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Monseñor Romero será el abogado de El Salvador en el cielo

El 24 de marzo de 1980, un día después de que monseñor Óscar Arnulfo Romero denunció la muerte de decenas de campesinos en El Salvador y pidió el cese de la represión gubernamental, la mesa de la familia Chacón quedó lista para cenar con el sacerdote, contó a Sputnik Leonor Chacón, amiga cercana del prelado.

Pero Romero, quien será canonizado el domingo en el Vaticano, no llegó esa noche, pues en la tarde un escuadrón de la muerte de ultraderecha le disparó directo al corazón mientras oficiaba una misa en una capilla de un hospital en San Salvador.

“Él nos mandó decir que esa noche no venía pero mi mamá dijo que igual le preparáramos los frijolitos que le gustaban porque él siempre venía después de misa. Le arreglamos la mesa, teníamos todo listo y esperándolo cuando a las 18.30 llaman por teléfono y nos dicen que lo acababan de matar. No había nadie que no llorara”, dijo Chacón a esta agencia en una entrevista telefónica.

En sus últimos años, Romero se había convertido en la voz de los campesinos y los pobres, víctimas tanto de la represión de las fuerzas militares como de los movimientos de izquierda que se enfrentaban al Gobierno en la época previa a la sangrienta guerra civil salvadoreña (1980-1992).

Sus homilías eran seguidas atentamente por la población a través de la radio, pero también por la clase política y militar apoyada por EEUU, que se mostraba descontenta con las denuncias del sacerdote sobre la creciente violencia en el país centroamericano.

También la Iglesia, en el comienzo del papado de Juan Pablo II, había puesto distancia a las denuncias de asesinatos políticos en América Latina cometidos en enfrentamientos entre los gobiernos de derecha y movimientos de izquierda.

“Nunca nos dijo nada, nunca se quejó. Para él venir acá era como un oasis, venía a olvidarse de todo. Lo único que comentaba a veces era que la gente del campo a veces le contaba que la guardia (nacional) se llevaba a sus hijos y no aparecían. Él decía “¿cómo voy a quedarme callado? Tengo que decirlo” Y ese fue su delito, defender a los pobres, por eso lo mataron”, afirmó Chacón, ahora de 80 años.

Tras la guerra, en la que sucedieron otras matanzas como la de seis sacerdotes jesuitas en 1989 y que dejó unos 75.000 fallecidos, el pueblo salvadoreño siguió venerando a Romero y su devoción condujo a la beatificación del prelado en 2015, a quien el papa Francisco calificó como un “mártir”.

“Hoy estamos felices porque vamos a tener un santo por amigo, estamos con esa felicidad de que el domingo va a ser la canonización. Va a pasar a ser nuestro abogado en el cielo”, comentó Chacón.

ENTRE RISAS, VALSES Y AMENAZAS

La familia Chacón conoció al sacerdote en 1963 cuando, por entonces párroco en la capital salvadoreña, casó a Leonor con Raúl Romero, quien había sido su acólito desde pequeño y hasta la adolescencia.

Desde ese entonces, Romero visitó con frecuencia el hogar de los Chacón donde se sentía como de la familia, hacía chistes con el padre y las hermanas de Leonor y bailaba valses en la sala.

“Mi mamá era muy seria y no podía concebir que hiciéramos chistes con monseñor. Cuando ella se alejaba de la mesa él aprovechaba y le pedía a mi papá que le contara chistes. Era muy feliz con nosotros, decía que éramos su segunda familia”, recordó Leonor.

Pero la sombra de una tragedia estaba siempre presente en los meses previos a su muerte ya que Romero había sido objeto de amenazas públicas por sus denuncias.

En casa de los Chacón prefería no hablar sobre el tema, dijo Leonor, pero semanas antes de su asesinato dijo a periodistas una frase que quedó marcada en su historia: “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Un obispo morirá pero la iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”.

El 24 de marzo su cuerpo se desplomó tras el altar en medio de una misa a causa del disparo al corazón; miles de personas se despidieron del sacerdote durante los cinco días que su féretro estuvo en la catedral de San Salvador y millares lo acompañaron en el entierro.

La Comisión de la Verdad, un organismo independiente establecido por las Naciones Unidas tras el fin de la guerra civil, sostuvo en su informe final publicado en 1993 que el asesinato de Romero fue ordenado por el mayor Roberto D”Aubuisson, que encabezó personalmente la conformación de un escuadrón de la muerte, integrado por militares bajo sus órdenes, para cometer el crimen.

Otro ex militar acusado de haber sido el autor material fue indultado en 1993 por una ley de amnistía prevista en las negociaciones del proceso de paz.

Este domingo, Leonor Chacón verá el domingo la canonización de Romero en esa capilla donde el sacerdote perdió la vida, mientras miles seguirán la ceremonia en pantallas gigantes dispuestas en la capital para celebrar al primer santo de la nación.

Sputnik

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