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Ultraderecha alemana, de la aparente normalización al radicalismo ascendente

La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) sitúa su techo electoral sobre el 20 %, a punto de cumplir un año como tercera fuerza a escala nacional y a pesar de las deserciones de quienes denuncian su avance hacia una mayor radicalización.

“Somos demócratas y nos ceñimos a la Constitución”, aseguró el presidente de la AfD y del grupo parlamentario en el Bundestag (Parlamento federal), Alexander Gauland, en declaraciones este fin de semana al grupo mediático “Funke”.

Su formación no ve “posibilidades de cooperación” en la alianza radical que pretende impulsar de cara a las elecciones europeas del próximo año Steve Bannon, exestratega del presidente estadounidense Donald Trump, añadió Gauland a esos medios.

Ambiciona para su partido un “amplio espectro electoral”, que este líder sitúa “por encima del 20 %”, ya que solo desde un porcentaje que le aleje de la consideración de “partido pequeño” puede plantearse optar “a medio plazo” a dejar la oposición.

Gauland comparte la presidencia del partido con el algo más moderado Jörg Meuthen y la jefatura del grupo parlamentario con Alice Weidel, representante del ala más estrictamente neoliberal.

Bajo esa dirección ha cimentado su línea ascendente, hasta tener ya escaños en 14 de los 16 “Länder” del país, además de los del Bundestag y la Eurocámara, en medio de la erosión de electorado que sufren tanto el bloque conservador de la canciller alemana, Angela Merkel, como su socio de coalición, el Partido Socialdemócrata (SPD).

Su próximo objetivo son las regionales del próximo octubre en Baviera, el próspero “Land” donde desde hace décadas gobierna la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), partido hermanado a la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, a la que ahora se augura que perderá la mayoría absoluta.

El giro derechista adoptado por la CSU, en un intento por frenar el avance de la AfD, no favorece a los conservadores bávaros, apuntó hoy el politólogo Hajo Funke, desde el diario económico “Handelsblatt”, sino que les ha “alejado del centro” y les ha hecho perder electorado tradicional.

La AfD gana posiciones con una estrategia que alterna el distanciamiento público de posiciones extremistas con provocadoras proclamas ante su militancia, como la que le llevó recientemente a Gauland a minimizar el nazismo, calificándolo una “cagada de pájaro” en el contexto de la gran historia del país.

Gauland es un ejemplo de hasta qué punto “es peligrosa la AfD”, denuncia en un libro Franziska Schreiber, exlíder de sus juventudes en el “Land” de Sajonia, que abandonó sus filas en 2017, antes de las elecciones generales que catapultaron a la ultraderecha al Bundestag, por primera vez desde los años 50, y convertida en tercera fuerza, con un 12,6 %.

Desde su posición en la cúpula, Gauland respalda al ala más cercana al neonazismo, prosigue Schreiber, quien sitúa en ese círculo al líder regional Björn Höcke, generador de constantes polémicas con declaraciones al borde del negacionismo del Holocausto.

El libro de Schreiber -con el título “Inside AfD”- pretende sacar a la luz la vida interna real de esa formación, algunas de cuyas figuras, según el semanario “Der Spiegel”, han iniciado ya acciones legales contra publicación -como la exdiputada de la CDU de Merkel, Erika Steinbach, ahora militante de esa formación-.

En sus páginas se apunta, además, a una “connivencia” entre el jefe de los servicios secretos alemanes, Hans-Georg Maassen, que habría asesorado a la expresidenta del partido, Frauke Petry, sobre cómo moverse sin entrar en territorio de la inconstitucionalidad.

Fuentes del Departamento Federal de la Defensa de la Constitución -los servicios secretos de Interior- rechazaron al respecto cualquier “cercanía” y apuntaron a que las reuniones mantenidos con Petry o posteriormente con Gauland forman parte de los contactos regulares del departamento con diputados y formaciones políticas.

Petry fue la figura más mediática del partido desde su fundación, en 2013, hasta las generales del año pasado, pero dejó sus filas inmediatamente después de esos comicios por diferencias con el resto de la cúpula, incluido Gauland.

A su renuncia siguieron otros abandonos, asimismo por divergencias con las corrientes más radicales del partido y argumentos parecidos a los descritos por Schreiber en su libro.

EFE

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