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Matriarcado o patriarcado: ¿qué es más conveniente para la supervivencia?

En la sociedad humana moderna las diferencias de género van perdiendo su función histórica. Hoy en día nadie se sorprende al ver a una mujer con una carrera exitosa o a un hombre que prefiere dedicar su tiempo a su familia y sus hijos. Pero en el mundo animal esto no es así.

En las sociedades de animales que se encuentran en constante lucha por su supervivencia, es común ver a los machos como líderes. Esto es algo lógico, ya que usualmente son más grandes, fuertes y ágiles, lo que les confiere mayores oportunidades de proteger a su manada y una ventaja a la hora de ganarse su autoridad. Pero para los animales que no sienten tanto peligro desde el exterior, la naturaleza ha hecho varias excepciones.

Matriarcado agresivo

Las hienas manchadas viven en clanes con una estricta jerarquía, donde las hembras son las que ocupan la cumbre de la pirámide social. Los machos forman las castas más bajas, que se encuentran incluso por debajo de las hembras jóvenes. Cada hiena hembra hereda la posición social de su madre, aunque es posible que esta cambie durante su vida.

Las hembras de las hienas manchadas son más grandes que los machos. Su nivel de testosterona es tan alto que incluso desarrollan órganos sexuales parecidos a los masculinos, lo que para una persona no familiarizada con su anatomía puede causar confusión. Las crías de las hienas nacen con dientes y desde muy jóvenes las hembras comienzan a luchar entre sí por su posición social, ignorando totalmente a los machos.

Este es un caso casi único en la naturaleza: un verdadero matriarcado que vive según las reglas del patriarcado.

Emiten toda una gama de diversos gritos, de los que el más conocido es una especie de ladrido sarcástico característico que recuerda a la risa humana

Emiten toda una gama de diversos gritos, de los que el más conocido es una especie de ladrido sarcástico característico que recuerda a la risa humana

Matriarcado sabio

Un caso de matriarcado totalmente diferente lo muestra la sociedad de los elefantes. Estos animales no tienen enemigos naturales, por lo que fundan sus relaciones no en el poder del más fuerte, sino en la astucia del más experimentado. Debido a las constantes peleas con sus rivales, el organismo de los machos se desgasta más rápido y rara vez sobreviven hasta una edad avanzada. Por lo tanto, donde la información acumulada es más importante que la fuerza, los líderes son las mayores hembras de la manada.

La lideresa de una manada de elefantes se muestra neutral hacia todos sus integrantes, nadie la teme y nadie intenta agradarla. Sus seguidores la ven como un ejemplo a seguir, repiten sus reacciones e intentan ser como ella. Si la lideresa se muestra preocupada por la presencia de depredadores, la manada se coloca en una formación defensiva. Si la elefanta está tranquila, entonces su manada también.

Los machos adultos pueden abandonar la manada y vivir un tiempo en solitario, pero a menudo se unen a otros grupos. Después de todo, son animales sociales y vivir acompañado es algo más divertido. Esta jerarquía se ve también entre las orcas o las ratas: las hembras dirigen la manada y los machos se dedican a cazar y defenderla.

Las abejas no sólo viven alrededor de una reina, sino que casi toda su población está compuesta por hembras. El macho, mientras tanto, tienen un fin meramente reproductivo y, tras completar su función, muere.

Las abejas no sólo viven alrededor de una reina, sino que casi toda su población está compuesta por hembras. El macho, mientras tanto, tienen un fin meramente reproductivo y, tras completar su función, muere.

Patriarcado defensivo

Como ya apuntamos anteriormente, el patriarcado es una estrategia social más común entre las especies que tienen que luchar por su supervivencia. Esto se debe a que las hembras son más propensas a cuidar de sus crías incluso en detrimento de su propia seguridad. Por esta reacción responden las hormonas oxitocina y prolactina, las mismas que estimulan la lactancia materna.

Los machos, por su parte, enfocan sus decisiones a cuidar de la manada en su conjunto, incluso cuando esto supone tener que abandonar a algunos de sus integrantes. La naturaleza no conoce la piedad y a veces es necesario sacrificar a algunos miembros para salvaguardar el bienestar de la mayoría. Después de todo, los adultos pueden procrear otras crías, pero una cría sin protección probablemente fallezca de igual manera.

Los caballitos de mar se diferencian de otros peces no solo porque tienen apariencia de corcel, carecen de aleta pélvica y nadan verticalmente. También son los machos los que 'llevan el embarazo' en su bolsa de crías, que recuerda a la de los canguros.

Los caballitos de mar se diferencian de otros peces no solo porque tienen apariencia de corcel, carecen de aleta pélvica y nadan verticalmente. También son los machos los que ‘llevan el embarazo’ en su bolsa de crías, que recuerda a la de los canguros.

Durante mucho tiempo, la especie humana también estuvo sujeta a esa estrategia de supervivencia, pero con el desarrollo de la sociedad, la moral y la ética sensocéntrica, ausentes entre los animales, fueron cambiando también los criterios de dominación y barreras jerárquicas. Ya las primeras civilizaciones del valle del Nilo y Mesopotamia tuvieron a mujeres de gran poder, aunque la lucha por la igualdad social aún persiste en muchos rincones del mundo.

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