El sismo en Baviera hace temblar a Europa

El epicentro del terremoto electoral estaba en la región alemana de Baviera, pero las sacudidas afectan a toda Europa. La debacle del partido aliado de Angela Merkel deja a la Canciller muy debilitada y es una mala noticia para la Unión Europea.

Por Luis Rivas*

«Derrota histórica de conservadores y socialistas». No es un titular de prensa; es la primera reacción del enemigo europeo número uno de Angela Merkel, el ministro del Interior y hombre fuerte del gobierno italiano, Matteo Salvini. Los nacional populistas de Europa esperaban una nueva bofetada electoral de la Canciller y se frotaban las manos con la coincidencia del batacazo de Merkel y la crisis en Francia, donde el presidente Emmanuel Macron, habitando en los abismos de los sondeos, lleva más de una semana intentando formar un nuevo gobierno. El eje ‘salvador’ de Europa tenía la consistencia de un hilo de algodón, lo que regocijaba a sus enemigos comunitarios.

Baviera, la región más rica de Alemania, donde se ubican las sedes de las principales empresas del país, va a vivir el fenómeno que se ha instalado en toda Europa: la fractura del electorado y la pérdida de apoyo a los partidos tradicionales. La Unión Cristiano-Social (CSU) llevaba décadas —con una pequeña excepción— monopolizando el poder en ese ‘land’. Aliado a nivel nacional con la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Angela Merkel y los socialdemócratas del SPD, obtienen en Baviera el peor resultado de su historia con un 37,3% de apoyo.

Los líderes del partido han reprochado a la Canciller durante los últimos años su política sobre inmigración. Baviera fue la puerta de entrada de cientos de miles de inmigrantes económicos y refugiados tras la política de ‘puertas abiertas’ decretada por Merkel en verano de 2015. No todos los aspirantes a asilo se quedaron en Baviera y el flujo se ha frenado desde entonces, pero, inevitablemente, el fenómeno se convirtió —como en el resto del país— en el principal argumento electoral.

Los responsables de la CSU sabían que el nuevo partido derechista Alternativa para Alemania (AfD) es la formación que devora los votos de los tradicionales partidos conservadores, y quisieron contrarrestar la fuerza del populismo de derechas intentando imitar su discurso. Así, Markus Söder, ministro Presidente de la región, denunció el «turismo de asilo». Su compañero de partido y ministro del Interior federal, Horst Seehofer, manifestó que «la inmigración era la madre de todos los problemas».

Horst Seehofer, ministro del Interior federal de Alemania y líder de la Unión Social Cristiana (CSU)

Horst Seehofer, ministro del Interior federal de Alemania y líder de la Unión Social Cristiana (CSU)

La CSU y el propio ministro Seehofer creen que la crisis que sufre la Canciller y las formaciones conservadoras se debe al corrimiento hacia el centro de las políticas aplicadas por Merkel y sus aliados socialdemócratas en Berlín. Y explican que la irrupción de los nacional populistas de ‘Alternativa para Alemania’ es la respuesta al espacio dejado por Merkel en la derecha del arco parlamentario.

Pero la derechización de la CSU no ha podido con el auge de AfD, que con un 10,6% de apoyo entra por primera vez en el parlamento regional y sigue así su implantación en todo el país, con su denuncia sistemática de la inmigración masiva y su ideario anti-islam.

Angela Merkel, criticada también dentro de su propio partido (CDU), padece la crisis de sus aliados en Baviera y ni siquiera le puede consolar que su ministro rebelde, Seehofer, pueda sufrir personalmente las consecuencias del fracaso electoral.

Los aliados socialdemócratas de Merkel en el Gobierno nacional también salieron duramente trasquilados en los comicios de Baviera. El SPD nunca ha tenido mucha relevancia en esta región, pero su 9% refleja una pérdida de más de la mitad de apoyo en las urnas en este estado. La izquierda pierde atractivo en Baviera donde los postcomunistas de Die Linke (La Izquierda), con solo un 3,5%, quedan fuera del parlamento de la región.

Futuro complicado para la Europa ‘liberal’

Los Verdes pueden cantar victoria en Baviera. Con un discurso alejado del asunto inmigratorio y centrado en el desarrollo sostenible y la conservación de la región, han robado los votos de una socialdemocracia aliada de Merkel en el Gobierno central y obligada a endurecer su posición sobre cuestiones de inmigración e identidad. Los ecologistas recogen los frutos de su alejamiento de posiciones fundamentalistas e izquierdistas y ocupan el espacio perdido en el centro por el SPD, al tiempo que roban algunos votos conservadores, descontentos con la radicalidad de la campaña de la CSU.

LA CSU, sin mayoría, deberá pues aliarse con el partido sorpresa de Baviera, los ‘Electores Libres’ (Freie Wahler), que con un 11,5% se convierten en la llave para la gobernabilidad. Este partido conservador es una formación regionalista contraria a la inmigración masiva y algo euroescéptica. A la CSU y FW se les podrían también sumar los liberales del FPD, que con su 5% vuelven al parlamento regional.

Una eventual alianza de la CSU con los socialdemócratas no tiene muchos visos de credibilidad. Tampoco una coalición con los Verdes, que no tienen ningún interés en aliarse con la derecha y preferirían jugar el papel de primer partido de la oposición, mientras esperan recuperar terreno a nivel nacional.

A finales de octubre, el estado de Hesse celebra también elecciones. Para Angela Merkel es otra prueba en el viacrucis que sufre comicio tras comicio. Las grietas dentro de su propio partido pueden obligarle a poner en liza su liderazgo, a pesar de su voluntad de no rendirse.

La debilidad de la Canciller en su país anima a sus enemigos europeos que, desde Roma, Budapest, Varsovia —o Atenas por diferentes motivos— tienen fijada la fecha de las elecciones europeas como la cita que certificará la emergencia del nacionalpopulismo como alternativa a la política que socialdemócratas y centroderecha han monopolizado desde hace décadas en el Viejo Continente. La pareja Merkel-Macron tiene pocos meses para frenar las esperanzas de las llamadas ‘democracias iliberales’. Debilitados en sus propios países, sus planes de renovación para la Unión Europea pierden fuelle sin atisbar un remedio-milagro a la vista.

*Sputnik

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