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Derechos Humanos ¿para qué?

¿De veras está funcionando y preservando nuestros derechos la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y las Comisiones estatales de lo mismo y las oficinas que atienden esta integridad en instituciones de la seguridad y la procuración de justicia en México?

Por Joel Hernández Santiago*

*jhsantiago@prodigy.net.mx

De un tiempo a esta parte,  en el país y fuera, desde altos organismos internacionales, se reitera que cada vez más en México las violaciones sistemáticas a los derechos humanos son eso: sistemáticas y se llama la atención para que se atienda esta contradicción entre Estado de Derecho y violación de derechos. Pero nada. Cada vez la situación es peor…

Así que las instituciones que defienden a los mexicanos, están en un brete:

Por un lado estas violaciones y atentados a la integridad física y patrimonial de muchos es más cínica y evidente: se hace a ojos vista, sin mediar recato o temor legal.

Las complicidades y los excesos son frecuentes y muertos torturados y detenciones sin mediar protocolos de cuidado legal están a la vista. El exceso de poder y el uso de la fuerza son al mismo tiempo cotidianos y terroríficos.

Por otro lado, el gobierno federal, los gobiernos estatales, las autoridades y las famosas ‘instituciones’ que atienen la seguridad pública ‘ni ven, ni oyen’ a los llamados clamorosos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, y de las Comisiones Estatales. Nada:

Las famosísimas recomendaciones de estas Comisiones de derechos humanos son prácticamente letra muerta porque no hay una exigencia real para que, quien atenta, suspenda estas prácticas al tiempo que no se castiga a quien las ha cometido… Poco menos que nada es el resultado… De ahí que se insista en que en este país, que es México, los derechos humanos de muchos son prácticamente inexistentes.

Por supuesto, la sola idea de crear una institución de defensa de los derechos humanos fue el resultado del clamor popular y de la exigencia legal interna, como también por la inercia internacional. El 13 de febrero de 1989 se creó en la Secretaría de Gobernación la Dirección General de los Derechos Humanos. Luego el 6 de junio de 1990 nació por decreto la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, organismo desconcentrado “con plena autonomía de gestión y presupuestaria”: bien.

En adelante cada estado de la República creó su propia Comisión Estatal de los Derechos Humanos con el fin de preservar la integridad física y patrimonial de los habitantes de la entidad, asimismo se asignó autonomía y presupuesto…

Hasta ahí todos en México estábamos contentos por esa institución desvinculada del gobierno federal, así como de los estatales. Sin embargo poco se ha conseguido en el país del “…después que se averigüe…”.

Una prueba fehaciente de que las cosas no andan bien es, por ejemplo, el tema de los derechos humanos de periodistas. Son muchos ya los que han muerto en el ejercicio de su profesión. Y aunque en cada una de estas instancias existen oficinas que atienden el tema “periodistas” nada se ha conseguido…

La exigencia de que existan protocolos de prevención, de cuidado, de respeto a la libertad de expresión, pero también a la integridad física, patrimonial y familiar de periodistas son prácticamente inexistentes.

Ya se ha dicho hasta el cansancio que por lo menos el 80 por ciento de las agresiones a periodistas han sido cometidas por gobiernos, por agentes de gobierno y por operadores oficiales. Nada se ha instrumentado para detener esa violencia en contra de informadores. Y ocurren con toda frecuencia. Muchos de los casos se desconocen porque se pierden en la inmensidad del territorio nacional, en zonas aisladas y sin interés para nadie porque están fuera de la vista de todos… ¿Y el otro 20 por ciento?

Ocurren casos relevantes que llaman la atención de todos, como fueron los casos de Miroslava Breach o Javier Valdés que aun siguen sin explicación, pero tan sólo este año, a la fecha han muerto 11 periodistas; muchos han desaparecido y muchos más son amenazados para impedir el ejercicio de libertad que les es propio.

La CNDH poco o nada hace. No lo hacen las Comisiones estatales. Acaso sí, decir que hacen y que tienen a un responsable para ello –casi siempre sin vínculos con el periodismo y por lo mismo sin conocimiento de causa—y, como ocurre desde la Subsecretaría de Gobernación para Derechos Humanos de periodistas: todo es agua de borrajas, al final nada.

Y así. Los derechos humanos siguen siendo violados para muchas otras profesiones e individuos.

¿Cuántas recomendaciones ha emitido la CNDH en lo que va de este sexenio terrorífico? ¿Cuántas han sido atendidas? ¿En qué quedaron? ¿Cuáles son sus protocolos para la prevención y evitar estas violaciones? ¿En dónde están?…Y así las Comisiones estatales. ¿Deveras se atienden sus recomendaciones? ¿Cuál es el balance actual de las gestiones?… ¿Cuánto nos cuestan estas Comisiones? ¿Qué han solucionado?

Bueno sería saber todo esto y conocer si en efecto se defienden los derechos humanos de los mexicanos o esta es una etiqueta benévola, sin efectos prácticos en tiempos revueltos.

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