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Peña Nieto-Trump: llamadas de fulgor extraño

El martes 20 de febrero hubo una llamada telefónica entre el presidente de México, Enrique Peña Nieto y el de Estados Unidos, Donald Trump. Nadie dice quién llamó a quien, pero lo cierto es que se dijo que tratarían el tema de la tragedia del helicóptero desplomado en Oaxaca que costó la vida a 14 personas y la balacera en el Instituto Marjoy Stoneman Douglas, en Parkland, Florida en la que murieron 17 estudiantes y maestros.

Por Joel Hernández Santiago*

*jhsantiago@prodigy.net.mx

Habrían de darse condolencias mutuas y, un poco, adelantar lo que se había planeado en Washington días antes a través del Canciller Luis Videgaray Caso.

Una porción muy jugosa de lo que del Secretario de Relaciones Exteriores mexicanos supone como triunfo diplomático es esa, la de reunir a los dos presidentes ¿para qué? Extraña propuesta si ya se sabe cuál es el objetivo de Trump, su forma de manejar el proceso de negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y su chantaje para obtener recursos para su muro a cambio de dejar en paz a los “dreamers” de origen mexicano.

Hace más de un año, desde la campaña de Donald J. Trump a la presidencia de EUA, Luis Videgaray, quien fuera secretario de Hacienda de México por entonces, hizo gestiones para que el candidato republicano estadounidense viniera a nuestro país. Nada más execrable que eso. Justo en el peor momento, cuando los dardos envenenados del personaje eran lanzados en contra de México, de los mexicanos y bajo la consigna de construir un muro que separe a los dos países.

Ya desde entonces Trump decía que México –los mexicanos- habríamos de pagar la construcción de esa barrera. Y ya desde entonces los mexicanos han dicho que no se pagará por un absurdo capricho del candidato, ahora presidente de EUA. Un capricho y una especie de animadversión patológica hacia México, del hombre que como cabra en cristalería, ha hecho de la presidencia de EUA una burla y hasta ‘objeto de risión’ en todo el mundo: no obstante peligrosa.

El tema es que según reporta el influente periódico estadounidense The Washington Post, esta vez la llamada fue “malhumorada” y “explosiva”. Al parecer Trump fue al punto que le importa: El gobierno mexicano tiene que aceptar públicamente que pagará por el muro”.

Se ignoran los argumentos del presidente mexicano, pero lo cierto es que por último Donald J. Trump, el heredero millonario, el hombre que dirige a una de las naciones más poderosas del mundo, quien consiguió ser presidente contra toda suposición y quien a cada paso pone en entredicho su propia salud mental para manejarse en tan alta posición nacional y mundial… el mismo Trump que odia a México y lo mexicano, le colgó al presidente de México, enfurecido.

¿Qué quiere decir esto? Que Trump no termina por salirse con la suya. Le urge conseguir los recursos para construir la barrera de 3 mil kilómetros y que le son regateados en el Congreso, estadounidense, sobre todo porque es un absurdo, una locura y una desmedida forma de demostrar su autoridad en el tema migratorio-mexicano.

Quiere que México pague por ese muro. Lo que con toda razón no será. Pero también es cierto que a lo largo de los meses el gobierno mexicano ha sido complaciente en otros terrenos de las relaciones bilaterales. De ahí que hace poco el mismo Trump dijera que en las negociaciones relativas al TLCAN “se puede tratar mejor con México”, lo que en otras palabras es: ‘México es más complaciente y condescendiente con los intereses estadounidenses’.

Y de ahí en adelante el gobierno Mexicano asume como responsabilidad propia cuidar el territorio nacional de amenazas a la seguridad de EUA; ha permitido la presencia de miles de agentes estadounidenses en México para prevenir cualquier tipo de agresión a su país desde el sur de la frontera. En materia de estrategias para la persecución de malandrines del narcotráfico, México se ha plegado a las estrategias que le marca el gobierno de EUA…

En fin. Que pocas veces como a hora la relación entre ambos países ha sido “inmejorable” como dijera Videgaray. Pero no. No y no. Resulta que por encima de la diplomacia está el interés particular de Donald Trump por someter al gobierno mexicano en el tema del muro. Lo necesita. Le es políticamente necesario. El problema es que México nunca pagará por ese muro y Peña Nieto lo sabe: aceptar hacerlo sería su fin como político, ya de por sí en crisis.

Es histórico. Las relaciones entre ambas naciones son difíciles: en tanto que muchos mexicanos ven con admiración la vida americana –a lo que contribuye la televisión mexicana–, pero sin olvidar el pasado y sin olvidar los agravios, por su otro lado, gran parte de los estadounidenses, sobre todo republicanos, ven con desprecio a México y lo mexicano.

Así que esperar que este estado de ánimo se solucione con una reunión entre presidentes es un absurdo, como absurda es la idea misma de construir un muro que, a fin de cuentas, mostrará al mundo que EUA está pasando por una etapa de locura, de locura americana y eso es peligroso para todo el planeta.

No se trata de armar una guerra entre ambos países por este tipo de cosas, pero también es cierto que manejarse con exigencia respeto y dignidad será una muestra de solidez y razón por parte del gobierno mexicano.

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