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Italia huele a revancha, la revancha de Berlusconi

Inelegible, condenado por fraude fiscal, incitación a la prostitución y corrupción, el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi vuelve a la escena política y su partido encabeza los sondeos para las elecciones generales del 4 de marzo.

Por Luis Rivas*

Fuerza Italia, el partido del “Il Cavaliere” no podía inventar otro eslogan: “Berlusconi Presidente”. El político italiano que más tiempo ha dirigido gobiernos en su país desde el fin de la guerra no podrá ocupar oficialmente el cargo de Presidente del Consejo de Ministros, pero será, en caso de victoria electoral, el auténtico jefe de gobierno italiano y ni siquiera en la sombra, sino a plena luz.

Los periodistas extranjeros defensores de lo políticamente correcto experimentan ya un sentimiento ambivalente. Por una parte, consideran indignante que quien califican como uno de los políticos más corruptos de la historia europea pueda volver al poder. Por otra parte, Berlusconi les ofrece un renovado objeto de críticas y burlas, para acompañar a Donald Trump en el bestiario del periodismo moralizador.

Pero así es. Cuando se hace difícil comprender cómo este empresario se convierte de nuevo en el favorito de las urnas, lo más sencillo es atacarle por su aspecto físico. No hay periodista extranjero de radio, prensa escrita o televisión que no aliñe su crónica berlusconiana sin hablar de dientes postizos, pelo trasplantado, maquillaje exagerado o piel estirada. Nada que en Italia atraiga la más mínima atención.

En pleno auge del #MeToo y del #BalanceTonPorc, vuelve el líder político que a través de sus cadenas de televisión creó el fenómeno de las “veline”: muchachas que aspiraban a explotar su físico para convertirse en estrellas de la televisión, o algo más al lado de los poderosos protagonistas de la política, de los negocios o de los medios de comunicación.

Vuelve el político que pensaba que era imposible fornicar con Angela Merkel debido a su “culo grasoso”. Vuelve el hombre que “no podía dejar de cortejar a las mujeres”. Retorna el organizador de fiestas sexuales, “bunga-bunga”, donde no se miraba la edad de las señoritas invitadas.

Del “bunga bunga sexual”, al abuelo sabio

Tras su breve travesía del desierto político y penal, Berlusconi ha archivado el traje de play-boy y ahora pasa por ser el padre de todos, o el abuelo sabio que tiene la solución para salvar a Italia del populismo, de la morosidad económica y de la crisis migratoria.

El 4 de marzo, Fuerza Italia se presenta en las urnas aliado con “La Lega” La Liga) de Matteo Salvini, antes conocido como Lega Nord, un viejo partido nacionalista del norte de Italia al que Salvini ha transformado en partido nacional. Ya no es solo del norte rico; ya no es el partido que desprecia a Roma ni a los italianos del sur. La lucha autonomista se ha transformado en fuerza antinmigración. Y, con ese nuevo ideario, es indispensable contar con los votos de las regiones meridionales, punto de llegada de los cientos de miles de emigrantes provenientes de África y Oriente Próximo que acoge Italia.

De paria político, a barrera contra el populismo eurófobo

Salvini, que no oculta su convergencia de ideario con otras fuerzas europeas, como el Frente Nacional de Marine Le Pen, es el socio indispensable de Berlusconi. Y ello no despierta ningún temor ni siquiera en los medios periodísticos e intelectuales del centroizquierda, que consideran al Movimiento 5 Stelle (Movimiento 5 Estrellas, M5S) del exhumorista Beppe Grillo como la formación más peligrosa del panorama político italiano.

Esos mismos sectores están convencidos, además, de que Berlusconi utilizará a Salvini, pero le relegará a un segundo plano más tarde, como ya hizo en el pasado con el jefe de la Lega Nord, Umberto Bossi o con los postfascista de Gianfranco Fini. Periodistas como Eugenio Scalfari, el fundador del diario de centroizquierda La Repubblica, o el exredactor jefe de The Ecomomist, Bill Emmot, autor de documentales antiberlusconi, han manifestado preferir al “Caimán” antes que a los representantes del M5S.

El paria del reciente pasado es visto hoy como un mal menor, como una barrera contra el populismo y las opciones derechistas más extremas, representadas por “Fratelli d”Italia” o “Casa Pound”.

Algunos sondeos otorgan a la coalición Berlusconi-Salvini un 39 % de los votos, a un punto de la mayoría absoluta según el renovado sistema proporcional italiano. El M5S, encabezado por Luigi di Maio es el enemigo a batir por Berlusconi y sus socios. Representantes del populismo con salsa italiana y profundos eurófobos, encarnaron la esperanza de renovación tras la desaparición política momentánea de Berlusconi. Pero su desastrosa gestión al frente de las alcaldías de Roma y Torino, las acusaciones de corrupción y la retirada política de Grillo, le han restado apoyos.

Del Kapo Schulz al trasero de Merkel

Berlusconi, al que nadie contesta su olfato político, vuelve al ruedo agitando la bandera europea. Forma parte también de su venganza hacia sus antiguos colegas del “Club de Bruselas”. Nadie olvida sus ataques a Merkel ya reseñados; las videotecas conservan sus invectivas contra el expresidente del Parlamento europeo, el alemán Martin Schulz, al que calificó de ” Kapo ” (Guardián en los campos de exterminio nazis); las hemerotecas guardan el desprecio de Merkel y Nicolas Sarkozy hacia su capacidad para sacar a Italia de la crisis financiera de 2011 (En buena parte fomentada por Berlín y París, según los berlusconianos).

Berlusconi volvió a pisar “suelo comunitario” con motivo de la reunión del Partido Popular Europeo, el 22 de enero pasado. Allí fue recibido, como si nada, por el presidente de la Unión, Jean-Claude Juncker y por la canciller Merkel. A sus 81 años, el dirigente italiano tiene más futuro político que Merkel, Juncker o Sarkozy. Su europeísmo se verá plasmado si gana en las urnas con el nombramiento como Jefe de Gobierno italiano de Antonio Tajani, actual presidente de la Eurocámara y miembro histórico de Fuerza Italia. En Bruselas prometió, incuso, que Italia respetará el límite del 3 por ciento de déficit exigido por la UE.

Expulsión de emigrantes; ejército en las calles

El Programa electoral de Silvio Berlusconi es conciso y de fácil comprensión: bajada de impuestos (una “flat tax” de 23 por ciento “para que todos paguen menos, pero que todos paguen”); “revolución liberal” y “acabar con la burocracia”. Capítulo aparte para los pensionistas: 1000 euros como mínimo de jubilación garantizados, aparatos dentales reembolsados y creación de un “Ministerio de la Tercera Edad”. En un país envejecido por la baja natalidad, un tercio de los votantes tiene más de 65 años, mientras se da por segura una alta abstención de los jóvenes.

Pero la media estrella de “Fuerza Italia”, que comparte sin fisuras con “La Lega” es la expulsión de los 600.000 emigrantes clandestinos que, asegura, han llegado a Italia en los últimos años. “Una bomba social”, según Berlusconi, “un colectivo dispuesto a cometer delitos”. Para ello, el exjefe de gobierno propone el despliegue del Ejército en las calles: “ni un militar en los cuarteles”.

De la izquierda italiana se habrá podido deducir que tiene pocas esperanzas en estos comicios, según todos los analistas del país. Matteo Renzi, el “Berlusconi de centroizquierda” que gobernó el país entre febrero de 2014 y diciembre de 2016, se estrelló políticamente con su proyecto de reforma constitucional de 2016. La confección de las listas de su organización, el Partido Demócrata (PD), ha sido una “experiencia devastadora”, según testigos. La violencia contra sus oponentes dentro de su partido ha hecho decir a un dirigente del PD que “Berlusconi, al lado de Renzi, es la Madre Teresa”.

La ambigüedad de la izquierda

El PD es mayoritario en la Cámara de Diputados y en el Senado, pero el sistema proporcional le va a privar de decenas de representantes. Y los que van a perder sus prebendas como representantes de la nación no perdonan a Renzi.

Es esa mismo centroizquierda o esa izquierda italiana la que siempre fue ambigua con Berlusconi. La que participó en ocultar el origen de la fortuna de Berlusconi. La que nunca quiso aplicar las reformas que tuvo en su mano y que hubieran cambiado – algo- a Italia. La que permanecía silente cuando Berlusconi dictaba leyes a su medida. La que enviaba a los periodistas de su cuerda a entrevistar de rodillas al “tycoon”. La que prefirió tumbar el gobierno del centrista Romano Prodi y devolver el poder a la derecha.

Esa centroizquierda piensa que atacar a Berlusconi “es hacerle el juego, porque la gente le considera un perseguido político”. Renzi no oculta que en determinadas circunstancias una alianza con Berlusconi podría ser posible o necesaria. El personaje que tanta literatura y cine ha inspirado vuelve a ser el político imprescindible para sus aliados de siempre y para muchos de sus teóricos enemigos. (Sputnik

*Sputnik

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