AMLO. Y lo que falta…

Hay una cierta temblorina entre muchos que sienten pasos en la azotea al sonido de que las cosas habrán que cambiar, que la burocracia suprema ganará menos que el presidente y que se acabaron privilegios superlativos y que ya pasó el tiempo de que la función pública daba para viajes-viajecitos-viajesotes alrededor del mundo con cargo a…

Joel Hernández Santiago*

*jhsantiago@prodigy.net.mx

Muchos ya ponen sus barbas a remojar por aquello de que a partir del primero de diciembre las cosas habrán de ser diferentes. Sobre todo para aquellos privilegiados, de mirada súper-aquilina que han sido fieles a lo que escriturara César Garizurieta, “El Tlacuache”: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.

Incluso, muchos de los colaboradores de AMLO hacen cara de ‘fuchi’ –con todo disimulo- por aquello de que sus sueldos serán austeros y las responsabilidades muchas. En particular aquellos que presagian que tendrán que cambiar de residencia si estarán adscritos a tal o cual secretaría de Estado pues según los planes del ‘virtual presidente electo’ Andrés Manuel López Obrador, 27 secretarías serán trasladadas a diferentes estados del país a lo largo de seis años.

Además quienes ocupen puestos de relevancia tendrán que hacer su declaración de bienes, y hacerla pública por aquello de que de pronto hay por ahí riquezas inexplicables y riquezas de sus familiares o amigos que surgieron de quién sabe dónde y por qué… Así que todo indica que lo de la austeridad va en serio y eso, pues no a todos les gusta… Aunque a muchos sí. Es cosa de lo que escribiera Ramón de Campoamor: “…todo es según el cristal con que se mira”.

En todo caso cuando han transcurrido poco más de treinta días desde que los resultados electorales dieron el triunfo a “Juntos haremos historia”, el país se han convulsionado y no solamente por la tragedia cotidiana de muertes sin fin. Si porque la política ha dado mucho de qué hablar en los días recientes. Y, sobre todo, lo que hace y dice AMLO y su gente.

Algunas de sus decisiones corresponden a promesas de campaña y van encaminadas a ser realidad a partir de diciembre. Otras han sido menos aplaudidas, aunque también ocurre una especie de fanatismo en el que muchos suponen que todo-todo-todo, lo que hace el futuro presidente está bien hecho. Aunque no sea así.

Para empezar,desde las filas de los fanáticos de AMLO, hay una especie de encono en contra de aquellos que se atreven a criticar tal o cual decisión, con lo que se cae en el morboso ser intolerante de que “si no estás conmigo estás contra mí”.

Pero nada más lejos que eso en democracia. Porque ésta se nutre de la participación de todos para la toma de decisiones y si algo está mal, o se perciben errores de gobierno, habrá que decirlo siempre. Eso hace sociedades saludables si las críticas se basan en certezas, en hechos concretos y si esas críticas tienen el sentido de la libertad responsable.

Esto viene al caso porque, por ejemplo, tan sólo en una semana, luego de conocerse la decisión de AMLO de nombrar a Manuel Bartlett como director general de la Comisión Federal de Electricidad, el mundo se vino encima.

Muchos vieron a mal que se tomara esta decisión luego de que el señor Bartlett es, digamos, un político con larga historia y con mucho polvo del camino. Desde muchos ámbitos se pidió al futuro presidente que lo pensara bien, que no sería conveniente y que…

Pero AMLO salió a defender su propia decisión, aun en contra de la crítica de gente de su equipo, como fue Tatiana Clouthier quien, cuidadosamente, dijo que había mejores opciones para este cargo, toda vez que lleva entre pecho y espalda la historia de su padre, Manuel J. Clouthier.

Pero inmediato, para contrarrestar la opinión adversa, surgieron como hongos por todos lados los “autodefensa” de AMLO: los que acusan a quienes se atreven a criticar la decisión de ‘emisarios del pasado’, de “Chairos” y de ruines y bajos y contra-corriente. En fin. Que la guerra surgió para aniquilar a quien se atreviera a ver mal esta decisión.

Y, bueno. Nadie objeta otras decisiones saludables, como lo de los sueldos, como lo de la creación de la Secretaría de Seguridad –aunque sí a quién nombró como posible titular-; nadie objeta el apoyo a gente de la tercera edad, o a los muchachos que quieren adquirir experiencia y deben tener espacios de trabajo para conseguirla… Y más…

Esto es: no todo lo que habrá de hacer AMLO es letra de oro. Habrá que ver su sentido exacto, su dimensión y sus consecuencias. Y si estas benefician al ser supremo, que somos los mexicanos y quienes en México viven, está bien.

Pero sí se trata de que se le salen de la mano algunos de sus colaboradores a quienes ha impuesto para hacer tareas de reconstrucción del país y vuelven a las andadas, entonces tendremos que hacerlo notar, porque la democracia nos involucra a todos, pero también nos exige a todos.

En fin. Que a poco más de un mes de conocer la noticia del triunfo electoral de AMLO, esto se ha convertido en un movimiento social inusual; en donde todos participan y opinan: y está bien-requetebien. Esa es la gran virtud de nuestro momento histórico: involucrar a todos. Falta incluir la opinión de todos en democracia.

Y en esas estamos por ahora. Seguiremos cronicando.

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