La fuerza de la usura

El mundo de hoy, como el de ayer, su funcionamiento, el entramado de sus relaciones, la red telaraña en la que caen numerosos pueblos, países y gobernantes, es fundamental para entender la derrota de la democracia y los Estados, como antes lo fueron las viejas y antiguas monarquías.

Por Manuel Fernández de Sevilla*

*Economista

El ser humano formado en familias, se agrupa en comunidades, y esas comunidades con intereses comunes llegaron a formar los viejos estados feudales. Con la monarquía aparece el aparato estatal para coordinar acciones conjuntas de comunidades o entidades feudales dispersas. La defensa de los antiguos reinos necesitaban atender numerosos gastos. Mientras que en el medievo se reunían los parlamentos para acordar la financiación de la Corona por motivos extraordinarios como las guerras; en el siglo XVII esas necesidades financieras se incrementarán. La fuerte presencia de oro y plata en Europa tras la conquista de la América Hispánica, trajo la inflación y la subida real de precios se disparó, mientras que los ingresos derivados de las rentas nominales de los territorios de realengo seguían siendo los mismos de antaño. Ello descuadró el presupuesto, ya que los gastos eran muy superiores a los ingresos. Entonces las monarquías se vieron obligadas a endeudarse, y es aquí donde aparece la fuerza de la usura, la fuerza del poder del dinero.

Felipe IV y los Templarios

Felipe IV y los Templarios.

Inglaterra y Francia en el siglo XVII no tenían la fuentes de oro y plata que la monarquía Hispánica. El caso francés durante la revuelta de la Fronda, y en momentos posteriores también durante la guerra con la monarquía Hispánica, el gobierno de Mazarino se vio obligado a recurrir a los prestamistas, cuyo máximo representante fue Nicolás Fouquet. Los gastos se cubrían con los préstamos, esperando el gobierno los próximos ingresos con los que devolverlos. La fuerte dinámica de dependencia del gasto del Estado monárquico moderno respecto de los tratantes, obligó a la monarquía a unos esfuerzos financieros que debía devolver más del doce por ciento de interés. La sucesión de préstamos engordaba la deuda, y ésta hipotecaba los ingresos futuros, de manera que quedaba maniatado el presupuesto de la Corona. Esta dinámica perpetrada por la fuerza de la usura durante el siglo XVII estuvo a punto de hundir los Estados monárquicos posibilitando una hipotética forma de monarquías capitalistas, sin embargo las viejas monarquías se resistieron al poder del dinero, y se enfrentaron a él. La monarquía española ya se había enfrentado en 1560 y años posteriores, a la República de las Provincias Unidas, más conocidas por el nombre de Países Bajos, aunque todo ello camuflado por el contexto sociopolítico de la época en las guerras de religión que enfrentaron a católicos y reformados. En Inglaterra, Carlos I Estuardo también tuvo verdaderos problemas con el Parlamento, ya que sus representantes plutócratas, lograron ganar la guerra civil, al contar con el poder financiero.

En el trasfondo de la Reforma protestante se escondía la revolución capitalista, y fue esta la que transformó las viejas instituciones, haciéndolas caer en la telaraña del poder del dinero. Esa revolución religiosa fomentó lo que ya se hacía en las sociedades católicas: el préstamo con interés.

Platón condenó la usura, y los primeros cristianos copiaron esta idea platónica. Más tarde el cristianismo católico trató de regular las relaciones financieras estableciendo límites al tipo de interés para evitar su exceso.

Volviendo a Francia, Luis XIV había heredado a Fouquet como Superintendente General de las Finanzas del Reino de Francia. El Rey con el apoyo de Jean Baptiste Colbert, examinó las cuentas que su ministro de finanzas le presentaba. Fouquet había logrado amasar una inmensa fortuna personal derivada de préstamos anteriores. La usura logró mermar las capacidades presupuestarias de la monarquía, hasta el punto en que Luis XIV dudaba de quien era realmente el Rey de Francia.

En la época de Nicolás Fouquet, al igual que hoy en día un individuo podía tener una inmensa fortuna personal superior a los ingresos de los Estados existentes, o dicho de otro modo tal cual lo expresa Hilaire Belloc en su libro “Luis XIV” págs 72-73, y teniendo en cuenta que fue publicado en el año 1945, afirmaba: “En nuestros tiempos, la fortuna más grande amasada por un individuo es siempre mucho menor que los ingresos generales del Estado. Una fortuna de diez millones de libras esterlinas no es sino un pequeño porcentaje de los ingresos totales del gobierno y de los municipios. En la época de Fouquet, una fortuna de ese género era mucho mayor que el total de los ingresos del Estado. Por esta misma razón, el daño hecho por este hombre resultaba aún más grande y clamaba venganza.”

En nuestros tiempos actuales del siglo XXI justo es al revés, una fortuna privada es mucho más grande que los ingresos generales del Estado, y si esa fortuna se amalgama junto a otras similares orquestando la Banca privada, por el procedimiento anteriormente descrito, terminan haciendo caer al conjunto de los Estados y a sus pueblos que viven en los mismos, en una telaraña de inmensurables proporciones de la que jamás se despegarán. Esa telaraña es el yugo capitalista. El rey de Francia trató de desquitarse de ese yugo batiéndose en duelo con el poder del dinero, con la detención sorpresiva de su mega ministro de finanzas Nicolás Fouquet, jefe de los tratantes, cabeza de la fuerza de la usura en Francia, responsable de la sangría de la Hacienda Pública representada por la monarquía francesa.

“Luis XIV” pág 75: “Luis ordenó que Fouquet -encarnación del poder del dinero- fuera encarcelado en lugar de ser expulsado y que fuese encerrado en una de las fortalezas más distantes e inaccesibles, sin que se le permitiera tener comunicación alguna. Sólo de esta manera podía reducir a la impotencia a un hombre como Fouquet, que tenía relaciones con toda la red del espionaje secreto y la intriga, dentro y fuera del reino.”

Cuando Belloc describe en “Luis XIV” el poder del dinero, habla del desarrollo de la banca en sus págs 160-163.

“El poder de un sistema bancario reside en tres factores: 1º está capacitado para procurar dinero sin la fiscalización del Estado y en cantidades limitadas solamente por los intereses y conveniencias de los propios banqueros, obteniendo dinero «de la nada». 2º es que este dinero no es una riqueza real, como lo es la tierra, la cosecha o el ganado, y, por lo tanto, puede ser transferido, expandido u ocultado sin dar cuenta a la autoridad soberana, que debiera gobernar a toda la sociedad. En otras palabras: un sistema bancario es un Estado dentro de otro Estado. 3º es que el capital bancario así creado «de la nada» es lo que se llama «líquido» y puede ser utilizado para cualquier propósito que el banco se proponga, llegando a dominar la industria a voluntad, limitando o concediendo créditos, controlando como prestamista las actividades de la comunidad y absorbiendo la riqueza de la misma mediante los intereses usurarios exigidos por los préstamos”

Basta esta explicación para saber de lo que se estaba librando Luis XIV al detener a Nicolás Fouquet y perseguir al resto de sus amigos banqueros. No era la primera vez que un monarca francés declaraba la guerra a la usura que sangraba e hipotecaba los ingresos del país. Los Templarios tuvieron el mismo destino.

Parecía que la fuerza de la usura había quedado limitada, recluida,doblegada y postergada tras el triunfo de Luis XIV sobre el poder del dinero, como, de forma similar, salvando las distancias tras el triunfo de la Unión Soviética sobre el capitalismo. Hasta los años 70 del siglo XX, los liberales eran un grupo de iluminados liderados por Hayek y von Mises, sólo hicieron mella en Milton Friedman y su escuela de Chicago y en la escuela Austriaca. Todo el mundo se reía de ellos, al mismo tiempo que todo el mundo aceptaba que no podía existir una riqueza superior personal a la de ningún Estado, de forma que se aceptaba la preeminencia superior de los ingresos de la comunidad sobre los del individuo. Hoy en día pasa todo lo contrario, vemos acrecentar las fortunas privadas, y como por los procedimientos anteriormente descritos, hoy mucho más sofisticados, esas fortunas privadas convertidas en plutocracia son capaces de asestar un golpe mortal a la comunidad absorbiendo sus recursos, y doblegándolas haciendo tabla rasa de todo principio democrático o autoridad pactada. El poder del dinero ha sido capaz de penetrar en todas las instituciones y sociedades, estableciendo auténticas redes clientelares como telarañas, de forma que los Estados y las supuestas democracias existentes se han convertido en pantomimas de un falso ejercicio democrático. El poder presidencial tanto de los sistemas monárquicos o republicanos vigentes han sido completamente doblegados a los intereses capitalistas, de forma que ya no rige, ni la voluntad o poder de un rey, o la voluntad del pueblo, sino los intereses de los plutócratas quienes tienen secuestrada la democracia y las instituciones vigentes en todos los países del orbe capitalista.

En la misma Unión Europea, la fuerza de la usura ha conseguido que la Troika capitalista gobierne sobre la voluntad democrática elegida por el pueblo griego, o se ponga de acuerdo con el nacionalismo español para negar los derechos de Catalunya a realizar un ejercicio libre de autodeterminación, porque pesa más la devolución de la Deuda Española, que siempre será posible y con mayor garantía, si Catalunya permanece en España. De manera que la fuerza de la Usura demuestra que NO existe la democracia, que es un señuelo en la práctica real donde las grandes corporaciones privadas, sobretodo las financieras, imponen su ley. Y todavía hay algunos, que ante semejante situación se niegan a la existencia del Estado.

Un Estado completamente postergado y sometido a los designios de la plutocracia capitalista, no es Estado, ni es nada, simplemente un instrumento al servicio de la clase dominante del mismo modo que lo fue la institución de la monarquía después de perder contra el poder del dinero. Cuando el Estado privatizó los sectores públicos estratégicos de la economía que rentaban ingresos públicos, los transformó en ingresos privados en manos de los plutócratas. Las políticas liberales, las ideas económicas neoliberales han propiciado, no sólo la venta de lo público, sino sus efectos, el engorde financiero de aquellos plutócratas que seguirán ejercicio tras ejercicio, prestando dinero al Estado, sumiéndolo en una deuda impagable, al objeto de hacer del Estado el cortijo oligárquico y aristocrático de esas familias plutócratas, lo implica el desamparo total y completo del pueblo.

El desamparo del pueblo queda reflejado en los recortes de gasto social, sobretodo en las partidas correspondientes a sanidad, pensiones y educación. No podemos ignorar la necesidad e importancia del Estado social. Para que haya Estado social, la monarquía o la república deben ser sociales, y ello implica el control del presupuesto público en manos de las necesidades del pueblo, de la gente, no en manos de la banca, ni de las grandes corporaciones.

La monarquía tiene que ser socialista, si no, no habrá monarquía. Una monarquía, baluarte del sistema capitalista, al servicio de la clase dominante, claramente plutócrata, que opera, no ya desde España, sino desde fuera, resulta completamente impresentable, y no sólo por ser de origen franquista.

Hilarie Belloc en su libro, “Carlos I de Inglaterra”, en la pág 69, afirma que el deber de la realeza es “la sujeción de los poderosos en interés de todos». En su libro “Luis XIV”, pág 15 vuelve a insistir en esta idea atribuida a Napoleón, que el mismo comparte: “La monarquía es la única institución descubierta por el hombre para someter el poder del dinero.”

Actualmente, solo las fuerzas políticas sinceramente de izquierdas, claramente socialistas, se han propuesto batirse en duelo con el poder financiero, tratando de dotar al Estado de sus antiguas competencias para doblegar los intereses plutócratas que someten los presupuestos públicos anuales bajo la amenaza constante de la Deuda Nacional. La Deuda Pública es el instrumento de dependencia por el cual las élites capitalistas someten a los pueblos, los países y las naciones, haciéndolas caer quedando enmarañadas en la telaraña impuesta por la fuerza de la usura. El nombre de la libertad, la democracia, la igualdad, los Valores en general, los Derechos Humanos, han caído presos, bajo el yugo de esta fuerza capitalista, quedando completamente vacíos. Cuando las instituciones humanas se doblegan ante el poder financiero no existe la democracia, solo el poder del dinero campando a sus anchas.

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