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Cinco claves para entender la inocencia de los esposos Rosenberg

Foto de cabecera: Ethel y Julius Rosenberg.

El 19 de junio de 1953 Ethel y Julius Rosenberg fueron ejecutados en la silla eléctrica, acusados de traición por el supuesto de revelar secretos atómicos a la entonces Unión Soviética. Su juicio pasó a la historia como una injusticia promovida en el seno del oscurantismo del senador McCarthy y su cacería de brujas anticomunista en los Estados Unidos.

La prisión de Sing Sing en Nueva York se hizo célebre por albergar una de las ejecuciones más famosas de la historia. Agentes del FBI presenciaron el asesinato de la pareja de norteamericanos de origen judío a la espera de un indulto presidencial que nunca llegó. Los esposos Rosenberg, 65 años después de su muerte, son recordados como un claro ejemplo de la guerra fría y sus consecuencias en la sociedad norteamericana. He aquí cinco claves para entender su inocencia.

1- Paranoia anticomunista

El fin de la Segunda Guerra Mundial marcó el inicio de otra contienda: la Guerra Fría, donde las superpotencias Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrentaron en una carrera armamentista. En Norteamérica la década de 1950 se vivió en medio de una gran histeria contra el “peligro rojo”, impulsada principalmente por el Senador Joseph McCarthy.

Este organizó y dirigió el Comité de Actividades Antiamericanas del Senado, plataforma que sirvió para perseguir y acosar a políticos, sindicalistas, intelectuales y artistas con posiciones progresistas. Mientras tanto, en la Cámara de Representantes Richard Nixon se encargó de luchar contra los “fantasmas rojos”.

Durante su estadío en prisión.

Ethel y Julius fueron integrantes de la Young Communist League, juventudes del Partido Comunista de los Estados Unidos, y militantes convencidos. Sus implicaciones legales comenzaron a través de supuestas filtraciones de secretos nucleares acontecidas en el centro de investigación nuclear de Los Álamos y en la Universidad de Berkeley.

El FBI acusó a cientos de científicos, trabajadores y personas comunes de estar involucradas en una red masiva de espionaje soviético. El sargento David Greenglass, hermano de Ethel, confesó haber pasado estos secretos a los rusos y acusó a su hermana y al esposo de esta, lo que llevó a la detención, acusación y juicio del matrimonio.

2- Chivo expiatorio

El gran jurado federal designado para examinar esta causa inició sus labores el 6 de marzo de 1951, en la Corte de Nueva York. Junto a los esposos, comparecieron de acusados Morton Sobell, y el hermano de Ethel, David Greenglass, quien se declaró culpable.

Greenglass en su confesión acusó a su hermana y a su cuñado de formar parte de una trama de espionaje a favor de la URSS. Este explicó que los Rosenberg lo convirtieron en espía y confesó que su hermana Ethel había transcrito en su apartamento varias informaciones sobre los secretos nucleares. Esta versión fue ratificada por Ruth Greenglass, su esposa.

Sin embargo, las notas supuestamente escritas por Ethel — una pieza clave para su condena- contenían información de escaso valor para el proyecto de la bomba atómica soviética.

En cambio, los datos más valiosos fueron proporcionados por el físico Klaus Fuchs, quien solo cumplió 5 años de su condena. Los demás implicados en la causa fueron condenados a penas menores: Sobell,a 30 años de cárcel, Greenglass a 15, y el matrimonio Rosenberg, sin embargo, a la pena de muerte.

El Dr. Harold C. Urey, científico nuclear y ganador del Premio Nobel expresó en una carta al New York Times: “La acusación del Gobierno se apoya en el testimonio de Ruth y David Greenglass. Él se ha confesado culpable pero no ha sido sentenciado y espera clemencia. Ella nunca ha sido acusada y juzgada, y parece, evidentemente, como premio a su testimonio”.

En su carta, un punto clave: “Existía una enemistad familiar entre los Greenglass y los Rosenberg debido a una diferencia de orden comercial. El testimonio de los Rosenberg contradice absolutamente el de los Greenglass”.

“Me asombra que el mismo crimen reciba tan desigual castigo. Tratándose exactamente de la misma conspiración”, comentó el científico.

3- Documentos desclasificados y testimonios

Imágenes de los diarios de la época.

Años más tarde se supo que la mayoría de los físicos que accedieron a los planos entregados por Julius Rosenberg los encontraron llenos de errores. Igualmente, Pavel Sudoplatov, jefe de la KGB soviética durante el proceso Rosenberg, confirmó en sus memorias que la pareja jamás perteneció a las redes de espionaje.

En 1970, el propio FBI desclasificó documentos probatorios de la gran farsa que constituyó aquel juicio histórico, mientras la Asociación Americana de Abogados reconstruyó décadas después el proceso y arribó a la certeza concluyente de que los dos eran inocentes de las acusaciones por las que fueron ejecutados en la silla eléctrica.

El hermano de Ethel, pasó 10 años en prisión y manifestó en 1966 haber acusado falsamente a su hermana y cuñado bajo las amenazas del Buró Federal de Investigaciones.

Los diferentes documentos desclasificados y varios testimonios hacen comprender que la ejecución solo fue un mero producto de la distorsión de la opinión pública en Estados Unidos, azuzada por las campañas anticomunistas en medio de un clima de guerra fría.

4- Fallas legales

Campaña para su liberación.

Los Rosenberg fueron los únicos dos civiles estadounidenses ejecutados por espionaje en medio de la Guerra Fría. Para ello la fiscalía no contó con suficientes pruebas, sino con la confesión única de David Greenglass, y el apoyo de su esposa Ruth.

Los esposos fueron ejecutados en virtud de la entonces vigente Ley de Espionaje de 1917, que dictaba pena de muerte para este tipo de delitos en tiempo de guerra, si bien en el momento de haberse cometido el supuesto espionaje, Estados Unidos no estaba en guerra abierta con ningún otro país.

Las notas escritas por Ethel no eran un elemento fuerte en su contra ya que no era especialista en física nuclear. Su propio hermano reconoció años después que no recordaba el aparato con el que transcribieron las informaciones supuestamente brindadas a los soviéticos, tal y como afirmó en el juicio.

Edgard J. Hoover, entonces director del FBI, consideró el juicio a Julius y Ethel como “uno de los grandes logros” de dicha agencia federal. Un año después de la ejecución, el Congreso estadounidense aprobó una ley para castigar con la pena capital el delito de espionaje en tiempos de paz. Este proyecto fue conocido como “ley Rosenberg”.

En los dos años posteriores a la sentencia el abogado del matrimonio presentó veintitrés apelaciones, algunas de ellas ante el Tribunal Supremo. En todo el mundo hubo campañas, manifestaciones, discursos, mítines y peticiones de personalidades mundiales como el papa Pío XII, para el perdón de los esposos.

Incluso, los dos hijos pequeños del matrimonio entregaron un escrito solicitando el indulto presidencial. Se organizaron vigilias de manifestantes delante de la Casa Blanca, solicitando clemencia al presidente Truman y luego a Eisenhower, pero todas estas acciones fueron en vano.

5- Reivindicación de inocencia

Cuerpos de los esposos Rosenberg.

Los esposos nunca declararon ser culpables, más bien permanecieron invariables en su condición de inocencia. Ethel, al pedir clemencia al Presidente de los Estados Unidos, declaró abiertamente su inocencia y su valiente posición:

“…No somos mártires ni héroes, ni aspiramos a serlo. No queremos morir. Somos jóvenes, demasiado jóvenes, para la muerte. Ambos anhelamos ver crecer a nuestros dos pequeños hijos, Michael y Robert, hasta que lleguen a ser hombres. Deseamos, con cada fibra de nuestro ser, que nos restituyan en algún momento al lado de nuestros hijos para reanudar la armoniosa vida familiar que disfrutamos antes de la pesadilla de nuestros arrestos y condenas.

Deseamos que nos reintegren algún día a la sociedad donde podamos contribuir con nuestras energías a construir un mundo en el que todos tengan paz, pan y rosas. Sí, aspiramos a vivir, pero con la sencilla dignidad que inviste solo a aquellos que han sido honestos consigo mismo y con sus semejantes. Por lo tanto, con honradez, solo podemos decir que somos inocentes de este crimen.”

Los Rosenberg fueron presionados para que “confesaran” durante todo el proceso. El odio contra los “traidores comunistas” llegó a tal grado que ambos hijos, Michael, de 9 años, y Robert, de 6, fueron reconocidos, denunciados y expulsados de la escuela.

En la última carta que escribió, Ethel Rosenberg pide a su abogado que cuiden de sus hijos y afirma:

“No estoy sola. Muero con honor y dignidad, sabiendo que mi esposo y yo seremos reivindicados por la historia”.

A las 20 horas del 19 de junio de 1953, Julius Rosenberg fue ejecutado y murió después de tres descargas eléctricas. Diez minutos más tarde murió Ethel, quien fue ultimada con cinco descargas, debido a que la silla eléctrica no se ajustaba a su cuerpo menudo.

Jean Paul Sartre, filósofo francés, dio una de las mejores definiciones sobre este caso que conmocionó al mundo:

“La ejecución de los Rosenberg es un linchamiento legal que mancha de sangre a todo un país”.

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