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Predictibilidad

Se dice de la cualidad de lo que es predecible. Viene de predecir, que es anunciar algo que va a suceder. Como se llega a la predicción es otra cosa.

Por Alfonso Durán Pich*

*Web del autor

Sometida a las exigencias del método científico, la predicción es un pronóstico que puede expresarse con un grado de probabilidad. Es lo que ocurre con la meteorología, donde se pronostican unas condiciones climáticas determinadas.

Predicción y planificación son conceptos muy distintos. La primera trabaja sólo con variables externas, en tanto que la segunda incorpora la voluntad de un sujeto activo. El planificador establece objetivos, describe estrategias para alcanzarlos y desarrolla planes de acción, con asignación de recursos, siempre tratando de ajustarse a los cambios del entorno.

Cuando los ciclos económicos eran largos y sostenidos, el futuro era relativamente previsible. Pero esto acabó hace ya mucho tiempo, hasta el extremo de que lo único que podemos asegurar es que el nivel de incertidumbre aumenta.

En Estados Unidos hay una tendencia a indexarlo todo, que en principio permite una lectura rápida de la evolución de cualquier fenómeno. Al mismo tiempo, el índice tiende a la simplificación y oculta los matices de lo estudiado.

Los profesores Steven J.Davis, de la universidad de Chicago, Nicholas Bloom, de Stanford y Scott Baker, de Northwestern, crearon años atrás un “índice de incertidumbre económica”. Primero lo aplicaron a su propio país y luego lo extendieron a otros países, como Japón, Alemania y Francia. No es un índice demasiado conocido y todavía menos tenido en cuenta, pero sigue calculándose mensualmente.

Desde el inicio de la presidencia de Donald Trump, el índice ha tenido un comportamiento errático. Las decisiones presidenciales son “impredecibles” y rompen con el modelo metodológico hasta ahora utilizado.

Hay que ver si el establishment le va a permitir un segundo mandato. El establishment, en cualquier país, es por naturaleza conservador. Y me estoy refiriendo en este caso a las formas, no a los contenidos ideológicos. Las próximas elecciones al Congreso norteamericano (noviembre 2018) pueden ser un indicador del estado de la situación, pero poca cosa más. La incógnita sólo podrá despejarse en las presidenciales (2020), cuando Trump, probablemente contra viento y marea (incluso contra la cúpula de su propio partido), trate de mover de nuevo el voto popular para conseguir ser reelegido, primero como candidato republicano y luego como Presidente.

Es sabido que los economistas acostumbran a errar en sus predicciones. Si siempre ha sido difícil visionar el futuro, la incorporación de la “variable Trump” lo complica todavía más. Yo si fuera de ellos, enterraría el índice. Aceptemos que el futuro es imprevisible. ¿O es que ya no nos acordamos de la incapacidad para predecir la gran crisis económico-financiera que todavía estamos viviendo?

El presidente Trump nos ha expulsado de nuestra “zona de confort”. Al margen de sus continuas “boutades”, deberíamos estarle agradecidos porque nos obliga a reaccionar. La coyuntura actual nos acerca a la concepción que Schumpeter tenía sobre la crisis como “destrucción creativa”, aunque lo más probable es que Donald Trump no haya leído nunca al economista austro-norteamericano, pese que a veces su concepción de la política tiene aromas schumpeterianos.

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