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Estos movimientos políticos serán un dolor de cabeza para AMLO

Zapatistas, guerrillas marxistas, policías comunitarias, autodefensas armadas, anarquistas insurreccionalistas y más de 500 luchas territoriales conforman un paisaje heterogéneo de conflictos latentes en México. Sputnik conversó con Laura Castellanos, autora del libro ‘Crónica de un país embozado’, en el que los explica.

Por Eliana Gilet*

El 1 de enero es una fecha que resuena en América Latina por múltiples razones históricas y políticas. Dentro del movimiento popular mexicano, es la fecha que eligió el Movimiento Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) para declararle la guerra al Estado en 1994.

Este 2019, a 25 años de aquel momento público fundacional que dio un giro a la historia reciente del país el mismo día que entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el comunicado que los Zapatistas hicieron público desde Chiapas, anunció su rechazo y resistencia a los principales proyectos del presidente Andrés Manuel López Obrador.

«Vamos a enfrentar, no vamos a permitir que pase aquí ése su proyecto de destrucción, no le tenemos miedo a su Guardia Nacional que lo cambió de nombre para no decir Ejército, que son los mismos, lo sabemos.

Vamos a defender lo que hemos construido y que lo estamos demostrándole al pueblo de México y del mundo que somos nosotros los que estamos construyendo, mujeres y hombres, no vamos a permitir a que vengan a destruirnos ¿O sí?», dijo la comandancia Zapatista, por medio del subcomandante insurgente Moisés.

«La voz y la experiencia del Zapatismo tiene un significado particular porque de muchas maneras ha marcado la manera de hacer política en las luchas sociales en los últimos 25 años, pero tiene una posición distinta a las otras», dijo a Sputnik Laura Castellanos, periodista y autora del libro ‘Crónica de un país embozado‘ de reciente edición.

Castellanos explicó que el EZLN no ha dejado de tener activismo político por medio de comunicados y actividades, pero sobre todo «el ejercicio de su autonomía es la más clara evidencia de su manera de hacer política transgresora y antisistémica».

Luego de su alzamiento en 1994, el movimiento logró que se realizaran los «diálogos de San Andrés» de los que participaron representantes de todos los pueblos originarios de México (algo inédito hasta el momento) junto a representantes del Gobierno.

«Los acuerdos de San Andrés tienen un significado especial porque legalizan constitucionalmente el derecho de las comunidades a la consulta sobre sus territorios. Si eso se hubiera aprobado en 2001, no tendríamos a lo largo del siglo XXI un país que es una gran concesión para las trasnacionales. México es una gran concesión, en su territorio hay más de 25.000 concesiones mineras», sostuvo la entrevistada.

Explicó que la ley minera fue una de las reformas legales que ha provocado mayor cantidad de conflictos comunitarios en oposición en el país, aunque también hay resistencia a megaproyectos hidroeléctricos, eólicos y turísticos que utilizan bienes naturales o causan despojo del territorio a las comunidades locales. El académico de la UNAM Víctor Toledo contó 500 conflictos publicados por el periódico La Jornada, pero para Castellanos el número es superior.

«Si bien por un lado López Obrador ha mostrado simpatía por los acuerdos de San Andrés durante su campaña, en realidad está impulsando megaproyectos como el Tren Maya o el del Istmo de Tehuantepec con fines turísticos, sin haber hecho antes un proceso de consulta y de inclusión de las comunidades indígenas para la concreción de estos proyectos. Eso en el escenario va a provocar conflictos comunitarios», analizó Castellanos.

La periodista dedicó parte de su trabajo a las otras manifestaciones activas en México en las dos últimas décadas: las guerrillas armadas marxistas, las autodefensas y los anarquistas insurreccionales.

«Durante el sexenio de Peña Nieto hubo autodefensas que hicieron presencia en por lo menos 22 estados del país», detalló, aunque aclaró que eso no significa que actualmente todas estén activas, lo que no impide que hayan sido «una manifestación de la crisis del sistema de Seguridad y del sistema de Justicia. Visibilizando la violencia organizada que involucra tanto a agentes del Estado, a criminales, iniciativa privada, paraestatales por razones de colusión o de corrupción».

A diferencia de expresiones como el Ejército Popular Revolucionario o su escisión que fundó el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente que «son focos guerrilleros marxistas leninistas con raíz en los años 70 y buscan la toma del poder en su oposición ideológica y sobre todo el Ejército Popular Revolucionario (EPR), de guerra popular prolongada».

El Ejército Zapatista, en cambio, no busca la toma del poder. Los anarquistas también son parte del libro e involucran a una generación más joven, pero que ha encontrado en la organización radical una salida a una situación difícil y violenta que ha permeado la vida política mexicana.

«Todos estos conflictos tienen posiciones ideológicas, orígenes, formas de organización diversas pero si hay algo en que tienen en común es que trascienden las coyunturas electorales. No están confrontándose contra un partido político en específico, están confrontando realidades estructurales», concluyó.

*Sputnik

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