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Gran avance en el desarrollo de los misiles rusos, garantes del equilibrio global

El 2018 puede llamarse año de los misiles rusos, opina Mijaíl Bolshakov, columnista del diario ruso Vzglyad. Se sacaron a la luz varios nuevos sistemas de misiles que ya están en servicio o pronto llegarán al Ejército. El periodista analiza por qué estas armas son capaces de cambiar el equilibrio de fuerzas en el mundo a favor de Rusia.
S-500, ‘dos en uno’

El nombre oficial del nuevo sistema de misiles antiaéreo ruso es el S-500 Prometei. Representa un desarrollo cualitativo de los legendarios S-300 y S-400.

La mayoría de las características del novedoso sistema todavía permanecen desconocidas. Sin embargo, ya se sabe que el Prometei será capaz de atacar los blancos a una altura de 95-97 kilómetros —inalcanzables para otros sistemas existentes—. Esto significa que el sistema podrá no solo contrarrestar misiles de crucero y aviones del enemigo, sino interceptar ojivas de misiles balísticos fuera de la atmósfera.

Además, los misiles S-500 de ojivas maniobrables y sus propias estaciones de radar se pueden usar para destruir objetivos espaciales con un ataque cinético a una altura de 200 km, en la zona de movimiento de los bloques de combate de ICBM y misiles de alcance medio. Es una combinación de un sistema de defensa antiaérea con uno antimisiles. Además, es un sistema capaz de atacar misiles balísticos en la parte más vulnerable: el tramo de aceleración antes de que se separen las ojivas y se liberen los objetivos falsos.

El sistema puede interceptar de forma independiente los misiles balísticos de alcance intermedio de hasta 3.500 km. Además, la altura de la zona efectiva de destrucción le permite derribar satélites de reconocimiento en el espacio cercano.

Estas capacidades del S-500 lo sitúan en un nivel fundamentalmente más alto en comparación con los sistemas de defensa aérea fabricados en otros países. Prometei brinda la oportunidad de defenderse de todas las amenazas derivadas de la violación del equilibrio de misiles que surgió como resultado de los planes de EEUU de retirarse del Tratado INF, observa el columnista de Vzglyad.

Kinzhal y Tsirkon, monstruos capaces de burlar cualquier defensa de misiles

En un futuro cercano, el Ejército ruso, las Fuerzas Aeroespaciales y la Armada recibirán dos novedades hipersónicas a la vez: el Kinzhal Kh-47M2 y el misil naval antibuque Tsirkon 3M22.

El misil Kinzhal puede atacar con alta precisión tanto los objetivos terrestres como las grandes naves de superficie del enemigo: portaviones, cruceros, destructores y fragatas. Según la Corporación de Aeronaves Unidas, el Kinzhal es una versión modificada del misil balístico del sistema Iskander adaptada para lanzarse desde bombarderos Tu-22M3 y cazas MiG-31K.

Los aviones modernizados para lanzar este misil, en realidad, sirven como su primera etapa, lanzándolo fuera de las densas capas de la atmósfera en altitudes de 12.000 a 15.000 metros. El vuelo independiente del misil se realiza en el límite de la estratosfera para evitar una resistencia significativa al aire, lo que lo hace inaccesible para los sistemas de defensa antiaérea convencionales.

Además, se solucionó la tarea de crear un motor hipersónico de reacción. Así el Tsirkon se convierte en el primer misil de crucero hipersónico en serie del mundo. Debido a estas innovaciones técnicas, el Tsirkon puede reemplazar a los misiles antiaéreos supersónicos P-800 Onix y Kalibr 3M54.

Con la llegada del Tsirkon, la presencia de los grupos de portaviones de un potencial enemigo cerca de las costas rusas se convierte en pura aventura: estos misiles los destruirían en menos de diez minutos desde una distancia de 1000 km, advierte Bolshakov.

Sarmat para reemplazar a Satana

Debido al deterioro de las relaciones ruso-ucranianas, el fabricante del misil Satana, Yuzhmash de Dniepropetrovsk, se negó a prestar el servicio de garantía para los sistemas.

Entonces, Rusia desarrolló el Sarmat. Su alcance tiene dos modos: de 16.000 km con una carga útil de 5 toneladas y de 9.000-10.000 km con una carga útil de 10 toneladas. Este alcance permite lanzar el nuevo Sarmat desde las profundidades del territorio ruso, lo que hace que su intercepción en el tramo activo sea prácticamente imposible.

Los misiles balísticos ​pesados ​son un ‘dolor de cabeza’ de cualquier sistema de defensa antimisiles. Un misil tan potente puede llevar a la trayectoria balística no solo un impresionante número de ojivas separables, sino también objetivos falsos, interceptores, silenciadores de señales de satélites y radares antimisiles.

Además, las ojivas de Sarmat pueden ingresar a una trayectoria suborbital  implementando el concepto de ataque global: las ojivas van al objetivo por una trayectoria algo más corta que una órbita circular, avanzando hacia el enemigo desde una dirección inesperada.

Las unidades hipersónicas de Sarmat están diseñadas para un largo vuelo en la atmósfera. Se controlan en los tres planos con la ayuda de un estabilizador y volantes aerodinámicos. Fuera de la atmósfera, la maniobra se efectúa por una unidad de propulsión impulsada por dióxido de carbono licuado. Todo esto hace que el vuelo sea completamente impredecible y le permita burlar cualquier sistema de defensa de misiles.

Incluso uno de los misiles mencionados sería suficiente para garantizar la capacidad de defensa global de Rusia. Pero en 2018, en el arsenal de las Fuerzas Armadas Rusas, aparecieron cuatro desarrollos únicos a la vez, cada uno de los cuales es capaz de mantener un equilibrio de poder en el mundo, lo que, curiosamente, siempre ha sido un equilibrio para lograr una paz duradera en las relaciones entre las superpotencias, concluye Bolshakov.

Sputnik

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