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Acuerdos Arabia Saudí-Rusia: seísmo en Oriente Medio

La visita a Moscú del rey de Arabia Saudí, Salman bin Abdulaziz al Saud, puede tener consecuencias trascendentales en Oriente Medio y contribuir al equilibrio geoestratégico en la zona, hasta ahora favorable a Estados Unidos.

Por Luis Rivas*

Desde Washington algunos medios y “especialistas” intentan minusvalorar no solo el contenido simbólico de la primera visita de un rey saudí a Rusia, sino de poner en duda los posibles efectos del evento.

Principal aliado de Arabia Saudí en una de las zonas más sensibles del Planeta, Estados Unidos sufre la incertidumbre creada en su política exterior por Donald Trump. Esa pérdida de influencia, que no solo hay que atribuir al nuevo mandatario, sino que ha sido heredada de los ocho años de “obamismo”, se suma a la entrada de Rusia en ese escenario, con un papel protagonista cimentado en su política en Siria.

Trump visitó Riad en mayo y firmó un acuerdo armamentístico multimillonario que incluye la venta del sistema de misiles antibalísticos, THAAD, aprobado finalmente justo cuando el reino saudí había mostrado su interés en el sistema ruso S-400 Triumf, durante la visita de su monarca a la capital rusa. El sistema THAAD es el último juguete bélico que Estados Unidos ofrece a sus aliados, pero estos también han empezado a diversificar sus fuentes. La decisión de Turquía de dotarse del S-400 fue un golpe no solo para Estados Unidos, sino para toda la OTAN, de la que Ankara forma parte. El acuerdo de Turquía con Rusia es consecuencia de un acercamiento acelerado de Recep Tayyip Erdogan a Moscú y un desafío a su hasta hace poco fiel aliado del otro lado del Atlántico.

EL FUTURO DE SIRIA

Arabia Saudí, que ha apoyado a varios de los grupos islamistas que luchan contra el gobierno de Bashar Asad, parece haber comprendido que la batalla sobre el terreno está perdida. El apoyo militar ruso a su aliado de Damasco ha evitado no solo la derrota del ejército sirio, sino que, como en el caso de otros países europeos, la casa real saudí ya no exige la salida de Asad del gobierno como condición indispensable para abordar el futuro del país.

Arabia Saudí, líder de los suníes en la región, no quiere aparecer como el perdedor de la crisis siria y mucho menos, dejar en manos de su enemigo en la zona, el irán chií, las mieles del triunfo no solo en Siria, sino también en Irak. Su pragmatismo obligado empuja a acercarse a Rusia, apoyar las iniciativas de la ONU para un arreglo pactado del conflicto sirio y, sobre todo, negociar la presencia de sus allegados de la oposición siria en el futuro gobierno de posguerra.

Desde Rusia se ha alabado el papel mediador de los saudíes en las negociaciones celebradas en El Cairo para facilitar las treguas en algunas zonas de combate.

Los saudíes afirman coincidir con el Kremlin en las vías de resolución de los conflictos principales de Oriente Medio: apoyo a la resolución 2254 de la ONU sobre Siria; respaldo al gobierno y a la integridad territorial de Irak, solución política para Yemen en base a las iniciativas del Consejo de Cooperación del Golfo y, también, colaboración con Naciones Unidas para acercar a las partes en disputa en Libia.

El pragmatismo saudí y el ruso se reúnen por encima de consideraciones ideológicas o de otro tipo. Irán, aliado de Bashar Asad en la lucha contra el autodenominado Estado Islámico y otros grupos suníes radicales, podría mostrar cierta susceptibilidad con el acercamiento entre Moscú y Riad, pero no es difícil entender que Rusia, con más de 20 millones de musulmanes suníes en su territorio, no puede aparecer como un rehén del mundo chií. La coincidencia de objetivos entre Moscú y Teherán en Siria y en otros asuntos no obliga a ninguna de las partes a renunciar a sus propios intereses.

DESARROLLO Y PETRÓLEO

Los acuerdos firmados en Moscú por el monarca saudí incluyen, además del armamentístico, apartados en los campos del comercio, la alta tecnología, la investigación o la industria. Para Moscú, Arabia Saudí representa también un mercado que reemplaza, en parte, la pérdida provocada por el boicot comercial occidental a sus productos agrícolas y ganaderos. Para la monarquía saudí, Rusia puede convertirse en un pilar primordial del programa de reformas “Visión 2030”, que pretende dejar de lado el petróleo como única fuente de riqueza y diversificar así su economía.

Arabia Saudí no está libre de convulsiones internas y el rey Salman quiere realizar cambios sustanciales en el aspecto económico que eviten también la rebelión de los clérigos más radicales, de la élite y de una ciudadanía que podría pagar los platos rotos de una malograda reconversión económica.

Es precisamente un acuerdo sobre el precio del crudo lo que interesa a Rusia y a Arabia Saudí, productores entre ambos de un 25 por ciento del petróleo mundial. Estabilizar el mercado petrolero es uno de los objetivos comunes. El acuerdo de recorte de la producción debe ser revisado en marzo, pero Moscú desearía ampliarlo a todo 2018. Demasiados intereses comunes para no acercar posiciones entre Arabia Saudí, una de las potencias de la zona, y Rusia que se confirma como un actor indispensable en la región.

Sputnik Novosti

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