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El nuevo líder de la derecha española y el desafío de ganar el centro

La victoria de Pablo Casado como nuevo líder del Partido Popular español se ha interpretado por rivales y apoyos como un giro a la derecha. Pero una cosa es ganar unas primarias y otra muy distinta captar a millones de votantes que prefieren opciones moderadas.

Por Luis Rivas*

SI Pablo Casado quiere que el PP vuelva al poder, estará obligado a buscar el voto del centro. Un discurso de derecha dura puede hacer ganar un Congreso de partido, pero difícilmente puede llevar a la victoria en unas elecciones generales.

Casado, de 37 años, derrotó en la contienda de los conservadores españoles a Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta en el Gobierno de Mariano Rajoy durante 7 años y representante de la continuidad de la política del ex primer ministro.

EL nuevo jefe del PP, que será automáticamente su candidato a la presidencia en las próximas elecciones (dentro de un año y medio como máximo) defiende lo que en otro tiempo la prensa y ciertos políticos extranjeros definían en referencia al mandato de José María Aznar como «una derecha sin complejos». Entonces, durante el período de los 90, el PP logró atraer a las urnas votos de la derecha más conservadora y también mucho apoyo de centro, el caladero sociológico que entonces desequilibraba la balanza entre PP y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

España, Europa y el Mundo han cambiado mucho desde entonces, pero Casado ha jugado con valores tradicionales – familia, natalidad, recortes a la ley del aborto actual-, que ha combinado con elementos de la actualidad española de los últimos años y meses: no a la eutanasia, negativa a incidir sobre la llamada Memoria histórica (traslado de los restos de Franco), y, en especial, endurecimiento de la ley ante los delitos del independentismo catalán.

El PP y sus competidores políticos tendrán hasta 2020, si antes no cae el gobierno minoritario socialista- para prepararse ante un nuevo escenario en el que Casado irrumpe casi por sorpresa. Rajoy, desde el poder institucional, no tenía la libertad de maniobra y de palabra que su sucesor va a poder exponer en la larga campaña electoral que ya ha comenzado. Y sus rivales dan sus primeras ideas de por dónde irán los tiros.

El PSOE considera que la victoria de Pablo Casado en el XIX Congreso del PP es una buena noticia, porque entiende que ello representa un viraje hacia la derecha que le puede ayudar a la hora de despertar la alerta entre los votantes de izquierda. A la izquierda del PSOE, algunos líderes de Podemos enseguida situaban a Casado en la «extrema derecha». Pero el nuevo dirigente del PP tiene una ventaja con respecto a otros partidos conservadores europeos.

Casado y el Partido Popular no deberán compartir votos con fuerzas más a la derecha de su ideario, como es el caso de Angela Merkel con el partido Alternativa para Alemania. En España tampoco hay un Geert Wilders (Holanda), ni una Marine Le Pen (Francia), ni un Heinz-Christian Strache (Austria). Casado y los populares no deberán entrar en discusiones sobre inmigración masiva o sobre identidad cultural (contra el islam político). Ni uno ni otro asunto forman parte, de momento, del debate interno en España.

Y entre las circunstancias que han cambiado el panorama político español desde la época de Aznar, sobresale el nacimiento y el protagonismo de la formación de centro «Ciudadanos» (C»s). El partido más votado en Cataluña, donde nació para fajarse con el nacionalismo; con sus altos y bajos, con sus errores de estrategia – como precipitar la caída de Rajoy y entregar el poder al PSOE- , el partido de Albert Rivera puede ser decisivo si PSOE y PP no alcanzan, como se espera, la mayoría absoluta en las Cortes.

Casado puede, en lo que queda hasta 2020, disputarle a Rivera votos catalanes de constitucionalistas que han visto a Ciudadanos como el único baluarte realista contra el independentismo. Recuperar el voto perdido en Cataluña será una de las tareas más difíciles para el nuevo líder, tras la sangría sufrida durante los últimos años de la era de Rajoy en esa parte de España.

Como Rivera, Casado se considera liberal en lo económico, y en ese terreno debe buscar diferenciarse sin circunscribirse únicamente a las promesas de rebajar impuestos. En los aspectos de sociedad que les separa, Ciudadanos coincide con el PSOE. Socialistas y populares están pues obligados a machacarse entre ellos, conscientes de que al final, quizá necesiten al partido de Rivera para formar mayoría, o en pareja, o con otros pequeños partidos.

El partido de Casado, tras siete años de gobierno, puede ahora dinamitar desde la oposición y su mayoría en el Senado, la labor del débil gabinete de Pedro Sánchez en las próximas citas electorales hasta las generales de 2020. EL PSOE cuenta con un apoyo circunstancial de Podemos y de nacionalistas vascos y catalanes, pero esa coalición parlamentaria se disolverá inevitablemente ante las posiciones divergentes que todos sus componentes deberán subrayar para disputarse el voto nacional.

Que hasta entonces Pedro Sánchez quiera insistir en políticas de izquierda y en compromisos con Podemos es comprensible si quiere seguir en la Moncloa, pero a medida que se acerque el enfrentamiento en las urnas, su principal enemigo en la izquierda se desmarcará para sobrevivir electoralmente y no ser fagocitado.

A la derecha del PP solo existe el partido VOX, que en las últimas elecciones generales cosechó un 0,2 % de votos y con un PP revitalizado puede obtener aún menos. Casado juega con los valores que muchos dentro del PP consideran que Rajoy había diluido o descafeinado. La derrota de Soraya Sáenz de Santamaría como la continuadora del «rajoysmo» se interpreta también por el hecho de no haber captado que en los tiempos actuales las ideologías siguen vigentes y el «macronismo» francés es una rara excepción en Europa.

El sector más feliz con la victoria de Pablo Casado es el periodístico. Para la prensa conservadora, nace una ilusión tras la moderación exasperante de un Mariano Rajoy que había renunciado a la batalla por la hegemonía cultural y moral. Para los medios de izquierdas, Casado ofrece un nuevo debate, más ideologizado; la salsa que atrae a la audiencia. Y menos centrado en la corrupción, la losa que ha perseguido durante años al Partido Popular.

Queda a la sombra el gran desafío de cualquier partido español: admitir la necesidad y promover las reformas que tanto precisa y tanto espera el país.

*Sputnik

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