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Salario del miedo… o miedo al salario mínimo (“Mira Bartola, ái te dejo esos ocho pesos…”)

“… Pagas la renta, el teléfono y la luz…” El tal Chava Flores sabía lo que cantaba apenas despuntaba la segunda mitad del siglo XX. La ciudad era apenas una nuez. Con apenas 3 millones de habitantes en la capital del país a mitad de los años cincuenta, estaban a la vista los contrastes sociales.  “… Mi sangre aunque plebeya, también tiñe de rojo”… se cantaba por entonces.

Joel Hernández Santiago*

*jhsantiago@prodigy.net.mx

 Pero nadie mejor que el buen Chava Flores para dibujar eso: la vida de los que “nada tienen y todo lo dan” que es la clase trabajadora, los del alba, los de las monedas contantes y sonantes, pero bien contaditas por ajustaditas, para el pasaje de los camiones que por entonces circulaban profusos por esta ciudad inaudita…

 La clase obrera que también va al cielo, antes tenía que ir a las fábricas, a las plantas productivas, a las empacadoras y de trabajo manual, para ganarse el sustento cotidiano. Ya se sabía del salario mínimo y sus dolores.Y parece que no ha pasado el tiempo…las hojas del calendario a lo Juan Orol se despegan, vuelan y desaparecen: no así el salario mínimo que sigue tan campante.

Esto del salario mínimo tiene su historia y ha tenido momentos gloriosos. Y tiene historia porque en sus altibajos hubo momentos en los que el trabajador se sentía orgulloso de contar con un pago mensual digno, o por lo menos decoroso, para el sustento propio y de la familia. Los sabios lo expresan así:

“Un trabajador en 1938, [durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas], tenía mayor poder adquisitivo que hoy.  La Segunda Guerra Mundial y la Crisis de 1949 durante el gobierno de Miguel Alemán hicieron bajar el poder adquisitivo del salario mínimo a niveles menores.

“Después de la Crisis del Sábado de Gloria de 1954, el gobierno de Ruiz Cortines corrigió el rumbo e inició un largo período de crecimiento real de los salarios, que recibió el nombre de Milagro Mexicano, dado que el país creció de manera sostenida a tasas mayores del 6% con inflación bajo control y bajo endeudamiento.

“Después de Adolfo Ruiz Cortines, siguieron Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, artífices de ese largo período de bonanza económica. A partir de 1972 es clara el alza ficticia de salarios en el período de Luis Echeverría (inflación descontrolada), para después apreciar la caída brutal y sin control durante 4 sexenios consecutivos, López Portillo, De Lamadrid, Salinas y Zedillo.

“Los gobiernos del PAN lograron controlar la inflación, pero olvidaron que debió privilegiarse el incremento real del salario, ligeramente por arriba de la inflación cada año durante cada negociación obrero patronal…”

Si se tiene la fortuna de contar con trabajo, en materia de salario mínimo los habitantes de la Ciudad de México dan muestras de mayor cansancio cada día. Vivir con 80 pesos promedio diarios es una fatalidad; una burla del destino; una broma macabra y trágica… (¡gulp!)

Los señores de pipa y guante de la Kimusabi, digo, la Conasami  dicen, a modo de “yo soy quien soy, y no me parezco a nadie…” que es un organismo público descentralizado creado mediante la reforma a la Fracción VI del artículo 123 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 21 de noviembre de 1962, así como las correspondientes reformas y adiciones a la Ley Federal del Trabajo publicadas en el mismo Diario el 31 de diciembre de ese mismo año.

Y que tiene como objetivo cumplir con lo que dice el artículo 94 de la Ley Federal del Trabajo, en el que se le encomienda que, en su carácter de órgano tripartito, lleve a cabo la fijación de los salarios mínimos legales –ejem-: “Procurando asegurar la congruencia entre lo que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos con las condiciones económicas y sociales del país, propiciando la equidad y la justicia entre los factores de la producción, en un contexto de respeto a la dignidad del trabajador y su familia”. Sí. Pero quién sabe.

Porque eso de que a partir del primero de diciembre de este año y por un año, un trabajador gane al mes 2,650.80 pesotes al mes por 202.5 horas de trabajo al mes está en mexicano al grito de guerra. Esto porque según las cuentas que hacen ahí, este trabajador puede vivir “holgadamente” y en la línea de ‘bienestar’ con esta cifra fenomenal.

El tema es que no, no y no… no te lo voy a creer. Esto porque vivir en la Ciudad de México es gastar-gastar-gastar desde que se hace la luz del día, hasta que se repone esa luz del día. Todo movimiento humano tiene que pagarse en pesos y centavos aquí.

Para empezar el salario mínimo se ajusta a la vida de una sola persona. Pero no se considera que este trabajador tiene familia, esposa (o esposo si es mujer), hijos y “detalles” –ejem-.

De los 80.36 por día, habría que considerar que el precio del pasaje público es de promedio 5 monedas de a peso por ida y  5 por regreso; que para llegar al Metro o Metrobuses, mucha gente de Ciudad de México tiene que utilizar por lo menos un transporte adicional de acercamiento… lo que significa 30 pesos por día

Esto es: en un día, una sola persona gastará 30 de esos 88.36 pesotes. Al mes, de sus 2,650.80 se habrá consumido 900 pesos. Pero ¿y la familia? “Cabe recordar…” que según los criterios de los salaristas mínimos, el sueldo debe alcanzar para casa, transporte, comida, educación, cultura y recreación.

Ellos usan un argumento cuya solidez es irrefutable, según los criterios sociales y humanistas de Kimusabi (Conasami). Dicen que en general hoy en México –que incluye a Ciudad de México- pocos reciben ese salario mínimo ya que perciben por lo menos dos de ellos, o bien que la pareja también trabaja. Qué bueno. Eso es justicia social, sobre todo si se tiene trabajo y se trabajan jornadas extenuantes y adicionales y más por más. Entonces, una familia trabajadora tendría que subsistir –según esto- con $5,301.60 al mes. ¿Será?

La Ciudad de México es muy cara. No sólo en términos de habitación, que ese es otro cantar sin igual; es sobre todo un asunto de la alimentación y básicos, porque, según los Kimusabi con esto los mexicanos viven en esa famosa línea de bienestar… ¿Y cómo miden si un mexicano está bien con este sueldo mensual?

Depende de cómo viva y que coma; cómo subsiste en este alto Valle Metafísico.

No os olvidéis que el salario aumentó en sólo ocho pesos con 32 centavos, pero resulta que el índice de inflación anualizado en el país  se ubicó en octubre en 6.30% y dice el inmutable e inmarcesible señor Agustín Castrense –quien dejó  de ser el gobernador del Banco de México para irse a quien sabe dónde, y se va reluciente y silbante mientras nos quedamos con una inflación sin precedentes—que:

…Dice el señor Carstens que este súper aumento al salario mínimo de 8.32 pesos, generará una mayor inflación para diciembre de este año… O sea: los trabajadores son los culpables de la tragedia económica mexicana en la próxima Navidad: “Eeeen el nombre del cieeeelo, oooos pido salaaaario…”

Para empezar –y volvemos a la realidad de los2,650.80 pesos, los precios de la canasta básica en Ciudad de México están por los cielos.

No más un recorrido a lo Bartola ‘ai te dejo estos dos pesos’ en una vueltecita por el mercado sobre ruedas, sito en la Villa Panamericana:

El kilo de jitomate 14 pesos; un kilo de huevo 30 pesos; 200 gramos de chiles verdes –‘picosos pero sabrosos’- en 12 pesos; la cebolla llorona a 20 el kilo; “estaban los tomatitos, muy contentitos…” a 20 el kilo; el pollo –si eres rico y portentoso: pechuga 68 pesos el kilo; pierna con muslo 38 pesos y, a modo salario mínimo,el retazo –huesitos, digo–, 20 pesos el kilo “bien pesado patrón”.

La carne de res está en 120 pesos el kilo para asar  90 pesos para cocido. Un sobre de sopa de pasta cuesta 6 pesos; el kilo de frijol negro 30 pesos; por supuesto todo esto no tiene sentido si no se come con tortillas que cuesta a 14 pesos un kilo; azúcar 20 el kilo, las lentejuelas 60 el kilo, la avena 20 el kilo y así la historia sin fin, dijera Michael Ende. Bueno.

Y ya: Resulta que hoy día, en la Ciudad de México, gana más un “Viene-viene”, un “limpia-parabrisas” o un “limosnero” sin garrote, que un trabajador-con trabajo y sus 80 pesos con 32 centavos al día.

“Mira Bartola; hay te dejo esos ocho pesos (+0.32); pagas la renta, el teléfono y la luz. De lo que sobre, guardas de ái para tu gasto; guárdame el resto pa comprarme mi alipuz”.

 

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