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En el mercado de los cuerpos humanos, casi cualquiera puede vender muertos

La empresa dejó montones de folletos en las funerarias de los alrededores de Las Vegas. En la portada: una pareja con las manos entrelazadas. Encima de la imagen, una promesa: “Proporcionando opciones en tiempos de necesidad”.

La empresa, Southern Nevada Donor Services, ofrecía a las familias afligidas una forma de eliminar los elevados gastos funerarios: incineración gratuita a cambio de donar los órganos del cuerpo de tus seres queridos para “estudios médicos avanzados”.

Fuera del almacén de Southern Nevada, las circunstancias distaban de ser reconfortantes. En otoño de 2015, los vecinos comenzaron a quejarse sobre un misterioso hedor y unas cajas ensangrentadas en un contenedor de basura. Ese diciembre, según muestras de los registros sanitarios locales, alguien había contactado con las autoridades para informar de actividades extrañas en el patio.

Los inspectores sanitarios encontraron a un hombre vestido con bata médica que sujetaba una manguera de jardinería. Estaba, al sol del mediodía, derritiendo el hielo del torso de un hombre congelado.

Mientras el hombre rociaba los restos, “trozos de tejidos y sangre caían por el desagüe”, rezaba el informe de uno de los inspectores. El riachuelo pasaba por delante de las tiendas y se estancaba cerca de una escuela técnica.

Southern Nevada, descubrieron los inspectores, son “comerciantes de cuerpos”, una compañía que adquiere cadáveres, los disecciona y los vende en piezas, con ánimo de lucro, a investigadores médicos, academias médicas y otros compradores. El torso tumbado en la camilla lo estaba preparando para una de estas ventas.

Cada año, miles de estadounidenses donan sus cuerpos con la creencia de que contribuyen a la ciencia. De hecho, muchos contribuyen involuntariamente con la materia prima de un amplio mercado nacional no regulado.

Los comerciantes de cuerpos también son conocidos como “bancos de tejidos no-trasplantables”. Son diferentes del sector de trasplante de órganos y tejidos que el gobierno de EEUU regula minuciosamente. Vender corazones, riñones y tendones para su trasplante es ilegal. Pero ninguna ley federal rige la venta de cadáveres o partes del cuerpo para su uso en investigación o educación. Pocas leyes estatales plantean supervisión al respecto y casi cualquier persona, independientemente de su experiencia, puede diseccionar y vender fragmentos de un cuerpo humano.

“La situación actual es la ley de la selva”, dijo Angela McArthur, que dirige el programa de donación de cuerpos en la Facultad de Medicina de la Universidad Médica de Minnesota y ha presidido la comisión de donación anatómica de su estado. “Vemos problemas similares a lo que vimos con los ladrones de tumbas de hace siglos” indicó, refiriéndose a la práctica del siglo XIX de obtener cadáveres con un procedimiento que violaba la dignidad de los fallecidos.

“Creo que cualquier cosa que diga se queda corta” dijo McArthur. “Lo que están haciendo es sacar provecho de la venta de humanos”.

El modelo de negocio de esta industria depende del acceso a una gran cantidad de cuerpos, a menudo procedentes de población pobre. A cambio de un cuerpo, los comerciantes suelen cremar una parte del donante sin cobrar. Al ofrecer la cremación gratuita, dicen algunos veteranos del sector, los intermediarios atraen a las familias de bajos ingresos que son más vulnerables. Muchos han agotado sus ahorros pagando el tratamiento médico de un ser querido y no pueden permitirse un funeral tradicional.

“Las personas con medios económicos tienen la oportunidad de debatir las cuestiones morales, éticas y espirituales sobre qué método elegir”, dijo Dawn Vander Kolk, un trabajador social de cuidados paliativos de Illinois. “Pero quienes no tienen dinero, pueden terminar con una opción de último recurso: la donación de cadáveres”.

La escasa normativa supone escasas consecuencias cuando los cuerpos son maltratados. En el caso de Southern Nevada, las autoridades descubrieron que podían hacer poco, más allá de una pequeña citación por contaminación a uno de los trabajadores involucrados. El operario de Southern Nevada Joe Collazo, quien no fue citado, dijo que lamentaba el incidente. También dijo que la industria se beneficiaría si hubiera más supervisión que ofrezca tranquilidad a los donantes, intermediarios e investigadores.

“Siendo honesto contigo, creo que tendría que existir una regulación”, expresó Collazo. “Hay una zona gris demasiado amplia”.

“UN GRAN MERCADO DE CADÁVERES”

Los cuerpos donados desempeñan un papel esencial en la educación médica, la formación y la investigación. Los cadáveres y partes del cuerpo se utilizan para enseñar a estudiantes de medicina, médicos, enfermeras y dentistas. Los cirujanos dicen que ningún maniquí o simulación virtual puede reproducir la respuesta táctil y la experiencia emocional que aporta practicar con partes del cuerpo humano. Los médicos de urgencias, por ejemplo, usan cabezas y torsos humanos para aprender cómo insertar tubos de respiración.

Los investigadores dependen de partes del cuerpo donadas para desarrollar nuevos instrumentos quirúrgicos, técnicas e implantes; y para crear nuevos medicamentos y tratamientos para enfermedades.

“La necesidad de cuerpos humanos es absolutamente vital”, dijo el médico de Chicago Armand Krikorian, expresidente de la Federación Estadounidense de Investigación Médica. Citó una reciente cura potencial para la diabetes tipo 1 desarrollada mediante el estudio del páncreas de los donantes. “Es un tipo de tratamiento que nunca habría salido a la luz si no hubiéramos recibido la donación de un cuerpo entero”, dijo

Pese al importante papel de la industria en la medicina, no existe un registro nacional del comercio de cuerpos. Muchos pueden operar casi en el anonimato, firmando acuerdos silenciosamente para obtener cadáveres y vender sus partes.

“Existe un extenso mercado para los cuerpos de los fallecidos” dijo Ray Madoff, un profesor de la Facultad de Derecho de Boston College que estudia cómo tratan a los muertos las leyes estadounidenses. “Sabemos muy poco sobre quién adquiere estos cuerpos y qué hacen con ellos”, añadió.

En la mayoría de los estados, cualquier persona puede comprar legalmente piezas de un cuerpo. Como se detalla en otro reportaje, un comerciante de Tennessee vendió a Reuters una columna cervical y dos cabezas humanas después de un breve intercambio de correos.

A través de entrevistas y registros públicos, Reuters identificó a Sourthern Nevada y otros 33 activos en todo Estados Unidos durante los últimos cinco años. Veinticinco de los 34 negocios eran empresas con ánimo de lucro. Solo en tres años, una de las empresas con ánimo de lucro ganó al menos 12,5 millones de dólares gracias al negocio de partes de cuerpos, como muestra otro artículo de Reuters.

Debido a que solo cuatro estados siguen de cerca las donaciones y las ventas, la amplitud del mercado de piezas de cuerpos humanos sigue siendo desconocida. Pero los datos obtenidos bajo las leyes de registro público de Nueva York, Virginia, Oklahoma y Florida, proporcionan una imagen de conjunto. Reuters calculó que desde 2011 hasta 2015, los comercios privados recibieron al menos 50.000 cuerpos y distribuyeron más de 182.000 partes humanas.

Las autorizaciones de Florida y Virginia dan una idea de cómo se usaron algunas de esas piezas: un envío en 2013 a un seminario de formación ortopédica de Florida incluyó 27 hombros. Un envío de 2015 a una sesión sobre el síndrome del túnel carpiano en Virginia incluyó cinco brazos.

Al igual que con otros productos, los precios de los cuerpos y las piezas de estos fluctúan según las condiciones del mercado. En general, un comerciante puede vender un cuerpo humano donado por alrededor de 3.000 a 5.000 dólares, aunque los precios a veces superan los 10.000 dólares. Pero los comerciantes normalmente dividen el cadáver en seis partes para satisfacer las necesidades del cliente. Los documentos internos de siete de estos negocios recogen un rango de precios para las partes del cuerpo: 3.575 dólares para un torso con piernas; 500 dólares por cabeza; 350 dólares por un pie; 300 dólares por columna vertebral.

Los negocios de cuerpos se han entrelazado con la industria funeraria estadounidense. Reuters identificó a 62 agentes funerarios que han llegado a acuerdos comerciales de beneficio mutuo con los comerciantes. Las funerarias brindan a los intermediarios acceso a posibles donantes. A cambio, los comerciantes de cuerpos pagan los honorarios a los funerarios, que van de 300 dólares a 1.430 dólares, de acuerdo con los libros contables y los registros judiciales.

Estos pagos generan ingresos para los agentes funerarios de aquellas familias que de otra forma no podrían permitirse una simple incineración. Pero tales relaciones provocan posibles conflictos de interés al crear un incentivo para las funerarias que alientan a los familiares en duelo a que consideren la donación del cuerpo, a veces sin una comprensión total sobre qué podría pasar con los restos.

“Algunos directores de las funerarias piensan: ‘La cremación ya no paga las facturas, así que déjame ver si puedo ayudar a estas personas a recoger partes corporales’” dijo Steve Palmer, un trabajador funerario miembro de la junta directiva de la National Funeral Directors Association. “Simplemente creo que las familias que donan los cadáveres de sus seres queridos tendrían dudas al respecto si supieran esto”, dijo.

Algunos embalsamadores han hecho que la donación del cuerpo forme parte de sus propios negocios. En Oklahoma, dos propietarios de funerarias invirtieron 650.000 dólares en una startup de comercio de cuerpos. En Colorado, una familia que controlaba una funeraria también dirigía una empresa que disecaba y distribuía piezas de cadáveres desde el mismo edificio.

Cuando se dona un cuerpo, pocos estados establecen normativas que controlen el desmembramiento o el uso de este, u ofrecen derechos sobre los familiares más cercanos del donante. Los cuerpos y las piezas se pueden comprar, vender y alquilar, una y otra vez. Como resultado, puede ser difícil rastrear qué sucede con los cuerpos de los donantes, y mucho menos garantizar que se les trate con dignidad.

En 2004, un comité de salud federal pidió sin éxito al gobierno de EEUU que regulara la industria. Desde entonces, Reuters ha descubierto que más de 2.357 partes del cuerpo obtenidas por comerciantes de al menos 1.638 personas han sido maltratadas, abusadas o profanadas en todo Estados Unidos.

Estos datos, basados en una revisión de registros judiciales, policiales, y de documentos internos de los negocios de cuerpos, seguramente estén subestimados, dada la falta de supervisión. Incluyen instancias en las que los cuerpos fueron utilizados sin el consentimiento del donante o el familiar más cercano; los donantes fueron engañados acerca de cómo se usarían los cuerpos; los cuerpos fueron desmembrados por motosierras en lugar de instrumentos médicos; las partes del cuerpo se almacenaron en condiciones insalubres y se descompusieron; o los cuerpos fueron desechados en incineradores de desechos médicos en lugar de ser incinerados adecuadamente.

“MATERIAS PRIMAS GRATUITAS”

Los negocios de cuerpos varían en tamaño, desde pequeñas empresas familiares hasta empresas nacionales con oficinas en varios estados. También varían en experiencia.

Garland Shreves, quien fundó el negocio de Phoenix Research for Life en 2009, dijo que invirtió más de 2 millones de dólares en procedimientos de control de calidad y equipos médicos, incluidos 265.000 dólares en una máquina de rayos X para escanear cadáveres en busca de implantes quirúrgicos.

Pero otros comerciantes han lanzado sus negocios por menos de 100.000 dólares, según indican registros corporativos internos y entrevistas. A menudo, los mayores gastos de capital son una furgoneta de carga y un conjunto de congeladores. Algunos negocios han ahorrado dinero utilizando motosierras para desmembrar los cadáveres en lugar de sierras quirúrgicas.

Los negocios también pueden reducir gastos al renunciar a los meticulosos procedimientos de control de calidad y a la formación solicitada por una organización nacional de referencia, la Asociación Estadounidense de Bancos de Tejidos.

Aun así, un tercio de los 34 negocios identificados por Reuters se declaraban en bancarrota o no pagaban sus impuestos, de acuerdo con documentos judiciales. Cuando las empresas que fracasan en la industria reducen gastos para ahorrar dinero, las consecuencias para las familias de los donantes pueden ser emocionalmente desgarradoras.

“UN ÚLTIMO GESTO DESINTERESADO”

Harold Dillard trabajaba con su hermano alicatando bañeras y encimeras de cocina en Albuquerque, Nuevo México. Le diagnosticaron cáncer terminal en 2009, el día después a Acción de Gracias.

“Tenía 56 años, era joven, activo, sano, tenía una vida genial y una noche, ¡bam!”, dijo su hija, Farrah Fasold. “Quería hacer un último gesto desinteresado antes de morir, por lo que donó su cuerpo”

Mientras su padre agonizaba, dijo Fasold, los trabajadores de Bio Care, negocio de cuerpos de Albuquerque, le visitaron a él y a su hija, y les dieron un discurso sincero: el generoso regalo de su cuerpo a la ciencia beneficiaría a estudiantes de medicina, médicos e investigadores. Fasold indicó que Bio Care les dio varias posibilidades, incluida que el cuerpo de su padre se usara para entrenar a los cirujanos en técnicas de reemplazo de rodilla.

La visión que tenía Fasold de Bio Care cambió en poco tiempo. Pasaron algunas semanas más de las prometidas hasta que recibieron lo que dijeron que eran los restos cremados de su padre. Una vez con ellos, sospechó que no eran sus cenizas porque parecían arena. Estaba en lo correcto.

En abril de 2010, las autoridades informaron a Fasold de que la cabeza de su padre se encontraba entre las partes corporales descubiertas en un incinerador médico. También supo, por primera vez, que Bio Care estaba dentro del negocio de la venta de partes del cuerpo.

“Estaba completamente histérica”, dijo. “Nunca nos habríamos apuntado si nos hubieran dicho algo sobre vender partes del cuerpo, de ninguna manera. Eso no es lo que mi padre quería en absoluto”.

Dentro del almacén de Bio Care, las autoridades apuntaron que encontraron al menos 127 partes del cuerpo pertenecientes a 45 personas.

El propietario de Bio Care, Paul Montano, fue acusado de fraude. De acuerdo con la declaración jurada de la policía, Montano negó haber abusado de los cuerpos y dijo a los agentes que dirigía Bio Care con “cinco empleados voluntarios”, incluido su padre. No quiso responder a las peticiones de comentarios.

Los fiscales retiraron más adelante los cargos contra Montano porque dijeron que no podían demostrar el engaño ni ningún otro delito. Ninguna otra ley estatal regulaba el tratamiento de los cuerpos donados o protegía a los familiares.

Confundida e indignada, Fasold habló por teléfono con Kari Brandenburg, el fiscal del distrito en el condado de Bernalillo. Fasold grabó parte de la llamada.

“Lo que ha sucedido es horrible, pero la ley de Nuevo México no dice nada sobre este tipo de actividad”, le dijo Brandeburg a Fasold. El fiscal expresó que, aunque Montano era quizás “el peor empresario del mundo”, sus errores se debieron, en parte, a acuerdos que fracasaron.

“Entonces”, respondió Fasold, “como otras personas incumplieron sus acuerdos, ¿está bien que siga adelante, corte el cuerpo de mi padre y lo incinere?”

”No, no está bien“, respondió el fiscal. ”Pero no lo convierte en un crimen“. No existe ninguna ley que diga que eso esté mal”.

En una entrevista reciente, Brandenburg dijo que él también se sintió frustrado al descubrir que ninguna ley protege a personas como Fasold y su padre. “Fue escandaloso”, dijo el exfiscal. “Estas familias han quedado profundamente heridas, devastadas”.

Las autoridades terminaron por recuperar las otras partes del cuerpo del padre de Fasold y se las devolvieron para que las pudiera incinerar correctamente. Algunas piezas habían sido descubiertas en bañeras en el incinerador y otras en las instalaciones de Bio Care.

EL TORSO CONGELADO

El incidente de 2015 en las afueras de Las Vegas que involucró al torso congelado provenía de una asociación entre un negocio de cuerpos y una funeraria.

Tanto el negocio, Southern Nevada Donor Services, y la funeraria, Valley Cremation and Burial, tenían problemas financieros. Valley acordó permitir que Southern Nevada diseccionara y prepara los cadáveres y las partes el cuerpo en su funeraria. Los restos y los documentos relacionados se mantendrían en el almacén de Valley, en un parque industrial a pocos kilómetros de distancia.

El dueño de Southern Nevada, Joe Collazo, tenía una década de experiencia vendiendo partes del cuerpo. Los registros judiciales muestran que también cumplió casi dos años en prisión a finales de la década de 1990 por falsificación. Y que un exempleado lo demandó por el robo de partes del cuerpo donadas valoradas en 75.000 dólares y la venta de las mismas a un cliente en Turquía.

Collazo defendió que su condena por falsificación es irrelevante y que la acusación de robo es falsa. Su negocio siguió las mejores prácticas de la industria, dijo, y prestó importantes servicios públicos a la comunidad médica.

Funcionarios locales y estatales informaron de que encontraron otras señales preocupantes, más allá del torso, en las instalaciones de almacenaje. Estas incluían una sierra mecánica ensangrentada que suelen usar trabajadores de la construcción y partes corporales con moho dentro de un congelador desconectado.

Valley ya no está en el negocio, y el dueño murió, según los registros estatales. Southern Nevada también se disolvió, dejando una estela de deudas y partes corporales profanadas.

Reuters

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