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Francia-Argelia: los demonios de la memoria histórica

La historia de un joven matemático de 25 años, arrestado por el ejército francés, torturado y desparecido en Argelia en 1957, ha vuelto a enfrentar a Francia con los demonios de su memoria histórica.

Por Luis Rivas*

Maurice Audin era miembro del Partido Comunista de Argelia, partidario de la independencia del territorio entonces perteneciente a Francia. Arrestado en plena “Batalla de Argel”, el 11 de junio de 1957, jamás se encontró su cadáver. El mando militar de la época manifestó a su familia que Audin se evadió mientras era trasladado en jeep.

Testigos, y en concreto el también militante comunista Henri Alleg, director del diario “Argel republicano”, el único de la oposición en ese momento, afirman haber visto a Audin en plena sesión de tortura en el centro de interrogatorio que los paracaidistas tenían en Argel.

Josette Audin, la mujer de Maurice, se encontró viuda con tres hijos – de 3 años, 18 meses y el tercero de un mes – pero no aceptó jamás el silencio y las mentiras de las autoridades castrenses. Poco menos de un mes después de la desaparición de su marido, emprendió un proceso judicial por “homicidio voluntario”, que fue frenado por la amnistía que se aplicó en 1968.

El caso Audin permanecía en los archivos de la memoria de esa cruenta contienda, solo avivado, además de por su familia, por algunos historiadores y por el Partido Comunista Francés. Era el símbolo olvidado de uno de los episodios más oscuros de la historia francesa.

Emmanuel Macron ha querido dejar su huella en esa misma historia, reconociendo por primera vez, “en nombre de la República francesa”, que Maurice Audin “fue torturado y ejecutado por los militares que le arrestaron en su domicilio”.

Así se reconoce en un documento escrito que el propio jefe del Estado entregó en mano a la viuda de Audin, que veía así recompensada, en parte, su lucha de 60 años en busca de la verdad.

Una verdad que la política oficial acepta, pero que es incapaz de aclarar en sus detalles. Diversas fuentes han conjeturado sobre los hechos de esos días. Se han llegado incluso a dar el nombre del autor de la muerte de Audin.

El propio General Aussaresses, uno de los principales mandos responsables de la “Batalla de Argel” y jefe de la inteligencia militar en Argelia, reconoció a un periodista que el matemático opositor fue degollado para inculpar a los independentistas argelinos. Pero la edad avanzada del militar y otras extrañas declaraciones recogidas en sus memorias hicieron dudar de sus manifestaciones.

Es por ello que Macron llama también a un trabajo de memoria colectivo, a abrir los archivos militares y privados para aclarar no solo el caso Audin, sino el de los miles de desaparecidos tanto del ejército como civiles, tanto de argelinos indígenas como de los de origen europeo, que también sufrieron matanzas no aclaradas oficialmente.

Prueba de la sensibilidad que el conflicto por la independencia de Argelia todavía despierta en Francia es el hecho de que los portavoces del presidente subrayan que el gesto no debe ser considerado como un acto de arrepentimiento o autoflagelación, sino como “un reconocimiento”.

Los matices son importantes, así como el conocimiento del contexto en el que se desarrolló la llamada “Batalla de Argel”, la operación represiva desencadenada en 1957, un año después de los 122 atentados que los independentistas llevaron a cabo contra civiles en la capital del entonces territorio francés.

Macron denuncia la aplicación de la tortura en esa época, pero enfatiza que solo una parte del ejército utilizó ese método: “Los crímenes de algunos no pueden pesar sobre la conciencia de todos”. Es una manera de no erizar la susceptibilidad del ejército francés que, sin sentirse señalado, podría sentirse incómodo.

Así, el ex Jefe del Estado Mayor entre 2002 y 2006, el general Henri Bentegeat, sostiene: “sin negar los crímenes inaceptables cometidos en esa época, el desfase entre el arreglo de cuentas con el pasado y la realidad de hoy puede crear un sentimiento de injusticia”.

En esa guerra, murieron 450.000 argelinos y 30.000 soldados franceses. Más de un millón de jóvenes fueron movilizados para cumplir su servicio militar al otro lado del Mediterráneo.

¿INSTRUMENTALIZACIÓN POLÍTICA?

Hay que señalar también que el ejército actuaba según las órdenes políticas del gobierno del socialista Guy Mollet, que François Mitterrand ejercía como ministro de Justicia y que en ese periodo se aprobó la pena de muerte en la guillotina de 45 argelinos, algunos de ellos independentistas, pero sin delitos de sangre en sus manos. Además, los poderes especiales otorgados a los militares para actuar como fuerza de represión policial fueron votados por la izquierda en la Asamblea francesa.

Más de sesenta años después, relanzar el debate de la memoria sigue siendo motivo de debate político. El Partido Comunista Francés ha reconocido y valorado muy positivamente el gesto de Macron hacia su antiguo militante y su familia. Marine Le Pen, líder de Reagrupación Nacional, se pregunta: “¿Qué sentido tiene abrir heridas?”. Para ella, se trata de “un acto de división, pensado solo para halagar a los comunistas”.

Se reprocha a Macron haber tomado esta decisión cuando intenta dar un barniz de izquierda a su política. Pero siempre que se pretende buscar una verdad objetiva sobre el pasado, se oirán voces que denunciarán la instrumentalización de la historia. El “caso Audin” es también un homenaje a una viuda de 87 años que jamás ha dejado de luchar por el conocimiento exacto de las circunstancias de la muerte de su marido.

Ello no va a poner fin ni al debate sobre la tortura en tiempos de guerra, ni sobre los traumas del conflicto de Argelia que siguen vivos en la sociedad francesa. Cuando Macron pide esclarecer todos los casos de los desaparecidos, muchos piden que el gobierno argelino haga lo mismo con los más de 500 soldados franceses de los que nunca se volvió a tener noticias.

MEMORIA HISTÓRICA PLURAL

Las organizaciones de “pied-noirs” (como se conoce a los franceses nacidos en Argelia o a los argelinos de ascendencia europea – italianos, malteses o miles de españoles- ), han recordado estos días matanzas como la de Orán, del 5 de julio de 1962. Ese día, más de 700 argelinos de origen europeo fueron masacrados ante la pasividad ordenada por el General De Gaulle a sus tropas el día de la independencia argelina.

Cuando se abre la caja de la memoria histórica aparecen en realidad varias memorias. El presidente francés ha encargado también a su Secretaria de Estado del Ejército, estudiar medidas en favor de los “harkis”, los argelinos que se alistaron en el ejército francés, no tanto por estar contra la independencia, como para alimentar a sus familias. De Gaulle se desentendió de ellos, sabiéndoles condenados a muerte. Mandos militares ayudaron por su cuenta y riesgo a cientos de harkis a huir de Argelia. Los que no pudieron emigrar fueron atrozmente ejecutados como “traidores” a su pueblo.

*Sputnik

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