Money, money, money

Un antiguo colega profesional, que gozaba de un fino sentido del humor, siempre decía que se puede ganar dinero de muchas maneras menos de una: trabajando.

Por Alfonso Durán Pich*

*Web del autor

Hace ya mucho tiempo que he podido comprobar que la hipótesis de Carles era acertada. Celebrities aparte, un profesional, cualquiera que sea su grado de conocimientos y experiencia, trabaje por cuenta propia o para terceros, puede llegar a “ganarse la vida” (expresión común sobre la que se debería ahondar), y poca cosa más.

“Ganarse la vida” tiene muchas gradaciones, que van desde tener un espacioso piso en la zona alta, una casa de fin de semana, un par de coches, llevar a los hijos a un colegio de élite, etc., hasta vivir con ciertos apuros para llegar a final de mes, salir de vacaciones a un coste razonable, ir a comer con la familia a un restaurante un par de veces al año y pagar una pequeña cuota de un fondo de pensiones particular.

Pero en ambos casos-tipo (y podríamos ampliar las categorías), los saldos de sus cuentas corrientes no permiten más alegrías. Y es que tanto entra, tanto sale.

En nuestra sociedad, la gente “vive al día” (otra curiosa expresión) y nada más. Si ingresas más, consumes más. Si ingresas menos, consumes menos.

A modo de ejemplo, cuando estalló la crisis económico-financiera del 2007 (en el Estado Español se enteraron un poco tarde), hubo grandes procesos de reestructuración en las empresas, que supusieron reducciones de personal, despidos, bajadas de salarios, etc. Y esto ocurrió de arriba abajo, sin contemplaciones. Fue por ello que las mamás de la zona alta dejaron de llevar a sus hijos al colegio en sus ostentosos Cayenne y el mercado de apartamentos y casas de segunda residencia se disparó. Las familias se reajustaron como pudieron, echando mano de sus ahorros (los que los tenían) o del soporte asistencial de sus abuelos jubilados.

A nivel patrimonial, el ciudadano medio, tiene con suerte un piso, comprado con una hipoteca (pagada o a medio pagar, según la edad), quizás un apartamento en la playa y algún ahorro. Los grandes patrimonios están muy concentrados y en la mayoría de países son propios de una franja que va del 3 al 5% de la población. La fuente de estos, como también de los patrimonios medios, puede ser la herencia y, por encima de todo, las ganancias de capital. Esas ganancias de capital se disparan en los casos de las acciones de aquellos propietarios y altos directivos (con acciones u opciones sobre ellas), que han vendido su empresa con grandes plusvalías. El consejero delegado de una empresa o su director general (dejo aparte las excepciones de los grandes grupos oligopolistas, cuyos salarios son obscenos) puede tener un buen sueldo y unos bonos, pero el “salto adelante” lo consigue si vende su empresa. Otra forma de enriquecerse, todavía más especulativa y grosera, procede del sector inmobiliario, en el trasiego de solares, recalificaciones, apalancamiento financiero, hipotecas de base, escrituras a la baja, dinero negro, etc. En definitiva, las rentas de trabajo nunca explican los grandes patrimonios. Lo puedo certificar.

Es por ello que me ha llamado la atención (aunque la sorpresa tampoco ha sido mayúscula) cuando ha aparecido la lista de los políticos con cargos en el gobierno central, tanto del actual del PSOE como del anterior del PP. La mayoría de ellos han sido siempre funcionarios, que han desarrollado su carrera después de las conocidas “oposiciones”, una fórmula habitual en la cultura castellana para entrar en la Administración Pública y vivir de los Presupuestos Generales del Estado, es decir, de los impuestos pagados por los contribuyentes. Los sociólogos del trabajo (Naville, Friedmann, Mayo, Weber, Weil, etc) coinciden en su diagnóstico sobre las motivaciones que conducen al funcionariado: seguridad en el puesto, autoridad que otorga el poder, coberturas sociales especiales, mentalidad conservadora, servilismo, etc. Y es que, como dicen algunos, “afuera hace frío”.

Pues muchos de esos funcionarios parece que han sido laboriosas y ahorradoras hormigas, pues cuentan con algunos patrimonios notables. Por ejemplo, el señor Rajoy Brey declara:

  • Bienes inmuebles….. 578.000€
  • Acciones y participaciones…… 666.000€
  • Depósitos en cuentas corrientes….. 28.000€
  • Seguros de vida….. 261.000€

Y su colega Josep Borrell Centelles, también funcionario como él de toda la vida:

  • Bienes inmuebles….. 983.000€
  • Acciones y participaciones….. 589.000€
  • Depósitos en cuentas corrientes….. 923.000€
  • Seguros de vida….. 4.000€
  • Demás bienes….. 273.000€
  • Pasivo….. 60.000€

Y quien quiera indagar sobre nuestra florida clase política en ejercicio, puede acudir a la web (https://boe.es/boe/dias/2018/09/29/pdfs/BOE-A-2018-13218.pdf). La lectura resulta interesante y muy ilustrativa. Es una forma sencilla de comprender el peso de la “costra”, del poder del “microestado dentro del Estado”.

Y no hablemos de aquellos responsables políticos que dejaron sus puestos en la Administración Pública y utilizaron las puertas giratorias para introducirse en la empresa privada, raramente en puestos ejecutivos (donde hay que trabajar) sino como consejeros o asesores.

No estaría de más que en un acto de limpieza democrática, los señores González y Aznar hicieran públicos sus patrimonios actuales. Quizás entonces comprenderíamos su acendrado amor a España y su frenético deseo de que “no se rompa”.

Money, money, money, como cantaba Liza Minnelli, en “Cabaret”.

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