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Macron utiliza el Armisticio de 1918 para designar a sus enemigos

Erigirse en mensajero de la paz no es criticable, pero atizar la crispación entre naciones y designar a los culpables de todos los males del mundo es una simple maniobra política para favorecer intereses propios. Emmanuel ha aprovechado la celebración del Armisticio de 1918 para señalar a sus enemigos.

Por Luis Rivas*

Reunir a más de sesenta líderes mundiales bajo un “Foro de la Paz” puede ser un empeño ejemplar, pero cuando en ese foro se aprovecha para lanzar mensajes contra sus propios socios europeos o sus aliados internacionales, la reunión se convierte en un elemento más de la campaña electoral que el presidente francés prepara para las elecciones europeas y en otra maniobra de su estrategia para intentar apaciguar la ira de sus propios ciudadanos, cansados de esperar los resultados de las reformas y saturados de aumentos de impuestos.

Por supuesto, poner la memoria histórica al servicio de intereses políticos actuales no es monopolio de Macron, pero hacer paralelismos de la situación europea y mundial actual con las del pasado es muy delicado. Interpretar la historia para la utilización ideológica particular, ante el temor a unos comicios, es falsificar esa misma historia.

El presidente francés se enfrenta en seis meses a su primer plebiscito popular en las elecciones al Parlamento Europeo. Nunca una cita electoral europea había tenido tanto valor como la del próximo mayo. Por eso, la celebración de la firma de la paz de 1918 era para Macron una tribuna internacional muy adecuada para hacer campaña.

Macron no ha dudado en aprovechar la conmemoración del armisticio de 1918 para hacer paralelismos entre la situación de Europa de entreguerras y la actual: “Vemos casi metódicamente reproducirse todo lo que marcó la vida en Europa desde el fin de la Primer Guerra Mundial hasta el año 29”. Dicho en otras palabras, lo que él mismo ya calificó como “la lepra nacionalista” o la “soberanía europea sacudida por potencias extranjeras”….

LA BATALLA DE EUROPA

En su doble mensaje europeo e internacional- Macron ha comparado implícitamente a Viktor Orban y Matteo Salvini con Hitler o Mussolini. En su campaña electoral para las europeas ya eligió a los políticos húngaro e italiano como sus principales enemigos. Pero recuperar políticamente el pasado convirtiendo el debate actual en un mensaje maniqueo y simplista no es garantía de éxito. Hacer diferencias entre patriotas y nacionalistas, “progresistas buenos” y los “malos” de la película europea, los nacionalpopulistas, se contradice con el empeño en avanzar hacia la paz.

A nivel interno, su principal rival es Marine Le Pen, jefa del partido Reagrupación Nacional, a la que Macron considera aliada con las tesis del gobierno italiano. El antiguo Frente Nacional es el favorito en Francia para las elecciones europeas. Macron cuenta además con un hándicap importante ante esa cita: su partido, La República en Marcha (LREM) es la primera vez que se presenta en el Viejo Continente y no tiene, por tanto, representación en el actual Parlamento de Estrasburgo. Por eso busca desesperadamente cobijo en una de las grandes formaciones europeas. Con el Partido Popular, donde convive el partido de su aliada, Angela Merkel, y su “enemigo” Orban, es imposible unirse. Con el grupo socialista, tampoco. Le queda a LREM asociarse con los liberales europeos, aunque de momento el pacto no se haya hecho efectivo.

En su afán por ligar el pasado con su propio futuro, la “macronía” no ha dudado tampoco en utilizar un dato que, siendo espectacular y gravísimo, podría haber sido anunciado antes o después de esta conmemoración, con la atención y preocupación que merece, fuera de su utilización política coyuntural. Se trata del aumento en un 69 por ciento de los actos antijudíos en Francia desde primeros de año.

El anuncio del primer ministro, Edouard Philippe, se hizo, como no podía ser de otra manera, el día que se celebraba en Alemania el aniversario de la “Kristallnacht”, la “Noche de los cristales rotos”, que se identifica como el pogromo que marca el inicio de la campaña de exterminación de judíos planificada por Hitler. En el original comunicado de jefe del ejecutivo se podía leer que “cada acto antisemita en suelo francés resuena como un cristal roto”.

MILITARES, SIN HOMENAJE

El hecho histórico que el presidente francés prefirió esconder fue, precisamente la derrota y la capitulación del Ejército alemán en 1918. Ante el estupor de algunos uniformados franceses, la Francia de 2018 prefiere conmemorar “la reconciliación” y dejar sin homenaje a sus militares, que debieron celebrar aislados del público y la prensa el homenaje a los mariscales de la Primera Guerra Mundial, en el recinto cerrado de Los Inválidos. Según algunas fuentes, no hubiera sido del agrado de la Canciller alemana asistir al desfile de la victoria de un ejército heredero del victorioso en 1918. Puede entenderse la decisión, pero siempre en el contexto del futuro político de Macron, que él identifica como el de la “Europa progresista”.

La visita a Compiegne era el plato fuerte de las conmemoraciones del Armisticio. Macron y Merkel dejaron de lado sus últimos desencuentros, como las críticas francesas a la suspensión de la venta de armas alemanas a Arabia Saudí, y el desvanecimiento de los tímidos avances alcanzados por los dos gobiernos en la cumbre de Messeberg, en junio, sobre convergencia fiscal, el presupuesto europeo o la aplicación de un impuesto a los gigantes mundiales de la industria digital. La Canciller tampoco aprueba la estrategia macroniana de enfrentamiento entre “progresistas” y “nacionalistas” en la UE.

La firma del libro de oro en el vagón de tren que era una réplica del utilizado para sellar la paz de 1918 y también la capitulación ante Hitler, en 1940, fue una imagen emocionante, pero no es seguro que ayude a hacer avanzar a la hasta hace poco llamada locomotora europea. Las cuatro decepciones electorales consecutivas de Angela Merkel y sus aliados socialcristianos tras su gestión de la crisis migratoria han empujado a la jefa de Gobierno alemana a iniciar su desenganche del tren continental y a dejar a Macron huérfano de aliados poderosos en una Unión Europea dividida más que nunca.

Además de una amiga y aliada que pierde fuelle electoral, el presidente francés era también anfitrión de otro líder reforzado en las urnas, convertido para París en el aliado menos fiable y más criticable.

TRUMP, INVITADO MOLESTO

La mezcla y el ritmo frenético de mensajes macronianos en los últimos días también afectó a su encuentro de Donald Trump. El mandatario norteamericano consideró ofensivas las palabras de Macron sobre la necesidad de dotarse de un ejército europeo que proteja a la UE de China, Rusia, “e, incluso, Estados Unidos”. El Elíseo quiso arreglar el desaguisado subrayando que Macron se refería “al ciberespacio”. Tras su encuentro en el palacio presidencial, Macron fue mucho más allá en la maniobra de marcha atrás y señaló que estaba de acuerdo con Estados Unidos en compartir la carga de la defensa europea de manera más equilibrada, hablando incluso de llegar al 2% del PIB en la inversión sobre armamento, como demanda la OTAN.

En momentos de conmemoración de un conflicto, y más se si invita al presidente de un país que ha colaborado en dos ocasiones en la liberación de Francia, parece poco elegante sacar a relucir un debate que deja de lado la memoria de los miles de soldados norteamericanos enterrados en suelo francés. Por mucho que se pueda disentir con la política de Trump, el inquilino de la Casa Blanca estaba estos días en Francia como representante de esos uniformados que murieron combatiendo al otro lado del Atlántico. Macron acompañó a May y, por supuesto, a Merkel en la visita a cementerios o lugares de memoria, pero dejó solo a Trump en su homenaje en los cementerios de norteamericanos.

Para Macron, el recuerdo del armisticio era también el momento de “recordar el lugar particular de Francia en el mundo para promover el multilateralismo”. Otro mensaje de discordancia con su aliado norteamericano. París insiste en la crítica al unilateralismo trumpiano, y aprovecha para resaltar la desvinculación de Washington con el tratado de medio ambiente firmado en París, la salida de Estados Unidos del acuerdo firmado con Irán y las medidas de protección comercial adoptadas por Donald Trump.

Críticas legítimas, pero quizá no apropiadas en el momento en que se celebra el recuerdo a millones de muertos. Blandir el temor a una nueva guerra por intereses particulares no es un gesto que merezca pasar a la historia.

*Sputnik

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