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Periodismo a debate

Este fin de semana la emblemática revista Proceso, tan reconocida históricamente por su posición crítica a actos de gobierno y que ha enfrentado vetos económicos como informativos, desplegó una primera plana en la que aparece de manera desdibujada la imagen de Andrés Manuel López Obrador y con un texto que dice: “AMLO se aísla” … “El fantasma del fracaso”…

Por Joel Hernández Santiago*

*jhsantiago@prodigy.net.mx

Que esta revista publique un encabezado de tal forma crítico es fuerte en sí mismo, como por ser la revista fundada por don Julio Scherer, padre de uno de los hombres más cercanos a  AMLO.

Esto hizo que se hicieran lecturas diversas del hecho periodístico y generó un escándalo mediático que va de la acusación a Proceso de estar vendido y de que está dando ‘bandazos’ o de quienes dicen que en la publicación se evidencia el fracaso ‘que ya es’ de AMLO… Por supuesto en las redes sociales, los usuarios se enfrascaron en una confrontación  entre los defensores del presidente electo como los que refieren a la revista como un emblema de libertad.

López Obrador entró al debate y acusó a Proceso de hacer periodismo amarillista y que en todo caso es parte de la Libertad de Expresión que él respeta mucho pero que dentro de esa libertad –advierte- hay  y habrá respuestas de gobierno: libertad desde las dos partes. Bien.

AMLO es y ha sido muy sensible a la crítica. Está en su derecho de contestar cuando considere que se vulnera la verdad de su trabajo público. Pero con frecuencia acude a la descalificación y a las etiquetas para advertir a sus seguidores quiénes son los malos periodistas, los periodistas “Fifí” como llama a quienes se atreven a criticar sus hechos aun cuando estén en el plano de la libertad responsable y no militante.

En febrero de este año, el analista político Jesús Silva-Herzog Márquez publicó el artículo “AMLO 3.0” en el diario Reforma. Ahí, escribió que López Obrador traicionó a Morena incluso antes de llegar al poder, y lo acusó de ser un oportunista por recibir en sus filas a políticos cuestionados.

El entonces candidato respondió en Twitter que Silva-Herzog Márquez es un articulista conservador, con apariencia de liberal. “Ni modo, son tiempos de enfrentar a la mafia del poder, a sus secuaces y articulistas conservadores con apariencia de liberales”. Luego, ante la cauda de críticas concluyó:”Si mis palabras ofenden, ofrezco disculpas”. Aun así más tarde calificaría al periódico Reforma de hacer periodismo “Fifí”.

La señal que mandó Proceso este fin de semana fue la de que seguiría su línea crítica de gobierno bajo toda circunstancia. José Gil Olmos publicó en redes: “Don Julio Scherer fue quien dictó la línea que sostiene a Proceso: periodismo sin concesiones, la cual mantiene a pesar de los pesares”.

Por supuesto, hay periodistas y analistas políticos con intereses particulares, que se han decantado de forma extrema en contra de toda acción pública de AMLO y de su ‘forma de gobierno’ aunque aún no asume la responsabilidad constitucional de ser presidente de México. Muchos de estos analistas han consagrado sus ideas para desactivar lo que aún no es, aunque dicen que perciben indicios de lo que será, según ven a lo largo de estos interminables cinco meses de interregno.

También los hay que asumen la responsabilidad seria de analizar el hecho cotidiano y señalar errores entre lo prometido, lo que se configura como futuro gobierno y en base al interés nacional. Periodismo crítico, serio, no militante y sin agenda personal.

Análisis crítico que proviene de una facultad única en el periodismo: la libertad y la independencia para señalar la res pública en sus contradicciones. Mientras que quién lo hace con el interés malsano de apoyar a los adversarios de gobierno, políticos y de grupos económicos, actúan en detrimento de su propia dignidad como informadores y analistas…

Quien lo hace para aplaudir y lanzar diatribas en contra de quien se atreve a hacer observaciones críticas sin más compromiso que con el público y con el país y su gente –toda-, actúan de forma dogmática y hacen un periodismo del tipo militante que tiene en sí mismo sus propios intereses laborales o de interés político o burocrático…

Y en muchos casos subyace una especie de fanatismo casi religioso e intolerancia de quienes aplauden todo-todo lo que hace y dice AMLO y enfrentan a quienes ven errores y contradicciones en algunos destellos del futuro gobierno. El gobierno de un solo hombre.

Pero la libertad de expresión va más allá de todo esto; se nutre, precisamente, de libertad, de independencia y de justo apego a la verdad sustentada: es la regla de oro.

Muchos-millones, queremos que el país cambie, sí; que haya justicia social, que no haya corrupción, que no haya impunidad, que la igualdad social sea una realidad y no una entelequia; que todo esté cumplido para todos, en especial para quienes han sido marginados y viven en pobreza y quebranto. Todo esto es cierto y muchos lo queremos…

Pero también queremos un periodismo así dicho: independiente, justo, crítico, socialmente responsable y sin ambiciones de poder más allá que el que emana de esa misma libertad de expresión. Y en los hechos de gobierno nunca aplaudidor, sí crítico de lo mal hecho y dañino para el país y su gente.

Si los seguidores de AMLO ven aun en este periodismo al enemigo a vencer, entonces se estarán dando un golpe bajo a sí mismos, porque lo único que no se pude perder ni deberá perderse es la libertad de expresión seria, responsable y única. La militancia y el dogmatismo son propios dela propaganda y la ambición de poder en sí misma, y es dañina y mortal para toda democracia.

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