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La primera feminista de Rusia: una mujer de provincias y ávida lectora de Tolstói

Fue una persona independiente que desarrolló ideas por cuenta propia.

Liza Diákonova tuvo una misteriosa muerte y su diario se publicó a principios del siglo XX. Su cuerpo desnudo fue hallado en las montañas del Tirol austriaco. Cerca de donde murió se encontró un fajo atado con su ropa. Así que a pesar de que la versión oficial fuera el suicidio, todavía no queda claro qué es lo que ocurrió.

El escritor Pável Basinski, que es también experto en Lev Tolstói, estaba tan intrigado con su historia y su diario que ha llegado a escribir un libro sobre Liza, publicado este otoño en Rusia.

Lev Tolstói, una lectura obligatoria

Liza Diákonova, nació en 1874 y como a muchos de sus contemporáneos le gustaba Lev Tolstói, una autoridad indiscutida. Uno de sus libros que atraía la atención de los lectores de la época era la Sonata a Kreutzer, censurada oficialmente y de la que se distribuían copias del manuscrito.

Liza Diákonova de jóven.

Liza Diákonova de jóven

Trata sobre un hombre que ha llevado una vida moralmente dudosa antes del matrimonio y decide llevar vida conyugal de una manera muy moral. Pero la relación con su mujer empeora y se siente celoso por la admiración que ella siente por un violinista que toca la Sonata nº9 de Beethoven.

Sonata a Kreutzer tuvo un gran impacto entre los jóvenes del siglo XIX. Liza leyó el libro secretamente y le causó una gran impresión. Le parecía que era muy injusto que una mujer siguiera siendo virgen hasta el matrimonio mientras a los hombres se les daba rienda suelta. Decidió que si se casaba alguna vez, entonces lo haría con un hombre “limpio”. Incluso, su amigo más cercano, al que consideraba decente, estaba “descartado”.

El matrimonio no estaba en la agenda de Liza

En aquella época era normal que las chicas se casaran entre los 17 y los 19 años. Si seguían solteras a los 20 era algo raro. Liza era la hermana más mayor de una familia numerosa, así que su madre quería que se casara lo antes posible, para no hacerse responsable de la vida de Liza ni de sus necesidades financieras.

Pero Liza no había encontrado el amor y se consideraba poco atractiva, incluso fea (aunque las fotos lo desmienten). No quería casarse, le encantaba leer y su deseo era estudiar. Sobre todo cuando se enteró de que todos los hombres estaban “descartados”, no quiso casarse.

Liza Diákonova y su abuela.

Liza Diákonova y su abuela

Es más, mientras vivía en Francia una mujer francesa casi le convence de que si los hombres podían vivir la vida que quisieran antes del matrimonio, las mujeres también debían hacerlo.

En una ocasión una amiga recién casada le dijo que estaba embarazada por segunda vez. Liza, sorprendida, le preguntó por qué y su amiga le dio una respuesta que confirmó su falta de deseo por la vida conyugal: “Cuando nos casamos ya no disponemos de nosotras libremente, tenemos marido…”

Liza solamente quería estudiar

Liza terminó la escuela en Yaroslavl y quería seguir estudiando y conseguir un buen trabajo. Pero con menos de 21 años era necesario contar con el consentimiento de la madre, que no estaba de acuerdo y quería que se casara cuanto antes.

La investigación de Basinki ha demostrado qué derechos tenían las mujeres rusas en el siglo XIX:

1. No tenían derecho a vivir donde quisieran sin la conformidad del padre o del marido.

2. El matrimonio era por la iglesia y el divorcio era casi imposible.

3. “Una hija solo podía heredar de sus padres una catorceava parte de los bienes y una octava parte de los inmuebles. El resto se dividía en partes iguales entre los hermanos”. Esto era otra fuente de angustia para Liza y le enfadó a lo largo de toda su vida. ¿Por qué tenía que recibir menos dinero solo por ser una hija, que además estaba muy cerca de su padre?

4. Para poder matricularse o trabajar, una mujer necesitaba el permiso de su padre o marido.

San Petersburgo a finales del siglo XIX.

San Petersburgo a finales del siglo XIX

Como no tenía ni padre ni marido podía matricularse en cursos en San Petersburgo por su cuenta. El único problema es que tenía menos de 21 años y por eso necesitaba la aprobación de la madre. Entonces pidió ayuda a algunos hombres, que se mostraron dispuestos a ayudarla. El director de los cursos en San Petersburgo escribió dos cartas a su madre tratando de convencerla para que la dejara estudiar en un buen ambiente, de alta calidad moral.

Mujer hecha a sí misma

Basinski escribe que Liza no daba mucho crédito ni a las sufragistas inglesas ni a las feministas francesas, y tampoco le importaban mucho los círculos feministas de Rusia. Aunque Liza comprendía la importancia que tenía para las mujeres que se reunieran para luchar por sus derechos y por la independencia de los hombres.

Liza llegó a escribir un artículo Sobre la cuestión femenina en el que tomaba una postura anticlerical. Afirmaba que “el cristianismo defendió la esclavitud de las mujeres con una base religiosa” ¿Pueden imaginar a una chica del siglo XIX, que había sido muy religiosa cuando era joven, escribiendo algo así? Liza pasa por encima de todos los estereotipos y fue capaz de formarse una personalidad propia, a través de libros que leyó y constantes reflexiones en su diario.

A finales del siglo XIX el movimiento revolucionario tomó cuerpo en Rusia y hubo gran cantidad de mujeres revolucionarias que apoyaron a los hombres revolucionarios, en vez de constituirse como sujetos de propio derecho. Liza quedó cautivada por el coraje de estas mujeres. Pero se dio cuenta de que acababan con anillos en sus dedos. Así que se decepcionó, ya que a pesar de luchar por los ideales de la libertad, simplemente tenían aventuras amorosas con estos rebeldes y después se casaban.

Liza en Inglaterra.

Liza en Inglaterra

El mundo del trabajo, básicamente cerrado para las mujeres

A pesar de ello, Liza tuvo suerte porque tuvo acceso a la mejor educación que una mujer podía tener en Rusia en esa época. Aunque como mujer no podía conseguir un trabajo y tampoco recibía diplomas por sus cursos. Por eso se mudó a París y aprobó los exámenes de acceso a la Sorbona.

Y antes de que surgiera la noción del feminismo, Liza escribió en su diario:

“No exijo que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres, que ambos sexos sirvan en las oficinas del Estado o que dirijan el país, no. Ya hay suficientes hombres para ello. Pero que se le dé a las mujeres una esfera mayor de acción, el derecho a ser un humano en líneas generales: el derecho al desarrollo del intelecto y del corazón a aquellas que no tienen una oportunidad para casarse o para ganar dinero por sí mismas. Y si entre estas mujeres aparece alguna con un intelecto extraordinario o grandes talentos, que no se le oprima, sino que se le den los mismos recursos para el libre desarrollo… Y supongo que habrá suficientes mujeres que se quieran casar”.

RBTH

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