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EEUU, más dividido que nunca tras las elecciones

Las advertencias de Donald Trump y de Barack Obama, quienes indicaron que las recientes elecciones de medio término serían las de mayor impacto en la historia de EEUU, no se cumplieron.

Por Vicky Peláez*

Estados Unidos es uno de los países más contradictorios, depresivos y convulsos de cualquier otra tierra que exista en el mundo

(Sinclair Lewis, 1885-1951, Premio Nobel de Literatura)

No hubo odio en las boletas electorales, no se registró el repudio general hacia Trump, que tanto pronosticaron los demócratas, y la anhelada ‘ola azul’, preparada por los demócratas, no logró arrasar con los republicanos en el Congreso. Los opositores al actual Gobierno, entre los cuales se destacan como nunca mujeres jóvenes y minorías, ganaron la Cámara de Representantes, como sucede frecuentemente en la historia de las elecciones de medio término, pero a la vez los republicanos ampliaron su mayoría en el Senado.

Como dice la canción de Rubén Blades, “al final todo sigue igual”, pues los demócratas no aprendieron nada de su derrota en las elecciones presidenciales pasadas. Pueden odiar a Donald Trump, detestarlo, estar o no estar de acuerdo con su política, pero Trump continúa siendo Trump, y no sigue la lógica de un político, sino de un empresario.

Su electorado, calificado por Hillary Clinton de “canasta de deplorables, racistas, sexistas, xenofóbicos, islamofóbicos e irredimibles que no son América”, mostró durante esta contienda electoral su fidelidad al presidente aprobando su política migratoria y económica (Discurso de Hillary Clinton el 9 de septiembre 2016).

Los intentos demócratas de usar la ‘Conexión Rusa’, las advertencias del ‘Estado Profundo’ por medio de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) sobre la posibilidad de una intromisión rusa, china, iraní y norcoreana en las elecciones de mitad de mandato, no sirvieron para nada.

Tampoco fueron útiles las consignas anti-Trump, que proclamaban: “La ciencia es real, la vida de los afroamericanos es importante, ningún humano es ilegal, amor es amor, los derechos de la mujer son derechos humanos”.

Lo interesante de estas elecciones fue que, a pesar de que los republicanos perdieron su mayoría en la Casa de Representantes, la posición de Trump se solidificó dentro del Partido Republicano, porque muchos de los candidatos de esta formación que perdieron eran moderados y se oponían frecuentemente a la política del presidente.

Esto significa que Trump podría obtener mayor apoyo de los republicanos en la puesta en marcha de su agenda conservadora económica, política, y la de las relaciones internacionales para ‘Hacer Nuevamente Grande a Estados Unidos’. Los ciudadanos que les dieron en estas elecciones su voto a los republicanos, en realidad, mostraron su apoyo a Trump como un líder que no pertenece al ‘establishment’ (la clase dirigente). Igual sucedió con Andrew Jackson (1829-1837), Jimmy Carter (1977-1981) y Ronald Reagan (1981-1989).

Los votantes “deplorables” están identificados con la política antiinmigrante de Trump y perciben las caravanas de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos como un peligro para la seguridad social y económica de su país. Están influenciados también por los medios de comunicación afines a Trump, que transmiten permanentemente imágenes de caravanas con el propósito de infundir terror en sectores de la población que ya de por sí son antiinmigrantes.

Están de acuerdo con la iniciativa del presidente ‘Patriota Fiel’, que consiste en el envío de 5.000 soldados a la frontera de EEUU con México en Texas, Arizona y California, y el tendido de alambre de púas y la edificación de vallas en estas zonas fronterizas, algo que costaría al fisco alrededor de 400 millones de dólares.

Lo curioso de todo este ajetreo antiinmigrante en torno a las ‘Caravanas Migrantes’, que los demócratas están tratando de presentar como una política inhumana de Donald Trump, es que fueron precisamente ellos quienes deportaron más inmigrantes que los republicanos. Pocos se acuerdan de que Barack Obama, quien de repente se convirtió en un acérrimo defensor de las caravanas de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos y partidario de permitirles entrar en EEUU, batió el récord de deportación de los inmigrantes por los presidentes norteamericanos en los últimos 30 años, expulsando de EEUU cerca tres millones de indocumentados, según el Departamento de Seguridad Nacional (DSH).

Si tomamos en cuenta que la deportación de una persona cuesta al fisco 10.854 dólares, según el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), esto significaría que el Gobierno de Obama gastó cerca de 32.000 millones de dólares para expulsar a los indocumentados.

Ahora los demócratas se proclaman cínicamente los defensores de la inmigración, olvidándose de que el origen de las ‘Caravanas Migrantes’ se remonta a la presidencia de Bill Clinton, quien firmó una ley que facilitó la deportación de pandilleros de la Mara Salvatrucha (M-13), organización criminal considerada peor que Al Qaeda, a sus países de origen: El Salvador, Honduras y Guatemala.

Para refrescar la memoria, la M-13 nació en Los Ángeles con refugiados que huían de la ‘guerra sucia’ del presidente Reagan en El Salvador en la década de los 80.

Después de su deportación por parte del presidente Bill Clinton, los miembros de esta organización criminal convirtieron El Triángulo del Norte en un centro de violencia en Centroamérica de la cual están escapando ahora las ‘Caravanas de Migrantes’.
Tampoco es un secreto que los hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, quienes están huyendo de la violencia y de la crisis económica que están afectando sus países, están bien organizados, dirigidos y asistidos no solamente por ONG como Pueblos sin Fronteras, Humanity Ventures, Bend the Arc, de George Soros, y dirigidas por su hijo Alexander, sino también por las Naciones Unidas.

Uno de los prestigiosos bufetes de abogados de EEUU, Nexus Derechos Humanos, ya presentó una acusación contra Donald Trump por violación de la Quinta enmienda de la Constitución de EEUU en representación de 12 hondureños, seis de ellos niños.

Mientras la caravana avanza, los soldados de EEUU están ya en la frontera para prevenir la entrada de migrantes al país y Norteamérica sigue su curso sin cambiar nada con las elecciones intermedias, que en realidad fueron como un referéndum sobre Trump.

Otros temas de suma importancia, como la guerra y la paz, el empobrecimiento de los ciudadanos y la exagerada deuda federal estuvieron ausentes durante la contienda electoral. A los votantes y a los candidatos no les llamó la atención que actualmente las Fuerzas Armadas estadounidenses están participando en siete guerras en Afganistán, Siria, Irak, Somalia, Yemen, Libia y Níger. Durante la reciente conferencia en Brooking Institution (think tank liberal) aliado del ‘Estado Profundo’, el secretario asistente para asuntos relacionados con la Financiación del Terrorismo del Departamento del Tesoro de EEUU, Marshall Billingslea, habló sobre el ‘Proyecto del Orden Internacional y la Estrategia para Implantarlo’ (Brooking Institution, 24 de octubre 2018).

En su presentación, este estratega denunció a Venezuela, Cuba y Nicaragua como países que ponen en peligro el establecido Orden Internacional, amenazando el sistema financiero mundial y poniendo en peligro también la estabilidad regional en América Latina y Centroamérica. Para contener la ‘agresividad’ de estos países, Billingslea propuso utilizar el dinero, que es la sangre del sistema financiero, imponiendo sanciones a estos países. En realidad, este estratega siguió las pautas del asesor de seguridad nacional de Donald Trump, John Bolton, apodado ‘El príncipe de la oscuridad’, quien definió a estos tres países como ‘Troika de Tiranía’.

Según Bolton, “esta troika de tiranía, este triángulo de terror, se extiende desde La Habana a Managua y Caracas y representa una causa del sufrimiento humano inmenso, de la inestabilidad regional y una génesis de una sórdida cuna del comunismo en el hemisferio occidental”.

No obstante, de acuerdo a la conclusión de Bolton, esta troika pronto caerá: “Washington jamás aceptará la presencia de dictadores y déspotas cerca de nuestras costas en este hemisferio”. En otras palabras, Bolton está refiriéndose a la necesidad de seguir aplicando la vetusta Doctrina de Monroe: “América para los americanos”.

Quieran o no quieran reconocerlo los partidarios de Trump, la realidad demuestra que el actual presidente es también parte posible de un sector del ‘Estado Profundo’, y sus asesores, como Bolton, y miembros de su gabinete, como el secretario de Estado, Mike Pompeo, forman parte de ese círculo. Para distraer a la opinión pública de muchos problemas internos se inventan permanentemente problemas externos, con Rusia, China e Irán como principales blancos.

Sabiendo perfectamente que no podrán poner de rodillas al Kremlin, imponen por si acaso sanción tras sanción, tratando de provocar el descontento en Rusia, avivar su quinta columna y asustar a los rusos, rodeando su país con bases militares.

También Washington sigue igual que durante el Gobierno del demócrata Barack Obama, provocando a China, militar y comercialmente. Tampoco Trump, a instancias de Israel, puede soportar la soberanía y el orgullo iraní. Por eso crean un ambiente bélico alrededor del país. Es decir, toda su política exterior sigue siendo la misma en términos históricos diseñada por el ‘Gobierno Invisible’ desde los tiempos de Abraham Lincoln hasta el actual Donald Trump.

Mientras tanto, de acuerdo al informe ‘2018 Global Wealth Databook’, de Credit Suisse,  37 millones de estadounidenses (uno de cada siete) pertenecen al 10% de los más pobres del mundo. El estudio revela también que entre un 60% y un 78% de la población económicamente activa, es decir, aproximadamente 125 millones de personas, vive de un cheque de pago semanal al otro y la clase media está en un proceso ya constante de reducción.

Hasta ahora Trump y sus predecesores no han encontrado cómo detener esta tendencia, como tampoco saben cómo reducir la deuda federal que alcanzó este mes los 21,7 billones de dólares.

Da la impresión de que, tanto republicanos como demócratas, dedicaron todo su tiempo en el transcurso de este año, no a los problemas actuales internos del país, sino a los internacionales, para distraer así la atención de su pueblo y de la campaña electoral de medio término. Sin embargo, la intromisión en los problemas externos y la promoción de guerras hace aumentar los gastos y las elecciones, incluyendo las actuales, no solucionan ningún problema, sino que polarizan y dividen más al país.

*Sputnik

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