Unidos desde 1898, hay hasta ahora 41 presos recluidos, de los 780 musulmanes llevados como prisioneros entre 2002 y 2008, después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuenta Cariboni en su libro.

Washington consideraba a los detenidos como “combatientes enemigos” y se negaba a respetar las Convenciones de Ginebra, aduciendo que la guerra contra el terrorismo “era absolutamente sui generis” y que esta pieza fundamental del derecho internacional estaba “fuera de época”.

Ante la presión internacional y las denuncias sobre violaciones a los Derechos Humanos, el entonces presidente George W. Bush (2001-2009) accedió a que ingresara a Guantánamo la Cruz Roja, “pero siempre se negó a reconocerles a los detenidos el derecho a ser llamados prisioneros de guerra”.

“Eso les hubiera dado una cantidad de derechos, como por ejemplo a ser tratados con dignidad y respeto. Y a ser liberados, porque supuestamente una fuerza beligerante puede tener prisioneros de guerra solo hasta que la guerra se termina”, relató Cariboni en Telescopio.

Al llegar Obama a la Casa Blanca, estableció que sí eran prisioneros de guerra, pero la contienda no se había terminado y no se sabía por cuánto tiempo iba a continuar. “O sea que esta gente podía seguir presa toda la vida”, dijo la autora.

“Ese es el limbo legal en el que todavía hoy se encuentra Guantánamo, donde no rige ni la Constitución ni la ley penal de EEUU, pero tampoco el Derecho Internacional. Esto se podría haber desmontado y muchos pensaron que quizás Obama lo podía hacer. Pero no lo hizo”, aseveró Cariboni, quien visitó el penal como parte de su investigación.

Los primeros prisioneros del penal de Guantánamo, arribados en 2002, “empezaron a negarse a comer o a bañarse” a modo de protesta.

Una de las huelgas más duras sucedió en 2013 cuando Obama prometió cerrar el penal, pero no lo concretó. Esto “generó mucha desmoralización y mucha bronca”, dijo Cariboni.

“Empezó una huelga de hambre muy grande y muy fuerte que fue muy reprimida. Las autoridades no tuvieron más remedio que informarla. Durante muchos meses daban las cifras de personas que estaban en huelga de hambre y cuántas estaban siendo sometidas a la alimentación forzosa”, comentó.

Esta práctica, que consiste en colocar una sonda por la nariz hasta el estómago para inyectar un nutriente, se utiliza para alimentar a personas que pasan por problemas de salud. Sin embargo, los detenidos en Guantánamo eran inmovilizados y sometidos a ella por la fuerza. Para algunas organizaciones de defensa de los derechos humanos, implica un método de tortura.

“Jihad, como otros, soportó cientos de veces esa práctica y fue una de las cosas que, creo yo, más lo dañaron, no solo física sino psicológicamente”, aseguró la autora.

URUGUAY, ¿UNA NUEVA CÁRCEL?

En 2014, el Gobierno de José Mujica en Uruguay accedió al pedido de Estados Unidos de acoger a un grupo de prisioneros de Guantánamo.

Las negociaciones estuvieron marcadas por las exigencias de Washington en relación al “control, monitoreo y seguridad de los liberados”.

“Uruguay no accedió formalmente a la vigilancia y el monitoreo, pero sabía que la vigilancia y el monitoreo se iban a llevar a cabo de todas maneras, porque EEUU lo hace en todos los países del mundo donde hay un liberado de Guantánamo”, dijo Cariboni en Telescopio.

Las fuentes gubernamentales uruguayas consultadas por la autora “aseguran que Uruguay fue defensor de la legalidad y que a ellos no les consta que exista una vigilancia”.

“A mí sí me consta, porque he reunido elementos para comprobarlo. Y porque además hay documentación de EEUU, del propio Gobierno de Obama, donde está detallado el control que se ejerce”, aseguró Cariboni.

Uno de los elementos que dejan de manifiesto este control es el paso a través de las fronteras. Teóricamente, al poseer documentación uruguaya, los seis liberados pueden viajar con su cédula de identidad a los otros países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Venezuela).

Sin embargo, esta posibilidad se ve limitada por la aceptación de ingreso a esos países. Una fuente de la autora indicó que es una manera de decir “estos no pueden salir de Uruguay”.

“Deyab lo puso a prueba, se fue a un montón de países y siempre vuelve. Siempre lo regresan. Esa es la prueba más clara de que EEUU determinó que ellos van a vivir en Uruguay y que de acá no se pueden ir”.

“Una de las fuentes me dijo que ellos (los liberados) sabían desde el principio que o era Guantánamo o era Uruguay. Volver a Medio Oriente estaba completamente fuera de sus posibilidades”, agregó.

EEUU EN LA GÉNESIS DE AL QAEDA Y EL TALIBÁN

En la presentación del libro, Cariboni recordó la promesa de Donald Trump de “volver a llenar Guantánamo”. Asimismo comentó que “el terrorismo y la guerra gozan de buena salud y van a seguir existiendo”.

“El pequeño aporte que yo quisiera hacer a la discusión pública en Uruguay tiene que ver con poder superar los titulares de prensa sobre el terrorismo y pensar en la responsabilidad de los Estados en la generación del terrorismo”, explicó la autora en Telescopio.

“EEUU está en la génesis de Al Qaeda y el Talibán. Ellos fueron los que financiaron y promovieron toda la operación de los muyahidines en Afganistán contra los soviéticos. Esa es una de las raíces, que ha crecido hasta ahora con Daesh, el Estado Islámico (proscrito en muchos países, incluida Rusia). Es inevitable pensar en esas responsabilidades”, agregó.

En vez de responder al terrorismo a través del derecho internacional o los sistemas judiciales de cada país, la reacción ha sido una guerra “más o menos irregular y ubicua”. Esta opción ha sido “posiblemente el elemento más determinante” del contexto actual, que sirve de “caldo de cultivo enorme” para que el terrorismo se siga reproduciendo.

“Guantánamo sigue entre nosotros, lamentablemente. Tendríamos que ayudar a los seis a dejar atrás ese pasado y permitirles que puedan vivir sin ese estigma, ya que no pudieron demostrar su inocencia en un tribunal”, concluyó.

Sputnik Novosti

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