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Centinela Soberano 2018: crónica de una operación especial en la frontera colombo-venezolana

“Morir siempre será una posibilidad”, me repetí cuando el avión salió de Caracas la mañana del jueves 16 de agosto. La frase me acompañó todo el recorrido y no me abandonó hasta que aterricé en Táchira, estado fronterizo con Colombia, para reportear en exclusiva para Sputnik el inicio de la operación Centinela Soberano 2018.

Por José Negrón Valera*

La operación Centinela Soberano 2018 es una de las iniciativas militares de mayor envergadura ejecutadas por las fuerzas de seguridad de Venezuela en los últimos tiempos.

A 3.600 metros de altitud con el “enemigo público número 1”

El enlace y guía durante toda la operación fue Freddy Bernal. Su nombre refiere inmediatamente a titulares de prensa y escenas televisadas que ya forman parte del imaginario colectivo de este país suramericano. Es una leyenda viviente y uno de los mayores referentes del mundo policial en Venezuela. Su sola vida merecería unos cuantos libros, por lo que la pequeña libreta de anotaciones se llena a un ritmo demencial. No existe una frase que suelte que no sea una gran anécdota. Comparte algunas de ellas mientras vamos en el avión. Su arma Glock 9mm, jamás desaparece del paisaje.

“Siempre lo he dicho, puedo salir de mi casa sin zapatos pero no sin pistola”, admite con la tranquilidad de quien transpira las formas y esencia de un comando de fuerzas especiales.

Evade los detalles sobre la operación en la que nos veremos envueltos en unas cuantas horas, de momento solo conozco algunos datos que se han filtrado a los medios de comunicación y donde se refiere la existencia de una conspiración de nombre ‘Caín’ que buscaba asesinar a altos dirigentes de la revolución bolivariana, entre ellos al propio Bernal.

“¿No le teme a la muerte?”, le pregunto. Me responde con un recuento por su paso por el grupo CETA, un equipo de elite formado hace treinta años para la lucha antisubversiva. Luego se extiende en la manera en que fue declarado ‘enemigo público’ durante el Gobierno de Carlos Andrés Pérez por rebelarse en contra de lo que señala fue la degradación moral de un sistema político. Revela dos anécdotas que a su juicio son sintomáticas de ese momento histórico.

“Cierta vez el gobernador de Caracas, perteneciente al partido AD, me pidió, siendo comandante de Fuerzas Especiales, que escoltara hasta la fiesta de su hermano, un general de la Guardia Nacional de la época, una caja de Whisky. La propia primera dama, Blanca Ibáñez, durante una fiesta en la Orchila envió un jet de combate Mirage a que le buscara hielo en la ciudad de Maracay. Ese era el comportamiento usual de la clase política, para eso usaban el poder”, recuerda.

Para Bernal, rebelarse contra lo que consideraba las injusticias del momento fue una decisión que le llevó a la clandestinidad y también a que “Piñerúa, ministro del Interior de Carlos Andrés Pérez” ordenara asesinarle. Sin embargo, no estaba en su destino morir, sino conocer a quienes para noviembre de 1992 planificaban tomar el poder en Venezuela y rescatar a Hugo Chávez de la cárcel.

La historia promete, pero el capitán de la aeronave nos informa que pronto aterrizaremos en el estado Táchira. Así que acordamos profundizar en cuanto exista una oportunidad.

¿Qué arma sabes usar?, me preguntó. Contesté ya habituado a interrogatorios semejantes. Mi respuesta lo hizo sonreír. Sacó de su bolsillo un libro religioso conocido como Nuevo Testamento, “Esa será tú mejor protección”, me dijo.

Con los pies en la tierra

La llegada de Bernal activa de inmediato un mecanismo de seguridad que funciona gracias a la veneración que sus comandos le profesan. Puedo verlo en sus ojos, se presentan con la formalidad del caso y le brindan un corto parte sobre el estado de las amenazas en la región. Abordamos una larga caravana de vehículos rotulados y emprendemos un viaje de unos 45 minutos hasta la ciudad de San Cristóbal, la capital del estado.

No existe un momento de tranquilidad desde que llegamos al Táchira. Del aeropuerto nos trasladamos a un evento cultural colombo-venezolano, organizado para propiciar la paz entre ambos países. Concede entrevistas a los medios que están muy interesados en conocer más detalles sobre la Operación Caín. Él contesta con un parlamento que escucharé muchas veces a lo largo de los días: “El presidente Nicolás Maduro me ha enviado para liberar la zona del paramilitarismo y también para enfrentar la guerra múltiple que la oligarquía colombiana ha decretado contra Venezuela”.

El día jueves concluye en su casa natal. A pesar de servir como base de operaciones de las Fuerzas Especiales, no pierde la estética hogareña. Bernal me da un breve recorrido y me muestra fotos de sus familiares, en especial de su madre, quien ejerce como un poderoso vínculo sentimental con su pasado.

No tengo ningún tipo de trato especial, convivo con los comandos y participo de su rutina. Ellos duermen no más de 3 horas y mantienen la fortaleza para afrontar el resto del día. Los fusiles de asalto cuelgan de los cuerpos y las rutinas de vigilancia transcurren entre chistes y la máxima total de que un error o una desatención les puede costar la vida.

“Esto es más que un trabajo. Somos una familia que está dispuesta a dar la vida para cumplir la misión”, me confiesa alguno.

A la mañana siguiente, nos levantamos muy temprano para una jornada de reuniones políticas que durará hasta el atardecer.

Bernal ha instalado un gabinete de gestión gubernamental para encargarse de lo que considera son las responsabilidades del Gobierno central en Táchira. Escucha a los actores políticos, mientras hace balances pragmáticos y asigna responsabilidades con la experticia de quien gobernó la capital del país durante 8 años. En ningún momento pretende entrar en conflicto con la gobernadora opositora, “pues ella tiene otras funciones que el pueblo está a la espera de que se cumplan”, confiesa ante los asistentes a la reunión que se desarrolla en el Consejo Legislativo de la entidad andina.

Hago anotaciones sobre las múltiples problemáticas. Las palabras contrabando y combustible afloran cada cinco minutos. Sin embargo, conforme cae la noche y llegan noticias sobre algunos focos de disturbios en Caracas y el estado de Miranda, comprendo que debo presionar un poco más para obtener información sobre el verdadero objetivo de mi viaje.

Bernal parece captar mi ansiedad, así que me revela que el presidente ha aprobado la operación y que saldremos muy temprano por la mañana. Le pido datos específicos, pero vuelve a evadirme. Capto de inmediato la estrategia muy usual entre quienes se acostumbran a ‘compartimentar’ la información, y así se lo hago saber. ¿Trata de evitar alguna filtración?, pregunto a uno de sus asistentes. Este solo levanta lo hombros y me dice “Ve a dormir, mañana será un día muy largo”.

El muro de contención contra “el ISIS” de Suramérica

Desperté con la noticia de que el secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, había anunciado que enviaría a Colombia “un buque médico para atender la crisis humanitaria de los refugiados venezolanos en la frontera”. Evo alertaba sobre las intenciones de encubrir una intervención bajo este ‘filantrópico’ gesto.

Sin embargo, tenía poco tiempo para analizar si la embarcación USNS Comfort iba a servir como soporte para cualquier aventura militar que intentara Colombia contra Venezuela en el marco de los ejercicios aeroespaciales UNITAS.

Por lo pronto, el ritmo del equipo de seguridad era vertiginoso y lo ocupaba todo. Desde la madrugada habían estado monitoreando a un grupo de avanzada que ya se encontraba en la ‘zona caliente’ en espera del ‘contacto’, que es como suelen llamar al momento en que chocan, por así decirlo, los comandos tácticos y los contrabandistas.

Bernal se apertrecha para salir a dirigir personalmente las operaciones. Aprovecha que vamos en el mismo vehículo blindado para alcanzarme una chaqueta azul antibalas y explayarse en detalles de la operación que lleva por nombre Centinela Soberano 2018.

“Vamos a actuar con unos 200 hombres de nuestra FANB y el grupo de Fuerzas de Acciones Especiales de la PNB. El objetivo es ubicar, detener y poner a la orden de los tribunales competentes a un grupo de individuos de altísima peligrosidad, solicitados por diversos delitos como extorsión y secuestro, contrabando y narcotráfico, además de múltiples homicidios en la República de Colombia. Se estima que a veinte minutos del lugar de la operación pudiera haber hasta 300 paramilitares fuertemente armados. Son individuos sin escrúpulos que aplican prácticas de descuartizamiento, tortura, decapitación. Cuya vida es el crimen organizado. Son el ISIS de la región”.

La declaración fue atronadora, pero no cobró dimensión hasta que fue llenándome de información sobre la manera en que dichos grupos habían penetrado en la vida social de la población venezolana. “El paramilitarismo es una cultura, una red de vínculos y prácticas económicas que transforman por completo al ser humano”, sentenciaba preocupado.

Al llegar a la población Caño Amarillo, ubicada en el municipio Panamericano. Nos esperaba un contingente del Ejército venezolano, al mando del general José Noroño Torres, jefe de la zona de defensa integral del Táchira. Noroño aparecía en la mencionada Operación Caín como objetivo militar de las mafias del contrabando.

Ambas fuerzas, Ejército y FAES, se dirigieron con disciplina Espartana hasta el lugar donde los esperaban las Unidades Tácticas que asestaron los primeros golpes a las redes de contrabando.

Una somera revisión de las casas de la comunidad fue suficiente para corroborar que la gasolina era la sangre vital de toda la frontera. En menos de tres horas ya se habían incautado:

  • 700 pimpinas de 20 litros.
  • 46 tanques de 1.000 litros.
  • 4 vehículos adaptados para el transporte de gasolina cada uno de 10.000 litros.
  • Allanamos 10 chuzos (casas donde los contrabandistas albergan la gasolina para luego trasladarla en la noche por trochas a Colombia) y decomisamos 140.000 litros de gasolina.

Comencé a grabar cada detalle, sin embargo las dimensiones de la operación amenazaban con dejar fuera de foco información relevante. Cerca del mediodía y luego de lograr controlar la zona, el comisionado jefe, Miguel Domínguez, director de operaciones del FAES, informa que sostuvieron un intercambio de disparos con un grupo de sujetos que se dieron a la fuga.

No hubo siquiera que preguntar. Ya Bernal ordenaba realizar una persecución “en caliente” y como es habitual en él, estaría al frente del procedimiento.

Las caravanas conjuntas del FAES y el Ejército se internaron en una zona rural hasta los límites de una hacienda productora de queso. Antes de que se desplegaran los comandos ya se contaba con información de que era posible que los paramilitares que enfrentaron más temprano a las Unidades de Operaciones Tácticas estuviesen mucho más cerca de lo imaginado.

El enfrentamiento entre los contrabandistas y los órganos de seguridad del Estado venezolano nos hizo probar con brutal crudeza que la violencia en este fragmento del territorio es moneda corriente. Era necesaria en ese momento una buena noticia que nos permitiera digerir la tensión del momento y vino de la mano del propio comisionado Jefe, Miguel Domínguez.

Informó que se había logrado detener a 25 personas, entre ellas a ‘el Administrador’, un sujeto de alta peligrosidad que fungía como teniente de ‘el Ruso’, uno de los jefes de la banda paramilitar Los Rastrojos.

De algún modo, al conocer la noticia pude entender el balance hecho por Bernal, donde declara que la unión cívico-militar lograda por los distintos cuerpos de seguridad en la frontera representa el verdadero “muro de contención del paramilitarismo colombiano”.

Regresé a Caracas ese mismo día. Conforme el avión aterrizaba y mi teléfono celular volvía a recibir las noticias vía internet, supe que la oposición venezolana planeaba iniciar una nueva escalada de protestas, la frontera sur ardía por enfrentamientos entre venezolanos migrantes y brasileños, y los buques militares de Estados Unidos enfilaban hacia territorio venezolano.

Sin embargo, por alguna razón, la experiencia recién vivida me había dotado de una paz y confianza desconocida, una firme convicción de que más allá de las adversidades, Venezuela siempre se mantendría de pie.

Me despedí de Bernal y le agradecí la oportunidad. Mientras tomábamos caminos distintos en la ruta ya terrestre hacia la ciudad, mi mente recitó una última vez el mantra que me confió durante la estadía en la frontera. “Te será de ayuda”, casi lo escuché decir:

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que amaina su plumaje al menor ruido.
Procede como Dios, que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…
¡Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!

¡Piu Avanti!
Pedro Bonifacio Palacios ‘Almafuerte’

*Sputnik

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