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Impedir que el enemigo se forme

Los crecientes y mediáticamente expuestos problemas que afronta en su país Donald Trump dan cuenta de que las contradicciones al interior del sistema institucional estadounidense están tendiendo a mantener a las fuerzas involucradas en  equilibrio inestable.

Por Juan Chaneton*

Sin embargo, la banda Bush-Clinton   -que opera los movimientos de republicanos y demócratas a través de personajes como los senadores Mitch Mc Connell y Ted Cruz, por el lado de los primeros, y de Tom Pérez y Nancy Pelosi, por los demócratas-  no sólo no ha resignado sus propósitos destituyentes contra Trump, sino que los ha redoblado en las últimas semanas mediante chismes de alcoba que ha esgrimido como acusaciones el ex abogado del Presidente, Michael Cohen, y llamando la atención con estridencia acerca de la condena por fraude fiscal y bancario que sufrió  el ex jefe de campaña Paul Manafort.

Se trata de contradicciones muy materiales que tensan, en uno de sus extremos, al llamado «Estado profundo» y, en el otro, a la actual administración Trump, que disputan muy activamente para imponer sus visiones y políticas a escala global (v. «El conflicto interno ingresa a los EE.UU. de la mano de Trump»; http://www.alainet.org; 6/2/17).

Pero es del caso señalar que ninguna diferencia sustantiva guardan entre sí ambas fracciones de clase burguesas en lo que respecta a Centro y Sudamérica. En el caso de que en las próximas elecciones de 2020  Trump fuera desplazado, nada nuevo habría que esperar en nuestro continente respecto de lo que está ocurriendo ahora.

Y lo que está ocurriendo ahora es que Estados Unidos se halla lanzado a consolidar el fin de ciclo progresista que ya ha tenido lugar en nuestra región, aunque Emir Sader siga opinando que no es así o que, ante las evidencias en contrario, haya decidido, en vez de decir «me equivoqué», no decir nada y seguir opinando. La izquierda y las progresías al uso deberían mirar menos hacia afuera y más hacia sus propias limitaciones a la hora de abordar la tarea de las construcciones ideológicas y políticas que está exigiendo la situación de «los que menos tienen» en una América Latina azotada por el «flagelo» de la pobreza y obstinada en llamar «grieta» a lo que no es sino lucha de clases y en cultivar el lugar común como concesión a la pereza intelectual.

Los viajes sucesivos del ex ministro de exteriores, Rex Tillerson, del vicepresidente Pence y, últimamente, del ministro de Defensa, el «Perro» Mattis, reordenan y reconfiguran la ubicación geopolítica de la Argentina, Brasil y Ecuador fundamentalmente.

tillerson y pence por america latina

Estados Unidos viene por el objetivo de reinstalar las bases de Alcántara, en Brasil , y de Manta, en Ecuador, que las había perdido merced a la patriótica obra de esos grandes presidentes que fueron Lula y Rafael Correa.

Serán, ahora, espacios para la agresión a Venezuela en el futuro cercano, en tanto las de Ushuaia, Triple Frontera y Neuquén  -que ya ha entregado un presidente Macri que vino precisamente a eso-  están vinculadas al acceso y propiedad para los Estados Unidos de los recursos de biodiversidad antártica en el caso de la primera, de agua dulce en el caso de la segunda (acuífero Guaraní) y de gas y petróleo de la cuenca neuquina en la cual se halla la formación estratigráfica bituminosa llamada Vaca Muerta.

Degradar a América Latina a continente estragado por la corrupción y el narcotráfico no es tarea fácil pero es la opción que le va quedando a Estados Unidos en su enfrentamiento global con las potencias que lo desafían.

Y un continente latinoamericano sembrado de Estados fallidos  -o de Estados que necesitan el apalancamiento de Estados Unidos para seguir existiendo- constituye la opción geopolítica que se está desarrollando ante nuestros ojos; ello explica que no haya diferencias a la hora de zamarrear gobiernos y de poner a las sociedades al sur del Río Bravo entre la espada de la corrupción y la pared del narcotráfico.

En efecto, son Nicaragua, Brasil, Argentina, Venezuela y Bolivia los que sufren la injerencia actualizada, pero la ola puritano-redentorista con origen ideológico en el Departamento de Estado también ha alcanzado al Perú de Pedro Pablo Kucsinszky, a la Guatemala de Jimmy Morales, al Salvador de Elías Saca o al Panamá del actual Juan Carlos Varela y al de su antecesor, Ricardo Martinelli, país este último donde se lava con base en el estudio Mossack Fonseca y en perjuicio del otro paraíso, el de Delaware, Estado de la Unión del Norte, tan cerca del corazón de los pilgrims del Mayflower  como de la ética protestante de los «padres fundadores»  de la gran democracia americana.

Se trata, entonces, de una operación en escala continental, como antaño lo fueron las dictaduras militares que se adueñaron progresivamente del poder del Estado en la segunda posguerra del siglo XX, para luego ir cayendo como fichas de dominó dejando paso a las democracias, las que  -en una etapa ulterior y que todavía vivimos-   se vieron contrastadas a la contradicción básica de profundizarse a sí mismas como democracias  -deviniendo otro tipo de colectividad social-  o permanecer idénticas a sí mismas y como lo que fueron en su origen: un engaño institucional pensado, en el siglo XVII, para la subordinación y no para la libertad de los pueblos.

El «lawfare» (la guerra judicial) es la confesión del fracaso de un sistema pues mata el corazón del sistema, que es la independencia de los poderes. Lo de hoy es la decadencia y, a un tiempo, el llamado de la historia para construir nuevos organigramas institucionales pensados, ahora, para la inclusión de todos y,  con la informática y la inteligencia artificial mediantes, para que el futuro de los choznos sea, por fin, el abandono de la prehistoria humana y su ingreso definitivo a una verdadera historicidad.

Las operaciones obscenas a las que asistimos hoy  se explican cuando se advierte, vomitándose a sí mismo en la olla podrida de la geopolítica imperial para América Latina, el objetivo verdaderamente estratégico de los Estados Unidos. Éste no es otro que impedir que el enemigo se forme.

En este sentido, los peligros del populismo no están en el populismo mismo sino en el potencial de radicalización que albergan, pues esta radicalización sería difícilmente controlable incluso para los líderes populistas que eventualmente condujeran un regreso electoralmente victorioso de sus fuerzas políticas.

Pero estos contenciosos continentales, por otro lado, también pueden desembocar en escenarios de desaparición de las históricas representaciones políticas  -como ha ocurrido en Italia-, y ello es muy funcional a designios de hegemonía mundial y gobierno único de las corporaciones en el marco de una globalización que avanza  -aunque a los tumbos-,  pues turgencias que la contestan emergen también dentro y fuera de lo que el Pentágono estadounidense llama «hemisferio occidental».

Licuar la representación en clave de antipolítica y favorecer procesos de configuración de aglomerados fascistoides, tanto en Europa como en América Latina, es el estadio actual en que se halla el diseño geopolítico estadounidense que, no obstante, enfrenta dificultades que tornan dudosa su facticidad.

Empero, el combo incluye, junto a la colusión mediática con los poderes judiciales, la militarización de la sociedad en el marco de la formal vigencia de la democracia. Y aquí aparece el otro costado de la dimensión geopolítica. James Mattis, el ministro de Defensa de los EE.UU., ha tenido agenda propia con Macri en un contexto en que el interés de esa potencia  -ahora se trata de geoestrategia, no de geopolítica- es contar con una América Latina fallida en términos de Estados nacionales o con Estados débiles, lo cual  es indispensable para librar la batalla de largo plazo con el eje Moscú Pekín, al que  -según lo indica crecientemente la dinámica de los asuntos mundiales-  habría que agregar, en el futuro próximo, a Nueva Delhi y a Teherán, todos ellos actores centrales en la ya consolidada Organización para la Cooperación de Shangai que desafía a la OCDE y a la OMC.

En ese mundo estamos viviendo, y Argentina hace rato que está dentro del mundo. Lo estaba en 2005, cuando Bush (h) se fue de Mar del Plata sin el ALCA, y lo está ahora no porque hayamos vuelto al Fondo sino porque en el Cono Sur y en Brasil siempre se juega buena parte del futuro de la hegemonía mundial de Estados Unidos. Su pérdida sería, para la potencia imperial, la pérdida de América Latina y una  derrota estratégica para las administraciones estadounidenses. Por eso ellos trabajan: para impedir que el enemigo se forme.

El ataque a los populismos en el continente exhibe, pues, una bidimensionalidad que cobra cuerpo en el capítulo referido a la «corrupción», por un lado, y en el atingente a la militarización de la sociedad, por el otro.  La prisión de CFK y Lula es la parte del asunto que se complementa con la otra parte, que es la militarización de la sociedad en clave de contrainsurgencia preventiva.

Ambos aspectos son inescindibles y confieren estructura a la geopolítica estadounidense para América Latina a las puertas de la tercera década del siglo y cuando la financiarización de la economía globalizada comienza a ser contestada por actores del escenario mundial que expresan, ora intereses nacionales (Rusia, China), ora a fracciones burguesas al interior mismo de la formación social estadounidense (Trump).

El 4 de julio pasado, en la embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires se festejó por partida doble. La independencia del país del norte fue, como siempre, la concreción de un rito anual al que asisten, recurrentemente, funcionarios, políticos  y empresarios. Pero, además, allí se encontraban algunos cerebros que habían dado la puntada final a la «operación cuadernos». En efecto, ésta se terminó de bordar un par de semanas antes y fuera de la embajada.

Y la decisión de lanzarla incluyó la elección del diario La Nación  -y de uno de sus hombres de servicio- en sustitución de Clarín, el otro matutino porteño enrolado en el odio al kirchnerismo, pues se lo juzgó  -con acierto-  demasiado comprometido en contra de CFK y, por ello, menos apto para lograr la indispensable credibilidad que requieren este tipo de operaciones.

La misma fuente que reveló lo anterior también acotó que había que prestar mucha atención a los movimientos de las fuerzas militarizadas que asistirán, en el próximo noviembre, como custodias de los presidentes de Chile y EE.UU., a la 13º reunión del G 20. Al parecer  -añadió la fuente-, está tomada la decisión de que esas fuerzas no regresen a sus países y se distribuyan, camufladas o disfrazadas de otra cosa, en distintos escenarios de la geografía argentina, como, por ejemplo, el noreste y el noroeste, por un lado, y el sur  -más específicamente, la Patagonia norte- por el otro.

En línea con lo anterior, el decreto 683 del 24 de julio pasado, que habilita la participación de las FF.AA. en tareas de seguridad interior, entró en vigencia práctica el viernes 17 de agosto, cuando el presidente argentino puso en marcha, en la ciudad de La Quiaca (norte del país), el operativo Fronteras Protegidas. James Mattis, el ministro de Defensa de EE.UU., acababa de volver a Washington luego  de la visita relámpago que realizó a la Argentina y a otros países de nuestra área.

¿Y si tampoco esto fuera too much? ¿Y si Cristina, pese a todas las barbaridades que están haciendo, siguiera rumbo arriba en las encuestas y Macri rumbo abajo? Pues entonces… hay que cuidar a Cristina, y hay que empezar a cuidarla ya. Estos odios de hoy tienen genealogía; nacen el 16 de junio de 1955 con niños de guardapolvo blanco despanzurrados por las bombas de los «libertadores» con el apoyo de la iglesia de los católicos y de los diarios La Prensa y La Nación, que a estos últimos, ese día, se les fracturó la razón iluminista que profesaban  y de la que dicen provenir.

También lo dicen hoy. Y Bonadío, así, es el general Aramburu y Stornelli es el almirante Rojas, mutatis mutandis. No es la corrupción lo que los mueve, es el odio. Es aquél, el mismo odio. A ellos, como a Sergio Moro en Brasil, recurre el imperio, porque Lula y Cristina son los que pueden, en la perspectiva, permitir que el enemigo se forme.

*jchaneton022@gmail.com

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