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La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero

El erre que erre con la prostitución, unas a favor y otras en contra, salió otra vez a la palestra con todo su andamiaje de pretendidos sindicatos, leyes, derechos y otras y se quedan tan panchos/as como si se tratase de un trabajito de peluquería, llevar maletas, curar enfermos u otros…

Por Maribel Santana*

La prostitución es el esclavismo más antiguo (no el trabajo) que recae sobre la mujeres, sobre todo las pobres, vendiendo su cuerpo y con ello hasta su espíritu, pues la miseria que siembra, -hablemos de hoy, los capitalistas y esbirros a su servicio- es descomunal.

Se paga a ésta con dinero de cualquier prepotente,  ignorante o violento que compra a la mujer como si se tratase de un pollo del supermercado.

 Se cacarea, (las feministas de salón para más inri) que una cosa son las tratas y otras injustas y otra cosa son las mujeres autónomas que optan por el trabajo del amor.   Bonito ejemplo.

De un plumazo almibara el problemón con  eufemismos, para el gusto del patriarcado capitalista y putero.

Este modernismo, que todo vale, es el “feminismo de género“ y no el feminismo de clase, anticapitalista, internacionalista y anti patriarcal, o sea el de la lucha de hombres y mujeres por la igualdad.

 Pero estas tardo- feministas de género, aunque no es tan tardío pues  ya por los años 20,30, estuvo financiado el feminismo de género, por las fundaciones de los Henri Ford y los Rockefeller, como una gran fachada filantrópica de la CIA, según James Petras, que más tarde las financia además, pues pulularon los George Soros y otros. Su heroína fue la feminista Margaret Asange, que formó parte del Ku Klux Klan(no voy a hacer una tesis sobre el asunto, ya habrá otro espacio)

En los años 60 en las universidades de California, y al frente un grupo de arribistas,  pequeño burguesas   dicense feministas que quieren poder para pulsar con los hombres, no por la igualdad de todas,  se desarrolla aún más  en sus vertientes neocon y progres, y en sus múltiples facetas (pos-industrial, pos-fordista, pos-estructuralista, pos-hegemónico, pos-capitalista, pos-feminista, pos-marxista…), cambiando los conceptos para desaparecer de la faz de la tierra la bronca de clases.

Con todo ellos cuela el “feminismo de género” (más o menos explicado por Tita Barahona).

A las feministas apoyantes de la prostitución del amor, hay que recordarles que lo que se reivindica son trabajos bien remunerados para todas, sanidad, educación, viviendas, en fin las necesidades vitales de cada persona, porque nosotras, las personas somos las que hacen posible la vida y que el mundo funcione.

Recodarles también a las de género, que el amor es gratis, que no se compra, éste no tiene precio, que no es un trabajo sino una actitud maravillosa que sale de los sentimientos, del estado de felicidad. Como diría  Francesco Alberoni, ”Una revolución desinteresada de a dos”.

Recordarles otra vez  al género que en el frio y vacío intercambio del cálculo del dinero, interactúan 2 o más. Que ni se conocen, ni se quieren, ni se solidarizan, tal vez hasta se odien y se asqueen por este intercambio, sólo los han elegido desde la desesperación.

Decirles igualmente que nada les soluciona la papeleta a estas mujeres de los barrios pobres la libertina frase de “si ellas quieren trabajar en el servicio del amor, serían perfectamente autónomas en su trabajo”. Sencillamente porque una cosa es el deseo -sobre todo de todas ustedes, burguesitas del género-  y otra cosa es la realidad, pues el dinero no tiene límites, ni cabeza, ni dignidad, que se impondrá la violencia y la opresión porque la prostitución lo es en su esencia.

Le proponemos a las feministas de salón que se cuestionen si sus seres queridos, madres hermanas hijas y demás les gustaría que eligiesen el trabajo de ¡servidoras del amor!

No queremos ser prohibicionistas, ni culpar a nuestras hermanas de nada , solo somos mujeres que manifestamos, profundizando en un gran análisis exhaustivo y concluimos que hemos nacido para tener una gran dignidad y que se nos respete.Tampoco somos unas mujeres lloronas que vamos de víctimas, eso es para las feministas de salón o de género, pues somos mujeres valientes e inteligentes que luchamos por la justicia.

Fueron esas mismas feministas de género y el progrerío sin tino, quienes apoyaron la ablación y el burka de las mujeres oprimidas por el islam, porque, por lo visto, la palabra tótem ‘cultura’ lo arregla todo. El exotismo y la cultura de los incultos es lo que abunda.

Harta de tanta burguesa, y traga imperio globalizador culturalista.

*Trabajadora, activista y licenciada en historia.

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2 Comments on La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero

  1. amelia hernandez prado // julio 20, 2019 en 1:10 am // Responder

    Las feministas de salón tienen que aprender y mucho,para dejar de ser de salón,por eso la pedagogía es tan importante.

  2. amelia hernandez prado // julio 20, 2019 en 1:12 am // Responder

    Me refiero a las jóvenes que salen a las calles ,obviamente

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