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Enredar la madeja

Entre otra de sus múltiples actividades, la trama del Estado ha propiciado el desarrollo de un producto político de naturaleza zombie, lanzado al mercado como si fuera un perfume “low cost” de los que venden en Mercadona, que ha ido ocupando espacios entre los votantes de los partidos dinásticos (PP y PSOE), no tanto por méritos propios como por el deterioro corrupto de los herederos directos del franquismo.

Por Alfonso Durán Pich*

*Web del autor

Decir que “Ciudadanos” es un invento no es decir nada nuevo. Su repertorio ideológico toma como fundamento las letras de las canciones de José Luis Perales. De hecho, sus figuras más notorias tienen ese perfil, entre moderno y casposo, que lucen los españoles cuando actúan en el festival de la canción de Eurovisión.

Uno de sus eslóganes iniciales decía: “No nos importa donde naciste, no nos importa la lengua que hablas, no nos importa la ropa que vistes. Nos importas tu”. Perales no lo habría contado mejor.

Sus proclamas, que operan tomando como tronco central la descalificación, el insulto y la bajeza, destilan aquel aire chulesco y prepotente que los jóvenes falangistas mostraban en la posguerra. Por eso hablan de “golpistas” cuando se refieren a los políticos independentistas catalanes y celebran “que los metan en la cárcel” o declaran su oposición más dura a un programa de acercamiento de los presos vascos a Euzkadi, una medida que interpretan como signo de debilidad.

Estos chicos y chicas (tan monos ellos), habrían hecho las delicias de los que defendían en el tardofranquismo la continuidad de la dialéctica de “los puños y las pistolas”. No ocultan su bastardía, en la tercera acepción del  María Moliner.

Y aunque sus antecedentes son conocidos, merece la pena recordar a los desmemoriados algunas de la características de los “padres fundadores” de este extraño artilugio.

Destaquemos, por ejemplo, al señor Félix de Azúa, académico de la lengua, hijo de “buena familia”, que formó parte de la “Gauche Divine”, que se marchó a vivir a Madrid para que su hija “no crezca en el odio a los españoles” y que dijo sobre la alcaldesa de Barcelona (Ada Colau) que es “una mujer que debería estar sirviendo en un puesto de pescado”. Otro ilustre fundador fue Arcadi Espada, escritor y periodista, también trasladado a Madrid, que sobre la particular sentencia del caso de violación de “la manada”, puso dudas sobre el comportamiento de la chica, diciendo que “Tanta atención a los muchachos estos…, yo querría saber si hay algún video sobre la vida sexual de la víctima”. Una tercera columna de esta troupe la tenemos en Albert Boadella, que ejerce de payaso en sus horas libres y se presenta como presidente de “Tabarnia”, después de haber gozado de todo tipo de cargos “culturales” muy bien retribuidos en la Comunidad de Madrid; el mismo señor Boadella que el 19 de abril de 1979 firmaba una carta conjunta muy dura, en la que defendía el derecho de autodeterminación de Catalunya. Ya lo dijo Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, los cambio”. Y por último tenemos al señor Francesc de Carreras, prototipo de la burguesía catalana más genuina, mentor y profesor del señor Rivera, hijo de Narcís de Carreras (que fue presidente de la Caixa y del Barça), y que tras diecisiete años de cobrar sus honorarios y dietas como miembro del Consell Consultiu de la Generalitat, se pasó al españolismo, primero con la creación del Foro Babel, y luego con la formación de “Ciudadanos” (partido de la ciudadanía, por si no quedaba claro). El mismo de Carreras que en un debate en Televisión Española a raíz de la consulta del 9N, dijo que “la idea de que el deseo del pueblo tiene más fuerza que el poder de la ley, es lo mismo que decían los movimientos fascistas y nazis en los años veinte y treinta (del siglo pasado)”.

Si buscamos una característica común a este grupo de veteranos españolistas es su odio, un odio visceral, a Jordi Pujol y a lo que representaba en su vertiente cultural y lingüística. Ya les iba bien la Catalunya autonómica, pues gozaban de los privilegios de su posición y de sus vínculos económicos, pero no perdonaban la inmersión lingüística. Ahora que el delito de odio se ha puesto de moda en el código penal español, los fiscales deberían revisar esa parte de la historia, a sabiendas de que la darán por prescrita. Más tarde, cuando Convergència dejó el poder y lo tomó el tripartito, prepararon la vendetta, pero no encontraron el apoyo que esperaban de Pascual Maragall. Quizás por eso echaron una mano a sus amigos socialistas (Montilla, Iceta, Sala, etc.) para acabar liquidando los últimos vestigios de un socialismo catalán independiente y no contaminado.

Ese resentimiento, a modo de mantra, es el que transmitieron a los jóvenes cachorros que colocaron al frente de “Ciudadanos”. Los Rivera, Villegas, de Páramo, Hervías, Arrimadas, etc. han bebido en esas ubres. Nacidos la mayoría en Catalunya, pero no integrados en la cultura catalana, en sus formas de vida y valores, en su Weltanschauung. Son españoles que viven en Catalunya como podrían vivir en la Rioja y que celebran la Feria de Abril y no sienten como propia la Diada.

En la historia de este grupo hay mil señales que los delatan. Como cuando la madre de Rivera  –forofa de las tertulias de las emisoras de radio y televisión españolas- y que no habla catalán (aunque vive en Barcelona desde que tenía trece años), le recomendó que fuera a un acto de un grupo autocalificado como “ilustrados del siglo XXI”, en el que encontró a su antiguo profesor de Carreras y al resto de los ilustrados. Alberto Rivera ya había intentado antes medrar en la política, militando en las Nuevas Generaciones del PP durante cuatro años, inversión que le resultó poco rentable, quizás porque como declaró años después  Eduardo Bolaños, que era presidente de NG en aquel entonces: “Me pareció algo prepotente. Como si quisiera llegar a ministro un mes después de haberse afiliado”. O cuando Fran Hervías, hijo de guardia civil, nacido y criado en una casa cuartel, manifestaba que se apuntó a “Ciudadanos” después de asistir a un acto de Arcadi Espada en Girona, el mismo Espada que insinúa comprender el comportamiento de los chicos de la “manada”. O cuando el propio Rivera no ocultó sus estrechas relaciones con Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana, que pretendía “noquear el catalán y devolverlo a las masías”.O cuando Luis Garicano, el gurú económico de “Ciudadanos”, ponente regular en el FAES aznarista, ocultó su vínculo familiar con Tomás Garicano Goñi, abogado militar, que fue ministro de gobernación del Régimen en los años finales del franquismo. O cuando Juan Carlos Girauta pasó por alto su zigzagueante trayectoria política, que ha ido del PSOE al PP, para acabar en “Ciudadanos”. O cuando la señora Arrimadas no hace mención a la anterior condición de su padre como policía adscrito a la Brigada Político Social de Barcelona, en los años en los que los hermanos Creix ejercían de torturadores oficiales. Demasiadas señales de humo para no darnos cuenta de que estamos en territorio comanche.

Pero estos chicos y chicas contaron desde el principio con el apoyo financiero del bloque españolista, liderado en origen por Miguel Rodríguez, antiguo sindicalista de CC.OO., que luego hizo fortuna con la marca de relojes Festina y hoy tiene un generoso portafolio de inversiones. En cuanto al apoyo mediático, del que siguen disfrutando, tuvieron a su lado inicialmente a algunos pata negra de la caverna madrileña, con la singular impronta de Federico Jiménez Losantos y Pedro J.Ramírez, más el equipo de Intereconomía, que capitaneaba Julio Ariza.

Pero desde aquel esperpéntico congreso de “fin de curso”, que fue el de Bellaterra en el 2006, han ocurrido muchas cosas, con algunos errores de imagen sonados, como lo fue su alianza con la ultraderecha en las elecciones europeas del 2009 en la candidatura Libertas, aunque yo siempre he creído que ese es su espacio natural. Luego han recompuesto la situación, demostrando, eso sí, que son capaces de improvisar en cualquier circunstancia.

Pero lo que les dio el empuje definitivo (las casualidades del factor exógeno) fue la irrupción de “Podemos” en el panorama político nacional. Los sectores más reaccionarios del empresariado (grandes constructoras, bancos y antiguos monopolios del Estado) imaginaron que ese partido podía romper su zona de confort y temieron que los partidos dinásticos (PP y PSOE) no fueran capaces de contener la avalancha supuestamente izquierdista. No se dieron cuenta de que “Podemos”, otro producto fabricado por los medios, sólo pretendía ocupar los sillones de los viejos carrozas de la Transición. La sacralización oficial de esos temores infundados fue la conferencia pronunciada por Josep Oliu, presidente del Banco de Sabadell, en el Círculo de Empresarios de Madrid en junio del 2014,  en el que expresó la necesidad de tener “un “Podemos” de derechas”. Ya lo tenían, pero no se habían enterado.

Los hechos se precipitaron. La máquina se puso en marcha. El ex-presidente del gobierno José María Aznar, presidente de FAES, fundación a la derecha de la derecha, fundó ese mismo año el Instituto Atlántico de Gobierno, con la idea difusa de promover la economía de mercado y su interpretación peculiar y sesgada del pensamiento liberal. En el consejo social y académico de la fundación no faltaba nadie: Abel Matutes, Cesar Alierta, Josep Piqué, Gustavo Cisneros, Borja Prado, etc. Alberto Rivera fue invitado a dar su conferencia habitual e incorporarse a la orden monástica, aunque fuera oficiosamente.

FEDEA, otro importante lobby económico de la capital, dio contenido a las líneas básicas del programa económico de “Ciudadanos”, lo que significó un estrecho lazo de unión del partido con los principales patronos del lobby, entre los que encontramos a Movistar, Abertis, Iberdrola, Enagás, ACS, Santander, BBVA, Bankia, Sabadell y CaixaBank. La “crème de la crème”.

Añadamos que el presidente de FEDEA es Jordi Gual, actual presidente de CaixaBank, y que su director general es Ángel de la Fuente, el famoso economista de las “cuentas públicas territorializadas”, un invento estadístico que pretendía ocultar groseramente el Déficit Fiscal de Catalunya con el Estado. Todo atado y bien atado.

Ahora los sondeos pre-electorales (que en España, por tradición, son objeto de burdas manipulaciones), indican un subidón de “Ciudadanos”, que desplaza al PSOE al tercer puesto y se codea con el PP. En definitiva, un éxito abrumador de un grupo de aguerridos trepadores.

En el contexto actual, donde la inoperancia, la corrupción y la confusión ideológica son factores dominantes en el Estado, el pueblo debería abstenerse masivamente y no acudir a las urnas. Pero no lo harán, porque como bien cuenta Ignacio Ramonet, les han sabido vender la moto.

Deberían leer el “Discurso de la servidumbre voluntaria” de Étienne de La Boétie, el gran amigo de Montaigne, y así comprenderían muchas cosas. El problema es que apenas leen.

Definitivamente, hay que marcharse. Y cuanto más pronto, mejor.

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