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Migración venezolana: una consecuencia del acoso internacional

Desde mediados de 2012 Venezuela ha sido víctima de una guerra económica sin precedentes que ha logrado afectar la economía con un fuerte impacto social. Miles de venezolanos se ven obligados a emigrar a distintos países de América Latina, entre ellos Uruguay, que los recibe de brazos abiertos.

Esteban llevaba ocho meses buscando cómo salir de Venezuela. Se encontraba en una disyuntiva: no tenía trabajo ni dinero, pero debía mantener a dos niños pequeños, una esposa y una madre. “El negocio me lo tragó la inflación”, contó a Sputnik.

La tienda que tenía junto a su hermano en Maturín, su ciudad natal, a 400 kilómetros de Caracas, había cerrado a inicios de año y los había dejado sin un bolívar para llevar a casa. Los niños eran una preocupación recurrente y los meses pasaban sin poder encontrar un trabajo que lo librara de la angustia.

La historia de Esteban es la de millones de venezolanos que sufren las consecuencias de una guerra económica creciente provocada por acciones opositoras y con amplia repercusión mediática que busca desestabilizar afectando a la población de forma despiadada.

La falta de medicamentos e insumos médicos, así como el acaparamiento de alimentos básicos y productos de higiene esenciales desviados al mercado ilegal venezolano han generado filas eternas.

Sectores empresarios opositores ligados a Estados Unidos manipulan las importaciones, la distribución mayorista y minorista, y el valor del bolívar. Esto conduce a una hiperinflación con una degradación extrema de la moneda local que influye en los salarios del pueblo y los precios de los comercios locales.

Emigrar se vuelve, de pronto, la única salida. Pero no es fácil. Esteban no conocía ningún destino. Una prima había pisado Montevideo tres meses atrás y en una llamada se ofreció para recibirlo. Esteban tenía que conseguir un pasaje y los documentos requeridos para iniciar los trámites, sin embargo no tenía dinero para emprender viaje.

“Me puse a investigar: busqué en internet y leí sobre las bondades que contaba Uruguay con los migrantes, también cómo recibían a los venezolanos, y entre tantas bondades y beneficios decidí irme con la esperanza de poder enviarles algo de dinero”, reveló Esteban.

Había posibilidades de trabajar a la semana haciendo trámites básicos como la cédula y una sociedad estable y segura para sus hijos. A pesar de que no tenía un centavo Esteban alimentó su proyecto y así apareció otro amigo con residencia en México que le compró un boleto de avión desde Boa Vista hasta Montevideo, una deuda que a 25 días de estancia en Uruguay todavía no puede saldar.

Sin embargo lo más angustiante era la despedida familiar. “Imagínate dejar a mis hijos, mi niña que tiene 10 años y el varón de seis, mi madre que es mi columna vertebral y a la que dejé llorando en la puerta de la casa. Esa fue mi verdadera pérdida”, dijo a media voz.

Tardó 24 horas hasta la frontera con Brasil y una semana en llegar a Montevideo. Durmió en el piso todos los días del viaje, prácticamente no comía, no tenía cómo hacerlo y no tenía qué hacer.

En el aeropuerto de Boa Vista en Brasil conoció a 25 compatriotas que esperaban vuelo para distintos destinos de Sudamérica. Había médicos, arquitectos, vendedores, todos en las mismas circunstancias. Con algunos siguió viaje hasta Uruguay, ya más tranquilo con las “comodidades” del vuelo.

Una guerra económica

Para Esteban, el principal problema en su país es la inseguridad. “Sin embargo, el desabastecimiento es lo que más duele. Tenemos un país con una reserva petrolera que alcanza para unos 300 años, sin embargo debemos vernos cara a cara con la miseria. No hay medicinas en los hospitales, es doloroso”, lamentó el venezolano.

Un país rico en recursos naturales sufre los padecimientos de un embargo comercial encubierto. El acaparamiento por parte de grandes empresas, así como el contrabando en las fronteras sobre todo hacia Colombia, provocan este desequilibrio comercial lo que ocasiona que muchos productos aparecen luego en el mercado informal a precios elevados.

La técnica más eficiente de la guerra económica contra Venezuela está vigente desde 2013, y es la inflación inducida a través de la página  “Dólar Today” que establece de manera ilegal cada día la tasa de cambio con respecto al dólar.

Estas tasas no responden a criterio económico alguno sino que obedecen a una intencionalidad política, que repercute directamente en el poder adquisitivo de la mayoría de la población y afecta los precios y el comercio en general.

También desde 2013 Venezuela padece una especie de bloqueo financiero que le hace más difícil y costoso tener acceso a créditos en el mercado internacional.

La crisis asola a la economía venezolana con la caída en el precio del petróleo. El barril de crudo que hoy se cotiza a un precio 50% inferior al de mediados de 2014 también ha sido uno de los elementos clave de decadencia que aprecia la población.

El 25 de agosto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que prohíbe las negociaciones de deuda nueva y capital por el Gobierno bolivariano y la estatal PDVSA, como parte del recrudecimiento de su política hacia este país.

Uruguay, un país de acogida

En los años 70, Venezuela fue un país de acogida para miles de sudamericanos que huían de las dictaduras militares. Hoy la historia se ha dado vuelta y América del Sur acoge a los buscan refugiarse de esta despiadada guerra económica.

Por eso, Venezuela pasó de ser un país históricamente receptor por sus abundantes recursos naturales, a ser un emisor de migrantes en los últimos dos años. Uno de los destinos más favorables es Uruguay, un país modelo de gestión migratoria que recibe a los recién llegados de brazos abiertos y facilita su inserción social con rapidez en los trámites y con medidas inclusivas en igualdad de derechos con respecto a los uruguayos.

El embajador Jorge Muiñoa, director general de la Junta Nacional de Migrantes (JNM) del Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay, conversó con Sputnik sobre la recepción de migrantes venezolanos en 2017.

“Nos llama la atención desde el punto de vista cuantitativo porque si miras ocho años atrás cuando dábamos 3.000 residencias anuales, la población venezolana era de ocho o nueve personas al año. Ahora ha aumentado exponencialmente a casi 2.400 residencias solo de venezolanos”, informó Muiñoa.

El embajador contó que existe una deuda histórica con el país caribeño. “No olvidemos que Venezuela nos abrió las puertas, en ciertos momentos de la historia uruguaya cuando miles de los nuestros se iban. Yo creo que esto es un reconocimiento a esos momentos, más allá de una situación económica puntual”, aclaró.

La JNM atiende a migrantes de países del Mercosur amparados por la Ley 19-254 que establece la residencia permanente para sus nacionales, países partes y asociados.

“Lo importante (sobre Venezuela) es que acá llegan personas que eligen venir a Uruguay para mejorar su calidad de vida y nosotros les queremos brindar la mayor atención. Por ello tratamos de documentarlos lo más rápido posible, orientarlos y asesorarlos”, acotó Muiñoa.

En 2017, entre los datos de Dirección Nacional de Migración (DNM) que atiende a migrantes de países fuera del Mercosur y los de la JNM se reportaron 6.000 entradas más que salidas de Uruguay. Esta cifra revierte la historia de esta nación sudamericana que ha pasado de ser un país emisor a ser un atractivo para diferentes poblaciones de América Latina.

En 2016 entre DNM y JNM fueron tramitadas y otorgadas más de 12.000 residencias en total. Sin embargo, hasta el 30 de noviembre de 2017 solamente del Mercosur se han tramitado 9.800 residencias, junto a 1.500 para procesar este último mes.

“Tenemos una política abierta que apoya la regularización para que el migrante, independiente del tiempo que quiera vivir en Uruguay, pueda obtener lo más rápido posible su documento y esté en igualdad de condiciones con respecto al nacional”, aseguró el director.

Entre los beneficios que destacan a Uruguay como nuevo atractivo para las poblaciones migrantes de América Latina están la educación gratuita y laica para los cuatro niveles de enseñanza, un servicio social benefactor que ampara al trabajador y su familia, y la rapidez de la documentación.

El embajador comentó a Sputnik que esta política es reflejo de las directivas ministeriales. “El plan estratégico 2015-2020 del Ministerio de Relaciones Exteriores entiende que la migración es progreso, es recursos humanos que vienen, es respeto, es inclusión, integración, cultura y desarrollo. La multinacionalidad nos va a hacer ciudadanos mucho más democráticos y plenos”, aseguró.

“Ojalá que esa persona que viene con determinados sueños los pueda hacer realidad en Uruguay y que se quede para siempre”, concluyó el embajador.

Esteban llegó a Uruguay con sueños para los suyos. Una llamada interrumpe nuestra conversación y así resulta su primera entrevista de trabajo. A sus 25 días de estancia en Montevideo, el futuro le sonríe y en casa se enteran al instante: “ahora falta menos para verlos”, aseguró sonriente.

Sputnik

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